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​2017; El año de las luces

El desafío estaba enmarcado prácticamente desde que cayó la oscura y tenebrosa noche en Málaga. Una idea, en ocasiones, suele conllevar la antítesis entre sus caracteres. La condición de segundodivisionista del Levante, adquirida tras caer derrotado en el Estadio de La Rosaleda, significaba establecer las cimbras para recuperar el espacio perdido. El reto era superlativo. Esa especie de catarsis resultó perceptible durante la práctica totalidad del período estival de 2016. Las transformaciones fueron tan evidentes como significativas y afectaron a todas las parcelas que conectaban con el área deportiva de la institución azulgrana. Vicente Blanco, Tito, tomó las riendas de la dirección deportiva. Tras un pronunciado currículum como futbolista profesional, saltó a los despachos para curtirse como gestor en la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). Su huella en la modernización del sindicato de los profesionales del balón fue perceptible.

Su perfil respondía al criterio demandado por la cúpula direccional de la entidad. El advenimiento de Tito, un jugador con pasado en el club, como miembro de la histórica plantilla del ejercicio 2003-2004 que coronó el regreso a la elite con Manuel Preciado, significó la despedida de Manolo Salvador. El arquitecto de uno de los Levante más distinguidos y laureados de su historia centenaria ponía fin a su vinculación con la sociedad de Orriols tras dieciocho temporadas. El aterrizaje de Tito determinó la llegada de Carmelo Del Pozo en calidad de secretario técnico. La misión encomendada era diáfana; remodelar y reconstruir la dirección deportiva y recomponer el alma de la plantilla. Remachado el primer eslabón en el proceso de reedificación del proyecto había que desvelar una nueva incógnita que afectaba a la composición del banquillo.

Juan Ramón López Muñiz fue el preparador elegido para liderar el regreso a la máxima categoría del balompié español. El preparador asturiano cambió Alcorcón y el Estadio Santo Domingo por el Levante y el Ciutat de València, pero su hoja de ruta era mucho más profunda. Su experiencia era el fiel reflejo de una concepción futbolística que se caracteriza por su singularidad. Sus pasos no están marcados por la ortodoxia. Quizás prevalezcan las emociones en la toma de decisiones. Después de pisar la máxima categoría con el Málaga y con el Real Racing Club y tras proyectarse por la Vieja Europa con el equipo cántabro y desenmascarar escenarios con pedigrí y abolengo en la Liga Europea, decidió alejarse de los luminosos focos para acompañar a Juande Ramos en la aventura ucraniana a los mandos del Dnipro.

Era una vuelta a los orígenes tras iniciarse en el banquillo junto a Juande tras finalizar su trayectoria como futbolista. Después de varios años en Dnipropetrovsk decidió emprender el camino de vuelta para ligarse al Alcorcón en el marco de la Segunda División A. La temporada al frente de la entidad alfarera no pasó desapercibida a los ojos escrutadores de Tito. No era una relación por descubrir. El fútbol les había unido mucho antes en Soria en el interior de la superficie del campo como jugadores adscritos al Numancia. Había química y complicidad entre ellos. El período estival fue pródigo en noticias. La plantilla fue adquiriendo una nueva tonalidad. Pedro López, Morales, Rubén, Casadesús, Iván, Verza, Lerma o Toño decidieron apostar en azulgrana.

El compromiso era absoluto y certero. En su mente solo surgía un pensamiento que adquiría evanescencia; revertir el descenso y convertir esa desdicha en una explosión colectiva de felicidad. La nómina fue creciendo con jugadores curtidos. Raúl, Postigo, Chema, Natxo Insa, Espinosa, Róber, Abraham, Montañés, Campaña, Saveljich, Remiro o Juan Muñoz y Oier, en el mercado invernal, ofrecieron más argumentos para alimentar el fuego del ascenso. Martins regresó tras su estancia en el balompié portugués, aunque su presencia, en realidad, fue efímera para marchar definitivamente en el invierno. Roger y Jason volvieron al Ciutat de València con un rol que les distinguía después de lustrar su currículum en Valladolid y Albacete en calidad de cedidos.

