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RCDE 1-0 LUD

​Sergio García ajusticia al Levante

RCD Espanyol: Diego López, Javi López, David lópez, Mario Hermoso, Dídac Vila, Darder (Víctor Sánchez 77'), Marc Roca, Granero, Leo Baptistao, Borja Iglesias (Hernán Pérez 84'), Sergio García (Piatti 72')

Levante UD: Oier, Luna, Chema (Postigo 63'), Róber Pier, Pedro López, Jason (Rochina 65'), Bardhi, Campaña, Morales, Boateng (Mayoral 65'), Roger

Árbitro: Undiano Mallenco (Comité Navarro) Amonestó con amarilla a Dídac, Chema y Luna

Goles: 1-0 M.52 Sergio García

El guion presagiaba un partido de alto voltaje a partir de las credenciales que caracterizan a dos entrenadores que afrontan los encuentros desde la valentía y desde la rebeldía desterrando cualquier tipo de complejo que dinamite la autoestima de los jugadores. Paco López y Rubi coinciden en alertar las constantes de sus jugadores durante la totalidad de los noventa minutos. No hay diques de contención para cercenar la pasión y para restringir el arrebato. Así pueden llegar a ser los partidos protagonizados por el Levante y por el Espanyol en el universo de LaLiga Santander. No hay muros de contención para las emociones. Ni intervalos para la pausa. Los enfrentamientos se convierten en un desafío prolongado y constante. Se auguraba un duelo abierto e intenso entre dos representaciones que se baten con frenesí y con entusiasmo. Y la idea presentida desde antes del inicio de la batalla no tardó en exceso en materializarse sobre el verde del coliseo españolista. Lo demostró Morales en el nacimiento del enfrentamiento en su primera aproximación sobre la meta defendida por Diego López. El Comandante no está de paso en el curso liguero recién comenzado. Es una máxima a pesar de que el calendario se posa en las estaciones iniciales. Y replicaba el Espanyol desde el atrevimiento tratando de sembrar la duda en las inmediaciones de la portería que resguarda Oier.

Fue un partido de ida y vuelta. Un choque con vahído y con curvas. Un match con propensión hacia el vértigo que resolvió un viejo rockero desde la contundencia; Sergio García. El atacante catalán ajustició a Oier con un obús teledirigido desde el vértice del corazón del área azulgrana. Fue un latigazo sin respuesta para las manos duras del cancerbero blaugrana. No hay óxido que enmohezca la figura del eterno goleador con pasado en las filas del Levante. Los ejercicios se van sucediendo, pero permanece el fulgor de sus botas. Hay veces en el fútbol que los partidos se resuelven desde acciones que no parecen ir en consonancia con el dictamen de los hechos que están aconteciendo sobre el pasto. Quizás pudiera ser el caso. La disciplina puede llegar a ser devastadora. Cualquier equívoco puede convertirse en una pesada losa. La diana de Sergio parte de un control desorientado de Campaña. El mediocentro era una de las referencias del juego levantinista. Toda la producción pasaba por las botas del futbolista andaluz. Y su influjo no era menor.

El gol llegó en un instante crucial en la evolución del choque. Dominó el cuero el Espanyol en el primer capítulo del juego, pero no era un martillo pilón en sus manifestaciones. El balón era de su propiedad, pero avistaba a Oier desde la lejanía. El Levante había encontrado rendijas por las que acercarse hasta el portero local a partir de las llegadas de Boateng y Morales. No eran acciones diáfanas, pero sembraban el signo de interrogación. Y hubiera podido ser más aristado y volcánico su juego si hubiera apostado por un juego más directo. El Espanyol de Rubi no suele especular con los partidos. No es su filosofía. Ni su planteamiento vital. Lo demostró desde que el esférico comenzó a correr por la pradera. El bloque de Rubi mantenía dos defensas por detrás de la línea de medios. Y aceptaba con valentía el reto de los contragolpes azulgrana en igualdad. Por norma, no había muchos más defensores que atacantes en las salidas desde atrás desarrolladas por el Levante.

El arranque de la segunda parte siguió los parámetros establecidos con anterioridad, pero el gol cambió el escenario. El Levante trataba de capitalizar la atención desde el arrojo. Era un momento determinante en la evolución de la cita porque la incertidumbre podía provocar un cortocircuito en el Espanyol. Granero peleó un balón sin dueño para conectar con Sergio García. La maniobra del atacante se ha escenificado mil y una veces en la competición. Sergio alzó la vista y clavó el balón en la escuadra granota. No claudicó el Levante, pese a la intensidad del golpe. Paco López apostó por el grueso de la caballería pesada con aparición de Borja Mayoral. La actividad era extraordinaria en los confines protegidos por Oier y Diego López. El Levante rozó la igualada y el Espanyol coqueteó con una victoria más amplia. En ese instante no había arneses de sujeción.