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ROV 2-0 LUD

El Levante baja a la tierra

Real Oviedo: Juan Carlos, David, Susaeta (Nando, min 76), Michu, Linares (Erice, min 75), Pereira (Vila, min 85). Verdés, Torró, Fernández, Christian y David Rocha.

Levante UD: Raúl, Toño, Lerma (Espimosa, min 80), Roger, Morales, Postigo, Chema, Pedro López (Rubén, min 70), Insa (Casadesús, min 64), Jason y Campaña.

Árbitro: Arias López. Comité Cántabro. Mostró cartulina amarilla a Linares, Christian, David Rocha, Lerma, Chema, Casadesús.

Goles: Goles: 1-0. Michu. 2-0. Pereira.

Quizás no haya peor mal, cuando tratas de aferrarte a la vida en la disciplina del fútbol, que caer víctima de la desesperanza. Algo así pareció sucederle al Levante en el Estadio Carlos Tartiere en la fase definitiva de una confrontación que reunía a dos entidades que guardan ciertas similitudes en función de sus ambiciones, planteamientos y sueños en el marco de LaLiga 1|2|3. Desde esa perspectiva, las dianas conquistada por Michu y Jonathan Pereira se convertían en una seria amenaza para la estabilidad granota. Los tantos erigían un muro del todo infranqueable. El tiempo avanzaba a una velocidad de vértigo en dirección hacia su ocaso definitivo. Y nada parecía presagiar una variación sustancial de los acontecimientos gestados. Ni tan siquiera un zapatazo envenenado e impetuoso de Jason, desde el borde del área, que podría haber servido para recuperar la fe y la autoestima azulgrana, que chocó con la bota de un defensor cuando el arquero ya parecía totalmente vencido. El Oviedo pareció engullir al Levante en ese instante del enfrentamiento. Cada gol provocaba una herida más profunda. La melancolía embargó a un grupo, que no obstante, tiró de orgullo y de raza, dos aspectos que son innegociables en su vademécum, para tratar de retomar el mando de un encuentro que ya se marchaba.

El Levante bajó a la tierra en Oviedo. En el coliseo asturiano perdió el aura de deidad que le acariciaba para volverse terrenal después de cumplimentar un ciclo tan impoluto como primoroso que le llevó hasta la cúpula de la clasificación general. Y su luz sigue alumbrando con fuerza y sirviendo de guía al resto. Quizás esta derrota, la segunda del curso, permita dimensionar los hechos conseguidos hasta el tiempo presente por el grupo que conduce López Muñiz desde el banquillo. Nadie advirtió que el camino escogido fuera diáfano y que el cielo siempre estuviera azul y claro. La complejidad forma parte de las singularidades que caracterizan a la división y el nivel de exigencia es caudaloso y aumenta conforme se suceden las semanas. En ese sentido, el duelo ante el Oviedo demostró que cada enfrentamiento conlleva una prueba que nada tiene que ver con todo lo acontecido con anterioridad sobre el interior de la superficie del verde.

La competición conlleva una capacidad de reinvención absoluta. Son sus leyes y solo aquellos capaces de asumir su contenido sobreviven. Tocaba la línea de medios granotas con criterio tratando de ensanchar los márgenes del campo para enlazar con Morales y Jason. Los partidos para el Levante comienzan a adquirir una sospecha; la condición de local o de foráneo no parece determinante para sus rivales. Como norma se trata de realizar una emboscada con el fin de confundir a los jugadores azulgranas. Durante muchos minutos el Oviedo sobrevivió avituallándose de lo errores granotas. El equipo de Hierro estrechó el verde con dos líneas muy marcadas y acentuadas con la finalidad de neutralizar el caudal de juego granota. El Oviedo acumulaba infinidad de jugadores en la medular. Hasta nueve se aposentaban por detrás del círculo central esperando que se manifestara su oponente. La primera premisa era mantener el orden y desde ese orden, que parecía infinito, partir hacia los dominios de Raúl. El Levante rasgaba los costados, aunque quizás le faltaba precisión en los centros dirigidos al corazón del área local. No obstante, descargó Susaeta un detonante que se estrelló en el palo de Raúl. En realidad, fue la primera ofensiva azulona.

El Levante mantenía el ascendente sobre el encuentro, pero su interpretación no se materializó en acciones claras de gol. El choque se desordenó en la reanudación y de esa tendencia se beneficióel Oviedo, básicamente porque cuenta con un jugador curtido en mil batallas que decidió agitar el enfrentamiento. Se llama Pereira. El punta encontró una rendija en la zaga para asomar al balcón del área. Se acomodó el cuero y se enfrentó a Raúl. El rechace posterior concluyó con la diana de Michu. Pereira decidió que era el momento más oportuno para adquirir protagonismo. Es un futbolista difícil de detectar. Embozado se infiltró entre líneas de puntillas, sin apenas hacer ruido, y aprovechó un balónen profundidad para cambiar el sentido de la jugada sobre la marcha. Fue un toque evanescente. El esférico llovió del cielo para alojarse en el fondo del marco azulgrana ante la mirada de Chema. Quizás el zaguero estuviera maldiciendo su suerte después de rozar la igualada apenas un minuto antes tras un pase de Roger que no pudo concretar.

Real Oviedo Carlos Tartiere LaLiga 1|2|3
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