Noticia
LUD 2-1 ALA

El Levante recupera la autoestima ante el Alavés

Levante UD: Oier; Cabaco (Chema, 72'), Postigo, Róber, Toño; Morales, Prcic, Campaña, Rochina (Doukouré, 83'), Boateng, Jason (Simon, 60').

Dep. Alavés: Pacheco; Aguirregabiria, Laguardia, Maripan, Duarte (Navarro, 46'); Ibai, Pina, García, Burgui (Jony, 59'), Sobrino, Guidetti (Calleri, 66')

Árbitro: Melero López (andaluz). Amonestó con cartulina amarilla a Jason (46'), Prcic (73'), Rochina (80'), Morales (85'), Campaña (94') y Toño (94').

Goles: 0-1 M. 5 Sobrino. 1-1 M. 19 Jason. 2-1 M. 37 Toño.

Quizás al enfrentamiento ante el Alavés le sobraran advertencias en forma de avisos después de encadenar tres derrotas consecutivas en el universo de la competición liguera, pero el Levante no vio su espíritu turbado. Ni tampoco palideció cuando Rubén Sobrino pareció sepultar las aspiraciones granotas tras derrumbar la portería defendida por Oier con un cabezazo ganador. Era el minuto cuatro de la confrontación en el feudo de Orriols y las sombras desafiantes parecían contradecir la calidez de ese sol azulado del final del verano mediterráneo que inundaba el firmamento del coliseo blaugrana en una tarde que nacía desde los malos augurios. No obstante, en el fútbol nada es lo que parece. Es una disciplina con querencia a los sobresaltos y a las metamorfosis. El rastro del Alavés se perdió justo en el instante en el que los futbolistas levantinistas regresaban al centro del campo para retomar la acción ya en desventaja. Quizás no esperaban la reacción encorajinada de una grada dispuesta a proyectar a su equipo hasta el infinito. Los aplausos y los ecos de la masa social fueron reconfortantes para restituir la psique de los protagonistas del balón. Las palmas ejercieron de reconstituyente. La caldera de Orriols entró en combustión y los ánimos se incendiaron en el interior del pasto. Los jugadores comprendieron, en esa fase del envite, con el partido todavía en su epifanía, que no estaban solos ante el enorme reto que significaba desterrar los efectos de una derrota que podía resultar hiriente por sus funestas consecuencias

El gol del Alavés lejos de adormecer, estimuló el alma blaugrana. No se trata de un contrasentido. En el desconsuelo es posible encontrar a veces respuestas para alterar el destino. El colectivo que ejercita Paco López se lanzó en pos de su rival con la virulencia y con la decisión con la que los depredadores fijan la atención y atacan a sus presas. Y Jason y Toño voltearon el encuentro cuando el primer capítulo del juego no había llegado a su final. Los goles fueron paralelos en virtud de su desarrollo. La base de operaciones tuvo como epicentro el costado izquierdo del ataque levantinista. En cierto modo, el intermedio alivió las penas de un Alavés que llegó al túnel del vestuario magullado, pero vivo en virtud de los acontecimientos desarrollados. El Alavés inició un viaje por las tinieblas, pero no llegó a caer por el precipicio. Rochina pudo ajusticiar la meta de Pacheco para resolver el envite. No obstante, en ocasiones la distancia entre el bien y el mal; entre la vida y la muerte, es sumamente angosta. Rochina fue el paradigma de las transformaciones que acometió Paco López en la confección de un once que se distanció notablemente del paisaje presentado en la noche del jueves en Valladolid.

El atacante valenciano fue un futbolista difícil de localizar para los defensores vascos. Rochina se mueve con soltura y con suma valentía por esos confines que aventuran la consecución del gol. Su mente está en permanente convulsión en la búsqueda de agujeros por los que proyectarse y propulsar a sus compañeros. Rozó el gol desde la estrategia, en una llegada desde atrás y con un estallido seco desde la frontal del área. Sus botas condesaron el desenfreno de un equipo que no se sintió atemorizado tras el gol del colectivo blanquiazul. Rochina le puso una marcha más al partido y un centro medido que solucionó Jason de cabeza tras alcanzar la línea de fondo del ataque por el flanco zurdo. Fue una constante durante la evolución de la cita. El Levante fraguó una remontada titánica sometiendo a su adversario por las bandas. Posiblemente ayudó el cambio de sistema de Paco López. El Levante se presentó sobre el pasto de Orriols con tres centrales, una línea de cinco por delante y Boateng y Morales en el eje del ataque. El plan acentuaba la trascendencia de la periferia. Y Toño y Jason se hartaron de correr por el corredor derecho e izquierdo.

El Levante vio la luz con una aparición estelar de Jason. No tardó en voltear el luminoso con un disparo potente de Toño. La acción enfatizó la primacía que adquirían las acometidas por el margen izquierdo de la retaguardia local. Morales se internó en el área de Pacheco. El cuero acabó en las botas del lateral. El meta foráneo no pudo desactivar su descarga. Era un partido de voltaje entre rivales con emociones alejadas. No era un duelo menor para un Alavés que podía avistar la cúpula de la clasificación. El Levante ansiaba recuperar la autoestima después de un ciclo luctuoso con una demostración de poder que cambiara sus coordenadas. Nada mutó en la reanudación. Campaña, Prcic y Rochina seguían jerarquizando la atención. El Levante se aferraba a una victoria balsámica con la presentación de Moses Simon. El nigeriano dejó patente que sus botas aúnan vértigo y velocidad. No obstante, el duelo concluyó desde la agonía con un disparo de Ibai al palo y un golpe franco de Maripan que generó pavor.