Quizás el gran reto para Muñiz fuera amalgamar y dotar de significación a un grupo de reciente creación. No resulta sencillo mutar tendencias cuando retornas a la categoría de Plata desde los estratos de la Primera División. Ese proceso de aclimatación no suele estar marcado por la inmediatez, pero el equipo demostró tener conciencia de clase. Y sentido de pertenencia. Quizás el principal legado de Muñiz fuera la creación de una identidad y de un ADN reconocible.

En cierto modo, el desembarco liguero en el Estadio de Los Pajaritos de Soria en el mes de agosto de 2016 escondió varios paradigmas. Fue una victoria repleta de pragmatismo (0-1). El marcador fue revelador y el protagonista del triunfo también. El Levante acostumbró a manejarse con solvencia en las distancias cortas durante la práctica totalidad del ejercicio liguero. Su capacidad para maximizar resultados escuetos fue manifiesta. El aspecto en una categoría tan igualada resultó trascendente. En la claridad de la temporada Jason, autor de la diana ante el Numancia, anunció que volvía a enfundarse la elástica azulgrana para adquirir efervescencia. De hecho, asumió el gol en propiedad para convertirse en el segundo máximo anotador del equipo.

Una semana más tarde el Levante se estrenó como casero ante el Alcorcón. El duelo volvió a demostrar otra máxima; las botas de Roger estaban imantadas por el gol. No era una afirmación sin más. El Pistolero no tardó en desenfundar para presentar sus credenciales. Y repitió para capitalizar la victoria. Roger acarició el Pichichi en una campaña sumamente productiva, si bien una inoportuna lesión le alejó del verde en los encuentros finales. No obstante, las cifras advierten del ascendente que tuvo en el cómputo general de una temporada de signo triunfal. Aquel partido supuso el asalto al liderato. No fue un hecho anecdótico. Fue otra constante durante un ejercicio resplandeciente.

El Levante abanderó la categoría de Plata desde prácticamente el alumbramiento de la temporada. Su supremacía fue incuestionable. En la cuarta semana el Levante y el Zaragoza dirimían la cima de la tabla en Orriols en una confrontación superlativa por los condicionantes que contextualizaban el duelo. La escuadra granota ya no se descabalgó del ático de la tabla. Y la tendencia no varió. En la décima jornada el Levante distanció al Lugo, segundo en la clasificación, en cinco puntos. El nacimiento del nuevo año confirmó la voracidad del proyecto. Tras poner en orden su trayecto liguero, tras el aplazamiento de los duelos ante el Rayo Vallecano y UCAM Murcia, por la climatología, la brecha era devastadora.

El Levante conquistó el feudo de El Alcoraz en una fría tarde dominical (0-2). El partido cerró el primer capítulo del campeonato. Su condición de campeón de invierno era manifiesta con 46 puntos. Por el espejo retrovisor aparecía el Girona con 39 y un escalón más abajo surgía el Getafe con 35. Un mes más tarde, hacia mediados de febrero, las diferencias advertían del paso firme del combinado de Muñiz. El Levante perdía de vista la tercera posición. Quince puntos alzaban una frontera casi infranqueable entre el Levante y el Getafe (tercero en la tabla). Nada varió en lo sucesivo. El Levante manejó una renta de dieciocho puntos con respecto al tercer clasificado. El ascenso adquiría forma.

Las huestes azulgranas inauguraron el mes de abril con una ajustada victoria ante el Mirandés (2-1) en un choque de miradas antagónicas. El líder contra el colista para superar el umbral de los setenta puntos. Por tradición, la cifra era presagio de empresas de elevada consideración. El Levante avistaba la tierra prometida. Y Postigo echó anclas en la confrontación ante el Oviedo en el feudo de Orriols. Fue un cabezazo inapelable y fulminante que condensó el homérico esfuerzo de un curso de enormes proporciones. Los dígitos eran estratosféricos. Restaban seis semanas para que la función corriera el telón y el Levante ya era dueño de su destino con 77 puntos. El Girona sumaba 65 y el Getafe 58. Ya no había dependencias. Ni subordinaciones de ningún tipo. El ascenso adquiría materialidad. En Tenerife alzó el título de campeón. La sociedad de Orriols mancilló cada una de las leyes de la categoría de Plata. Ese estado de igualdad que prevalece fue rasgado en mil pedazos creando un precedente que será difícil de igualar. Y el 2018 que nace aventura un nuevo desafío para seguir formando parte de las estructuras de la elite.


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