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ATH 1-3 LUD

Orgullo granota en San Mamés

Athletic Club: Kepa, Martínez, San José, Iturraspe (Muniain, min 62), Williams, Núñez, Susaeta (Sabin Merino, min 74), De Marcos, Raúl García, Balenziaga (Mikel Rico, min 81) y Córdoba.

Levante UD: Oier, Chema, Lerma, Bardhi (Lukic, min 70) Morales, Coke, Postigo, Pedro López (Jason, min 78) Boateng (Roger, min 82), Luna y Campaña.

Árbitro: Munuera Montero. Comité Andaluz. Amonestó a Iturraspe, Raúl García por el Athletic y a Bardhi y Lerma por el Levante

Goles: 1-0. M. 8. Raúl García. 1-1. M 42. Bardhi. 1-2. M. 44 Bardhi . 1-3. M. 90. Morales

Raúl García le quitó las legañas a la confrontación con un pepinazo inalcanzable a los guantes de Oier, pero sobre el verde estaba Enis Bardhi para aplicar y trasladar la teoría del Big Band a la disciplina del balompié. Advierte la física que el gran estallido provocó el surgimiento de la materia y también el origen del universo. La gran explosión de Bardhi cambió el sentido de la confrontación. La sobresaliente remontada comenzó a edificarse desde la rebeldía de sus botas después de un principio devastador. El macedonio se aplicó desde la estrategia en un escenario egregio. La atmósfera era la más idónea para dejar su estela. Es una de las especialidades que acentúa su currículum personal como atestiguó en el amanecer de la competición liguera, pero hacia tiempo que no se expresaba con semejante elegancia y con tal nobleza. Encadenó dos capítulos con un margen de separación de apenas un minuto. Aunó distinción y calidad en dos toques repletos de sutileza y consistente. Y no es un contrasentido pese a que los términos escogidos resalten dos ideas antitéticas.

Sus disparos dibujaron una onda gravitatoria que alteró el espacio y el tiempo para perturbar la mirada Kepa. No hay fuerza que oponer si el cerebro de Bardhi entra en ebullición para establecer con exactitud las coordenadas a seguir. El atacante descarga con la precisión de un francotirador sobre la portería rival. Fueron dos zaparzos letales que noquearon la figura enorme de Arrizabalaga. El cancerbero vasco no tuvo capacidad de reacción, un aspecto que enfatiza la curva que proyectó el misil lanzado hasta abrazar la red. Su rastro se perdió. Quizás faltaba un partido de estas características en la hoja de ruta de Paco López. Después de varios ejercicios de fe reiterados, con dianas agónicas cercando el ocaso de cada encuentro, quizás tocaba una remontada redentora como la certificada en un escenario repleto de glamour. El Levante se dio un homenaje en un estadio mítico. Lo hizo destilando confianza y trasmitiendo seguridad en cada una de sus manifestaciones con el cuero imantando a sus pies.

La escuadra granota transformó un partido comprometido desde la diana conquistada por Raúl García. No hay que hacer prisioneros. Ni tampoco hay que buscar culpables en el desarrollo de la jugada que significó el gol rojiblanco. El fútbol no siempre es predecible en sus manifestaciones. Quizás en ese punto radique su grandeza. Fue una detonación explosiva de un jugador con la condición de determinante. Fue una acción inapelable en su ejecución. Raúl tiene veneno en sus botas y calidad suficiente para patear un balón que no parecía adquirir la relevancia finalmente alcanzada y fijarlo en la escuadra. Así nació el partido en el Nuevo Estadio de San Mamés con un obús teledirigido surgido de la mente diabólica de Raúl. Apenas se habían consumido ocho minutos y el Levante regresó al punto de inicio para retomar la acción con el marcador en desventaja.

No obstante, el gol no cambió el guión del encuentro. Tampoco alteró sustancialmente los planes del bloque de Orriols. El gol fue un contratiempo, pero no se convirtió en una losa insalvable por su dimensión. El Levante de Paco López se caracteriza por la intrepidez y por la valentia. No escatima en el esfuerzo. Y no se siente atemorizado por la contradicción. Está prohibido amedrentarse para difuminar su huella. El Athletic, en ocasiones, acostumbra a atropellar a sus oponentes desde la intensidad y desde el ímpetu, principalmente cuanto ejerce como local. El equipo de Ziganda no desdeña las acciones aéreas, ni el valor que adquiere la segunda jugada. Por norma, en San Mamés se emplea con pasión y suele acabar desnortando a sus rivales por fatiga. Y el cansancio físico y mental lleva a la extenuación. Son aspectos que el Athletic domina, pero no fue el caso.

La diana de Raúl no amordazó a los futbolistas azulgranas. El Levante minimiza lo problemas y encuentra soluciones. Su autoestima es poderosa. La metamorfosis es perceptible en ese punto. No hay dificultad que no se pueda combatir. El gol activó su capacidad de supervivencia en un choque relevante en la batalla por sobrevivir en la elite. El Levante cree en sí mismo y en su fútbol. Son sus principales argumentos. Y los expone sin ambages sobre el pasto. No tardó en demostrarlo en una confrontación de signo vertiginoso desde su amanecer. Boateng retó a Kepa con la diana de Raúl en caliente. La respuesta del guardameta fue excelsa. Coke rozó el gol sin solución de continuidad. La principal virtud granota fue no derrumbarse y contar con razones para disminuir a su oponente. Lo hizo a través del esférico.

El balón fue un bien que el combinado levantinista manejó con solvencia. Por momentos lo confiscó ante la mirada perdida de los jugadores caseros. El partido avanzaba cuando apareció Bardhi para ajusticiar a Kepa. La acción estaba algo escorada, pero ese aspecto era secundario. El atacante macedonio mimó el balón con persuasión, buscó su complicidad con un cuchicheó al oído. Bardhi susurró el gol. En su mente lo imaginó antes de materializarlo. Fue tan exquisito el golpeo que resolvió repetirlo. El futbolista balcánico decidió desafiar a Kepa, a San Mamés y sí mismo reeditando la acción. No había pasado ni un minuto. Bardhi congeló el tiempo. Deja vu en tierras vascas. El balón entró sin remisión. A los fastos se sumó Morales con el partido ya en su ocaso. Allí donde todo empezó dejó su huella.