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En busca del triunfo ante un Getafe que marcó el principio de la permanencia

28 de Enero de 2012
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Era un partido a cara o cruz marcado por el signo de las cinco derrotas consecutivas que instalaron al grupo azulgrana en la última posición de la tabla cuando amanecía la segunda fase de la competición liguera. Era el típico enfrentamiento que estaba totalmente definido mucho antes de su apertura. La suerte del Levante del ejercicio 2010-2011, y su destino en el universo de la máxima categoría del fútbol, se dirimían en la inmensidad del Estadio Ciudad de Valencia aquel domingo 29 de enero de 2011 desde las 17.00 horas. No había arneses de sujeción en aquella confrontación ante el Getafe. Ni ningún tipo de armisticio. Tampoco había subterfugios en la cita. Ni mensajes encriptadas. Con quince puntos la escuadra levantinista agonizaba mientras se aferraba a la vida en una terrible y cruel paradoja El duelo estaba perfectamente etiquetado. Y así surgía; presagiando un paseo entre la supervivencia y la muerte en noventa minutos de auténtica pasión en el sentido más bíblico del término.

Aquella confrontación ante la escuadra madrileña fue el gozne sobre el que giró una remontada espectacular. Fue el inicio de una mutación superlativa que redundó en la permanencia alcanzada en la penúltima semana de la Liga en el feudo de Mestalla. En ese ciclo, con principio en el choque ante el Getafe y final en el duelo ante el Valencia, el Levante fue capaz de enjugar un déficit que parecía condenarle a vagar por el averno en la fase final del campeonato de la regularidad, pero el equipo se rebeló al dictamen del sentido común y esa pertinaz subversión le guió hasta la luz después un prolongado camino por el lado más sombrío y tenebroso de la competición superando todo tipo de simas y profundidades cavernosas que amenazaban con devorarse para agarrarse a la vida como lo haría un náufrago que sabe que se encuentra ante la última oportunidad.

Todo empezó ante el Getafe con los goles de Valdo y Caicedo, que nacieron desde las botas afiladas de Juanlu. Fue un 29 de enero de 2011 a las 17:00 horas. Un año después, los oponentes vuelven a retarse en el mismo escenario desde las 16:00 horas. No estarán sobre el césped de Orriols ni Valdo, ni tampoco Juanlu, lesionados. Y Caicedo ejerce como futbolista a muchos kilómetros de distancia, en concreto en Rusia. Luis García contemplará los hechos desde la perspectiva del banquillo visitante después de tres campañas históricas ostentando la condición de titular. Sus emociones aumentarán de grado conforme se acerque el inicio de la confrontación. Las distancias entre el pasado y presente son ciertamente siderales. El Levante defiende la cuarta posición en la tabla mientras que el Getafe aterriza en una fase claramente emergente después de un arranque repleto de interrogantes.

No parece un encuentro con tendencia hacia la hipérbole, como el dirimido el curso anterior, al menos en la previa. Nada es absoluto. Ni decisivo. No aparece el abismo detrás. Con treinta y un puntos en su expediente, el Levante dobla los registros del ayer y resiste embozado en el territorio Champions con combatientes de enormes proporciones que parecen surgidos de las epopeyas griegas. No obstante, no conjuga con la victoria desde que lograra vencer al Sevilla en el coliseo azulgrana en las primeras jornadas de diciembre de 2011 tras el gol de Nano. En ese sentido, el enfrentamiento y principalmente el triunfo adquieren notoriedad. El hecho confiere ciertas similitudes con el inmediato en el tiempo aunque el objetivo trazado en la actualidad es mucho más mundano. No se trata de fundamentar remontadas imposibles. Se trata de rearmar la moral de la tropa con una victoria anímica que limpie la psique de los futbolistas azulgranas.

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