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RBB 0-3 LUD

Tormenta eléctrica de Morales en el Benito Villamarín

Real Betis: Pau López, Francis (Barragán, min 71), Feddal, Bartra, Canales, Boudebouz (Sanabria, min 62) Carvalho (Inui, min 65), Loren, Guardado, Junior y Mandi.

Levante UD: Oier, Toño, Doukouré (Prcic, min 67), Chema, Roger (Luna, min 71), Bardhi, Morales, Coke, Postigo, Jason (Raphael, min 85) y Campaña.

Árbitro: Ignacio Iglesias Villanueva. Comité Gallego. Amonestó con cartulina amarilla a Luna.

Goles: 0-1. M. 37. Roger. 0-2. M. 53. Morales. 0-3. M. 92. Morales

Arrancó Morales con decisión y con ese punto de altanería de barrio que acompaña cada una de las decisiones adoptadas para conquistar el infinito del feudo de Heliópolis. Y cuando despega el Comandante puede suceder cualquier cosa sobre la faz del verde. En ocasiones, sacude como un ciclón. Es una cuestión de creencia. Su imaginación parece desbordarse; es ilimitada. Quizás marche en consonancia con el linaje que presenta cuando fraterniza con el balón y se lanza en pos de aventuras difíciles de sospechar ante el grado de complejidad que encierran. No hay muros que aprisionen su pensamiento. Fue una carrera que germinó desde la convicción y desde la confianza. Nada fue prosaico en el desarrollo de una acción que capitalizó la atención mediática del duelo por su trascendencia en la evolución final de la cita y también por su belleza. Morales venció a Guardado en la línea de medios, redujo a cenizas a Carvalho, una auténtica muralla en la medular, y se aprestó a abordar la meta defendida por Pau. Restaba todavía un océano hasta alcanzar las inmediaciones del cancerbero catalán. La buenaventura fue su aliada. No obstante, había que certificar una diana de estilo maradoniano en su concepción y resolución. El mejor Messi hubiera firmado un desenlace con esas coordenadas sin pestañear. Morales fue adquiriendo consistencia y poso según se acercaba al destino marcado. Con clase dejó maltrecho a Canales en una baldosa antes de tocar con el exterior de su bota en busca de la red bética. Fue una conclusión de una estética supina.

En cierto modo, se trata de un gol que define sus caracteres como futbolista. Hay velocidad en sus piernas y osadía en su mirada. No hay vértigo en sus botas. Fue un tanto de fe. Un gol de un buscavidas de la disciplina del balompié curtido en mil y una batallas de muy distinto rango y consideración. El Estadio Benito Villamarín se alzó de sus asientos para tributar una merecida recompensa en forma de palmas. Nada mejor que sentir el aplauso de una afición que no es la propia para establecer que algo grande pasó en tierras sevillanas. El Comandante honró al fútbol con gol devastador. Y cerró una actuación memorable, desde un prisma personal y global, con la consecución del tercer tanto. Su demostración de fuerza fue un paradigma de la versión robusta y compacta que evidenció el Levante durante el computo de los noventa minutos. Proponía el Betis, ajusticiaba el Levante. Jugaba el Betis; se mostraba impertérrito un Levante espartano en sus emociones y virulento en sus manifestaciones mientras los minutos se iban consumiendo ante la frustración del colectivo local.

Para vencer en el coliseo verdiblanco hay que saber expresarse y manejar con sabiduría los tempos del partido. Y un encuentro puede ser enorme y excesivamente profundo si no se logra descodificar de raíz. El Levante fue capaz de anestesiar a su oponente desde el orden y desde una disciplina stajanovista. Y tuvo la virtud de partirle el alma a su oponente en los momentos más determinantes de la cita apelando al arrebato y a la valentía. En ese sentido, fue inmisericorde cada vez que encaró a Pau. El bloque de Paco López fue terriblemente solidario en sus manifestaciones. Fue envolvente y eléctrico. Y atacó el mentón de su contrincante. Se movía en estado líquido y golpeaba en estado sólido. Quizás la acción capitaneada por Jason confirme estos condicionantes. El atacante gallego apareció por el balcón del área del Real Betis para pinchar la rueda de su rival y asociarse con Roger embocado a la línea de gol. Hay complicidad entre dos jugadores que han crecido mirándose a la cara por los márgenes de la Ciudad Deportiva de Buñol.

No parece una novedad si se escruta con detenimiento todo lo acontecido en la pretemporada. Hay señales que son obvias. La entente entre Roger y Jason es una de ellas. Durante el verano hubo distintas reediciones de esta estrecha relación. El gallego conocía con certeza por dónde iba a aparecer el Pistolero. Fue el heraldo del gol. El balón cayó a los pies de Roger para estrenar el capítulo goleador de LaLiga Santander en el curso 2018-2019. Puede ser un indicio de buen presagio después de un ejercicio que nació desde la mala suerte. La verticalidad del Levante paralizó a un Betis que fue perdiendo fuelle y dinamismo hasta desnortarse. EL Levante pareció entretejer una tupida telaraña en las cercanías del arco de Oier para confundir a su rival.

El Betis tocaba con clarividencia, pero caía de bruces preso de una emboscada. El equipo de Setién se fue desvaneciendo para sentir en lo más profundo de su ser ese sentimiento tan cercano a la frustración. Quizás no conviene dogmatizar demasiado acerca de los hechos que rodean a las pretemporadas. El Betis sintió que el mundo gravitaba en torno a su imagen después de conjugar con el triunfo. Quizás el Levante alumbrara luces y aventurara alguna sombra. No obstante, convergió con la victoria mostrando la esencia que le llevó hasta la excelencia durante el final del curso pasado. Nadie escatima esfuerzos. Es un grupo mancomunado y unido en sus manifestaciones. Los manuales del fútbol resaltan la importancia que adquiere echar el candado a la portería. Y los minutos finales mostraron sobre el pasto a Prcic y a Raphael, dos de las incorporaciones del período estival. Raphael preludió el tercer gol con un toque veloz. El mediocentro francés posee una mente despejada para interpretar el fútbol.La noticia es excelente para Paco López.

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