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LUD 1-3 RSO

El Levante pierde en los minutos finales una victoria que acariciaba

Levante UD: Oier; Róber, Postigo, Chema; Jason (Simon, 91'), Campaña, Prcic (Roger Martí, 84'), Bardhi; Boateng, Morales, Mayoral (Coke, 77').

Real Sociedad: Moyá; Elustondo, Llorente, Héctor Moreno; Gorosabel (Zurutuza, 46'), Zubeldia (Juanmi, 56'), Illarramendi, Theo Hernández; Januzaj, Oyarzábal; Willian Jose

Árbitro: Medié Jiménez (catalán). TA: Boateng (13'), Chema (24'), Morales (49'), Bardhi (65'), Oier (88') / Illarramendi (53').

Goles: 1-0 M. 3 Chema. 1-1 M. 72 Theo Hernández. 1-2 M. 77 Juanmi. 1-3 M. 83 Oyarzábal.

Sucede en infinidad de ocasiones en la disciplina del balompié; los partidos resultan susceptibles de experimentar una mutación mayúscula para cambiar su signo de manera más que abrupta. Algo similar sucedió sobre el verde del coqueto Ciutat de València. El Levante sentía el cosquilleo que destila un triunfo que no parecía estar entre signos de interrogación, pese a la exigüidad del marcador. El luminoso atravesaba la frontera con el minuto setenta y no había excesivas noticias del grupo que conduce Asier Garitano. Oier prácticamente no había aparecido. La escuadra realista ni tan siquiera había ajustado el perímetro en los diferentes disparos efectuados sobre la portería defendida por el cancerbero levantinista. La noticia era excelente y resaltaba la contundencia y la exactitud de un equipo gremial en el desarrollo del trabajo colectivo. El Levante resistía con coraje. Mantenía a la Real alejada de su entorno más inmediato para defender el gol conseguido por Chema en el amanecer de la confrontación. Todo parecía estar bajo control, pero el fútbol resulta incontrolable e indescifrable en sus manifestaciones. La afirmación no es gratuita a la vista de los hechos que se sucedieron en los estertores de la confrontación.


La inmensidad de la noche, con los miedos que genera la oscuridad, se cernió sobre el feudo azulgrana para engullir al bloque que prepara Paco López. Theo cambió el destino de un duelo de signo monocromático hasta entonces. El Levante tuvo destellos de brillantez durante el transcurso del enfrentamiento ante la Real Sociedad, pero acabó penando ante la virulencia del resultado. Son las paradojas de la disciplina. El equipo granota exhibió sus credenciales y fue perspicaz y batallador, pero olvidó cerrar el partido con silicona cuando pudo hacerlo. Y en el universo de la máxima categoría no hay espacios para las lamentaciones. Aunque no sea justo, ante la vastedad del esfuerzo propuesto por el bloque azulgrana, en el fútbol no hay heroicidad sin victorias. El gol de Theo determinó un viraje sustancial del paisaje que se había desarrollado hasta ese instante. De la sucesión de golpes en la secuencia posterior salió herido y magullado el Levante. Juanmi y Oyarzabal macharon a un grupo que perdió la autoestima de forma súbita y prácticamente sin entender las causas que le llevaron a conjugar con la derrota.

La amenaza del Levante fue real y no se hizo esperar. Apenas tres minutos bastaron para rasgar la confrontación. Bardhi bailó un vals ante los jugadores rivales. El atacante acarició el balón en un juego de prestidigitador. El cuero llegó hasta las inmediaciones del área. Por allí pasada Chema para dejar plantado a Moya. En el camino hacia el gol el balón contó con la complicidad de chocar contra un defensor rival. Hay partidos que se ganan desde las profundidades del vestuario. Parecía el caso ante la interpretación del duelo por parte granota. El Levante acogotó a una Real cándida. Paco López reclamó intensidad y vértigo en la charla definitiva antes de entrar en acción. Era una cuestión que acentuaba la vertiente anímica con el fin de enganchar a la masa social. La grada respondía la demostración de fútbol de sus jugadores.

La personalidad que hace reconocible al Levante sobre el campo se manifestaba. Borja Mayoral, una de las novedades, mostraba una movilidad estratosférica. El atacante era el socio que todos sus compañeros buscaban. A su lado Boateng se rompía la cara ante los defensores vascos. Los centrales blanquiazules mostraban dudas. Unos metros por detrás el orden jerárquico dela retaguardia azulgrana inhabilitaba a su adversario. La Real buscaba el cuero y la posesión, pero siempre veía a Oier desde la lejanía. Durante el primer acto nadie intimidó al arquero de Irún. Y nada pareció virar en la reanudación, aunque Garitano reconstruyó tácticamente a su equipo para regresar a una defensa de cuatro. Bardhi hizo el silencia en un lanzamiento que chocó contra la barrera. Instantes más tarde invitó a Moyá a entrar en acción con un lanzamiento combado desde la parte izquierda del ataque local. Y Jason tuvo en sus botas la posibilidad de acuchillar a la Real tras un pase filtrado del genio de Macedonia. Nadie imaginaba entonces lo que iba a acontecer. Theo resolvió una acción coral con distinción. Fue el preludio de una derrota que no puede empañar el fútbol evidenciado por el grupo de Paco López en las últimas semanas.