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ALA 1-0 LUD

​Un final devastador en Mendizorroza

Dep. Alavés: Pacheco; Martin, Laguardia, Ely, Rubén Duarte; Ibai, Manu, Tomás Pina, Pedraza (Burgui, min.77); Munir y Guidetti (Sobrino, min.70).

Levante UD: Oier; Pedro López, Cabaco, Chema, Luna; Campaña (Rober Pier, min.34), Lerma, Lukic; Morales, Roger (Boateng, min.46) e Ivi.

Árbitro: Fernández Borbalán (Comité Andaluz). Expulsó con roja directa a Chema (min.28). Amonestó con cartulina amarilla a Pedraza, Pina, Munir (2A, 77')/Morales, Rober Pier, Lerma

Goles: 1-0 min. 90: Laguardia.

Quizás la mejor noticia que deja el partido ante el Alavés es que ya despunta por el horizonte la confrontación inmediata en el marco de LaLiga Santander contra el Espanyol de Barcelona. La reflexión no es causal. Quizás exista un razonamiento que subraya las cuesitones anímicas para sustentar el contenido de esta afirmación. No hay armisticio posible en una semana marcada por la proliferación y multiplicación de desafíos sobre el tapiz verde. La competición advierte que no va a esperar a aquellos que se muestren tibios en sus convicciones. En ese sentido, puede ser tan despiadada como el significado que encierra el gol de Laguardia cuando el partido moría y el Levante enarbolaba con coraje la bandera de la resistencia tras una hora en inferioridad sobre el campo como secuela de la expulsión de Chema al filo del minuto treinta. El presente incide en que no hay tiempo para ahondar en la profunda herida que puede provocar, principalmente sobre la psique maltrecha de los futbolistas granotas, la derrota ante la sociedad alavesa en el coqueto coliseo de Mendizorroza. La derrota, en ocasiones, puede expresarse de la forma más cruel y devastadora. La derrota no entiende de justicia y de injusticia. Se manifiesta con crudeza amenazando con engullir a uno de los oponentes. La diana del defensor del Glorioso dejó a los jugadores blaugranas con el corazón enmohecido y con el alma rota en mil pedazos.

Las miradas perdidas tras el final de la batalla eran el reflejo de ese estado anímico atribulado. Y, sin embargo, conviene resetear la mente con la mayor celeridad posible y aliviar el dolor para afrontar la cita ante el Espanyol. Y quizás sirve de base conceptual para futuras comparecencias en la Liga el encuentro certificado ante el Alavés. En ese sentido, Mendizorroza contempló a un Levante valiente y sin complejos mientras el partido cruzó a dos equipos igualados sobre el verde. En esa fase de la confrontación, las distancias quedaron minimizadas. El bloque azulgrana negó los espacios a su oponente para lanzarse hacia los dominios de la portería defendida por Pacheco. No obstante, la expulsión de Chema cambió el paisaje y el sentido del duelo. Posiblemente lo más acentuable y reseñable fue la respuesta esgrimida por un equipo que se expresó en el sentido más literal del término. El Levante comprendió su posicionamiento para realizar un ejercicio de supervivencia. Las cartas estaban alzadas.

Con un jugador menos sobre el verde, nacía un duelo que había que domesticar desde el compromiso y desde una unión gremial. El esfuerzo fue sideral. Manu García trató de ajustar tanto el esférico ante la estirada de Oier que el balón se perdió por la línea de fondo. El error reconfortó el espíritu del equipo de Muñiz a corto plazo, pero la realidad era compleja; restaba una hora que podía ser muy larga. Muñiz ajustó las líneas en un acto de resistencia de tintes heroicos. Campaña regresó al vestuario. Desde el banquillo emergió Rober Pier para paliar los efectos de la marcha de Chema. El Levante fue capaz de apagar la llama que amenazaba convertir al Alavés en un equipo temido. La escuadra blaugrana se replegó sobre sí misma, pero esa imagen más conservadora no le alejó de Pacheco. El Levante sobrevivía al peligro apelando al orden y al coraje. Había que sobreponerse a los acontecimientos y a las contrariedades. No era fácil.

Los estados anímicos contrapuestos se citaron en Mendizorroza. El aterrizaje de Abelardo en el banquillo local dimensionó a un bloque que surcaba las tinieblas y parecía atormentado. Jefferson Lerma estableció una raya infranqueable en la medular. Morales trataba de expresarse por los costados mientras que Ivi ponía el vértigo con unas cabalgadas imposibles. No hay diques a la imaginación en las botas de Ivi. El atacante madrileño fue desnudando defensores albiazules por el carril derecho del ataque blaugrana. Parecía una acción de resolución utópica, pero el desenlace fue increíble. Ivi se asoció con Morales. El disparo del Comandante olía a gol, pero acabó en saque de esquina tras chocar en un defensa vasco. Ivi agitó el poste de Pacheco con un disparo envenenado. La suerte fue esquiva con los intereses azulgranas, pero el destino estaba preparando un final atroz con el gol de Laguardia.

LaLiga Santander Alavés Mendizorroza

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