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LUD 1-2 CEL

Lección de coraje en la derrota

Levante UD: Oier; Coke, Róber, Postigo, Toño; Doukouré (Prcic, m. 46), Campaña, Jason (Raphael Dwamena, m. 59), Bardhi (Rochina, m. 71); Morales y Roger.

RC Celta: Sergio Álvarez; Hugo Mallo, Roncaglia, Araujo, Cabral, Júnior Alonso; Lobotka, Beltrán; Pione Sisto (Youkuslu, m. 81), Iago Aspas (Boufal, m. 66) y Maxi Gómez (Dennis Eckert, m. 89).

Árbitro: Hernández Hernández (Colegio canario). Amonestó a Hugo Mallo (63'), Campaña (74'), Sergio Álvarez (77'), Boufal (92') y Róber Pier (95')

Goles: 0-1 minuto 10, P.Sisto
0-2 minuto 35, M.Gómez
1-2 minuto 78, Morales (pen)

El miedo suele generar una sensación de vértigo profundo, pero quizás no fuera el caso. El Real Club Celta de Vigo, proyectado por la emergente y sideral figura de Pione Sisto, dibujó un abismo que amenazaba con devorar al Levante. Fue una percepción que acompañó a las huestes granotas de forma inmisericorde desde el mismo amanecer de la confrontación. Y fue aumentando de volumen y de tonelaje a lo largo del desarrollo del envite puesto que la encorajinada reacción azulgrana se alargó en el tiempo para llegar en los instantes definitivos del enfrentamiento disputado en el Ciutat. Entre el gol desde los once metros transformado por Morales y el final del duelo medió algo más de quince minutos marcados la esperanza y la ilusión. No cayó en el vértigo el bloque blaugrana, pero desterrar el temor no significa desprenderse de la ansiedad y de la incertidumbre que conlleva vivir al filo de la navaja desde la salida del sol. En la derrota cada minuto adquiere magnitud porque aumenta la inquietud y el desasosiego. Los goles del Real Club Celta reforzaron la estima de un bloque que conoce el oficio y que sabe cómo desenvolverse sobre el verde. Hay una variación en el interior del banquillo gallego con el aterrizaje del preparador turco, pero perdura la esencia y el alma de una filosofía con vocación retadora.

El Levante convergió con emociones antitéticas durante un partido que demostró la complejidad que entraña la Primera División del balompié patrio. Nadie está a salvo de sufrir los embates de una categoría devastadora en sus manifestaciones. Ni tan siquiera después honrar la victoria tras la demostración del colectivo que prepara Paco López en el Benito Villamarín ante el Real Betis. El Levante se movió entre la esperanza y el desamparado que generaba cada aparición del Celta por las cercanías de la portería resguardada por Oier. Máxime tras los goles de Pione Sisto y Maxi Gómez en el transcurso del primer acto. Un gol mudaba todo. El partido no tenía arneses. El balón iba de un área a la otra. Y esas emociones son difíciles de dominar. No obstante, el Levante prefirió morir de pie que derrumbarse rendido. Aceptó con resignación los golpes, pero no abdicó de la cita liguera. Sintió con virulencia cada ocurrencia de Pione Sisto, pero se mantuvo erguido exponiendo con orgullo unas señales de identidad que le impiden claudicar. Desde ese prisma, Roger pudo mitigar la angustia local con un vuelo en picado y con un ajustado disparo que se marchó por encima del marco de Sergio Álvarez.

Esa acción pudo cambiar el destino del partido. Era el primer minuto de la reanudación. Hubo momentos en los que el Levante luchó contra sus propios fantasmas, contra la sensación de frustración que genera sentir el aliento que presagia la derrota y contra la precisión de cirujano que exhibió Pione Sisto en el manejo del balón y en el gobierno del partido. Las dos ideas se asocian. La actuación del atacante celeste fue meritoria por portentosa. No fue un cometa resplandeciente sin incidencia sobre el desarrollo de la confrontación. En realidad, y en virtud de los hechos que se sucedieron, no hubo maniobra en las inmediaciones del área defendida por Oier en la que no tuviera relevancia. Sus botas desprendieron luminosidad. Fue un instigador irreductible. El tipo de futbolista que parece complejo de detectar para sus oponentes. Todas sus decisiones fueron acertadas. Rompió la igualdad en el luminoso, aventuró el gol de Maxi Gómez con un golpeo delicioso e hizo crujir la madera desde la estrategia en el segundo tiempo.

No le costó al Levante entrar en el partido. Quizás le costó metabolizar todo el significado que encerró la diana conseguida por las huestes gallegas casi en el amanecer de la confrontación. Esa versión ligera y evanescente que presagiaba el amanecer del duelo trocó en una imagen más áspera y pesada. El Celta desactivó al Levante desde la velocidad y desde la verticalidad. El compromiso del grupo granota se manifestó desde ese instante. Pcric filtró un pase sobre Morales nada más salir desde los vestuarios. El Comandante observó la llegada de Roger. Fue una acción eléctrica que pudo virar la cita. Pcric cogió la batuta en la zona de medios. El Levante se mostró más consistente, si bien cada presentación del Celta generaba una tiritona. El Ciutat castañeaba. No se rindió el grupo granota. Morales fantaseó con una remontada que no llegó a concretarse.

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