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LUD 2-0 VLL

El Levante vuelve a sonreír y pone distancia con la zona baja de la tabla

Levante UD: Oier; Jason, Coke, Rober Pier, Cabaco, Toño; Campaña, Bardhi (Vukcevic, m. 76), Rochina (Manzanara, m. 90), Morales y Borja Mayoral (Roger, m. 83).

Real Valladolid: Masip; Moyano (Keko Gontan, m. 63), Kiko Olivas, Calero, Moi; Antoñito Míchel, Borja, Toni (Cop, m. 82), Oscar Plano y Ünal (Verde, m. 63).

Árbitro: Jaime Latre. Amonestó a Rochina, Bardhi, Jason, Cabaco, Ünal, Borja, Calero y Antoñito. VAR: Hernández Hernández.

Goles: 1-0. M. 42. Coke. 2-0. M. 92. Roger.

Despunta la segunda vuelta de la competición liguera y cada uno de los partidos disputados adquiere un sentido titánico ante el cariz y la relevancia que presentan. Nada suele ser definitivo todavía, pero todo comienza a ser aclarador, pese a la distancia que se presupone con el final del calendario. Y no es una paradoja. Ni tampoco un contrasentido. Algo así aconteció en el Ciutat de València en la cita que reunió al Valladolid y al Levante con el VAR capitalizando la atención mediática. La victoria cotizaba al alza en territorio. Sucede que en los últimos tiempos los equipos que conformaban el vagón último de la tabla en la máxima categoría dieron síntomas de redención con la suma de puntos y de triunfos considerables. El hecho no es aleatorio. Las distancias han menguado de forma considerable para apretar la clasificación. Nadie está a salvo de contingentes inesperados, máxime en un espacio tan cainita y abrumador como la Primera División. De ahí el precio de los puntos ofertados en el feudo del barrio de Orriols en el envite que estrena el segundo capítulo de LaLiga Santander. En este escenario se retaron dos clubes que trataban de reorientar sus destinos después de alejarse de la victoria.

El campeonato ofrece, de manera puntual, confrontaciones de este calado que enfatizan su conquista. No son concluyentes, pero la escuadra vencedora sale del pasto reforzado espiritual y anímicamente. La previa del envite vinculaba a dos bloques que comparten emociones en la competición. Eran dos adversarios con ideas y metas antagónica condenados a jugarse la vida en noventa minutos heroicos. El Levante pone leguas con el descenso. La supervivencia en el universo de la Primera División ofrece partidos repletos de tensión. No son ejemplos de belleza. El drama es inherente a todo lo que conlleva la disputa del duelo. La tragedia convive con la felicidad. Aconteció en la epifanía de la reanudación. El Ciutat se vio envuelto en el silencio más devastador tras el gol del Real Valladolid. Nada parecía presagiar un desenlace semejante tras la diana blanquivioleta. El colegiado marchó al centro y los dos equipos parecían dispuestos a reanudar la batalla desde las trincheras

No obstante, todo cambió. A instancias del VAR, el árbitro invalidó el gol foráneo. El Ciutat chilló ungido por la emoción. Tan sustancial es marcar como evitar los goles en tu propia portería. Las huestes de Paco López solucionaron un encuentro, que habían subrayado en rojo, en los minutos finales de cada episodio. Voló Coke para dominar una rosca que había salido de las botas lacerantes de Rochina. El defensor tiene vocación de delantero cuando se adentra por los dominios defensivos de su rival. Lo demostró hace escasas fechas en Orriols para rescatar una igualada que se escapaba ante el Girona y repitió ante el delirio de la grada granota cuando moría la primera parte. Coke es un tipo comprometido que cala en el imaginario de la masa social azulgrana. Sus partidos refuerzan este pensamiento. Su implicación sobre el campo es incuestionable. Sucede que tiene ascendente en las catacumbas del vestuario. Los dos aspectos, encadenados, mejoran claramente su productividad. Es el prototipo de futbolista que gusta y que los aficionados valoran y recuerdan. El gol local certificaba la explosiva puesta en acción del conjunto azulgrana. Suele ser una constante en la libreta del preparador de Silla.

El Levante no especuló en el nacimiento del duelo para cercar el área defendida por Masip. Conceptualmente nada cambió con una defensa de tres compuesta por Cabaco, Róber Pier y Coke. A lomos de Rochina, Campaña y Bardhi, el Levante asediaba a su rival. Borja Mayoral se enfrentó a Masip con un cabezazo que encendió la caldera del Ciutat. El Valladolid no conseguía expresarse asido al balón, aunque Enes Unal coqueteó con el empate en los minutos finales del acto inicial. Sin embargo, aquellos temores que menguaron al grupo de Sergio quedaron confinados en el vestuario. La reanudación nació con el gol de la escuadra castellana que el juez anuló por fuera de juego. No obstante, la maniobra cambió el sentido de un partido dominado por los futbolistas levantinista. El Real Valladolid se liberó para asediar el perímetro defensivo resguardado por Oier. El enfrentamiento era de ida y vuelta con un carrusel de oportunidades. Los dos equipos pudieron doblegar a su contrario para proponer un nuevo duelo. El meta vasco lanzó en profundidad sobre la aparición de Morales. El Comandante erró ante Masip. El Valladolid intuyó que podía lograr la igualada. No obstante, fue Roger quien cerró el choque apenas unos minutos más tarde de instalarse sobre la pradera. El Pistolero no perdió la orientación tras recibir en el interior del área. Su disparo fue inapelable.


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