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Victoria granota ante el Deportivo en el último precedente disputado en el Ciutat un 30 de diciembre de 1989

imagen levante-deportivo 30 diciembre 1989

Habrá fútbol en Navidad. El treinta y el treinta y uno de diciembre el esférico redondo correrá por el tapete verde. El calendario liguero descorre un duelo entre el Levante y el Málaga en el feudo de Orriols que se disputará en la penúltima jornada del año a las 16:00. Han transcurrido veinticinco años, temporada 1990-1991, del último precedente futbolístico en el marco de las fiestas navideñas. El ejercicio inmediato, curso 89-90, cuando el año nuevo ya despuntaba, un 30 de diciembre el Levante se midió al Deportivo de La Coruña en un partido que parecía no tener final y que estuvo plagado de vicisitudes. Aquella jornada, disputada en sábado, el diluvio universal, en el sentido bíblico, pareció abatirse sobre el verde del Nou Estadi. Aquella tarde eminentemente navideña había fútbol en el coliseo azulgrana, aunque parecía, por la climatología tan hostil, que los Dioses habían confabulado sus deseos para cuestionar en grado sumo la disputa del partido que reunía al cuadro blaugrana y al Deportivo como retadores. Y no era una simple pose. El norte de la provincia de Valencia y la capital estaban en alerta roja ante el más que previsible riesgo de inundaciones. El cauce del río Turia creció peligrosamente y Los Poblados Marítimos estaban al borde del colapso ante la furia de las lluvias caídas. A la hora del arranque de la confrontación el centro de Valencia estaba prácticamente anegado. El caos circulatorio dificultaba al máximo las tareas de contención efectuadas por los bomberos locales. Los ejes de las Grandes Vías, Marqués del Turia y Fernando el Católico, así como y el túnel de Germanías estaban prácticamente sumergidos por la virulencia de una tempestad que amenazaba con agrietar el pavimento. La confusión se adueñó de la urbe en la antesala de 1990.

Ficha levante-deportivo 30 diciembre 1989

En Orriols había pautado un enfrentamiento de fútbol adscrito a la categoría de Plata. Era una confrontación con sustancia para el cuadro local. La escuadra azulgrana trataba de escapar de los puestos más calientes de la clasificación, como un náufrago que se agarra a la vida, después de un arranque tumultuoso en el retorno a la categoría de Plata. Los ochenta nacieron con el Levante varado en el marco de la Segunda División A y la década amenazaba con extinguirse con la sociedad instalada en el mismo umbral competitivo, aunque fue un decenio pantanosa, con tendencia depresiva, con golpes muy duros y presencias continuadas en el pozo de la Tercera División. El esfuerzo titánico estaba fundamentado ante el terror que provocaba el efecto de recordar el pasado más cercano. El nombre del Deportivo de La Coruña fluctuaba por la zona intermedia de la clasificación en busca de días más luminosos, aunque Roberto Álvarez, técnico local desconfiaba de su adversario en Levante El Mercantil Valenciano. “Es un equipo que se montó con aspiraciones de ascenso. Nos enfrentamos ante un equipo importante cuyos jugadores trabajan mucho y se asientan bien en el campo. El partido tendrá muchas dificultades, pero estoy convencido que los puntos se quedarán aquí”.

El partido medía la recuperación evidenciada por la escuadra granota. Blesa, un futbolista con pasado en las filas del club gallego, confirmaba esta tendencia. “Al principio pagamos la inexperiencia y sufrimos una mala racha por querer jugar demasiado bien al fútbol, lo que no hace nadie en esta categoría. La Segunda División exige menos florituras y más eficacia y es lo que debemos hacer: jugar con más seguridad buscando el resultado.”, advirtió en el periódico Las Provincias. ¿Y el partido? La trascendencia era absoluta. “Por supuesto que estamos obligados a ganar. En casa debemos jugar a cara de perro. No podemos perdonar, ni permitirnos ningún fallo. Somos conscientes de ello. Además la incorporación de Ramalho nos ha venido bien porque ve el gol con facilidad. En poco tiempo ha marcado cuatro goles y no se le puede pedir más”. El defensor preveía un duelo complicado frente a un Deportivo muy seguro y efectivo lejos de Riazor. “Habrá que tener cuidado porque plantea muy bien los partidos fuera de casa. Tapa perfectamente los huecos y trata siempre de sacar provecho”.

El atacante brasileño focalizaba la atención en las horas previas al duelo. Ximo Ballesta lo confirmó en Las Provincias. “Está recuperado de la pequeña rozadura sufrida que le hizo descansar esta semana”. Nadie dudaba de la titularidad del ariete. Su relación con el gol era notoria. Y el proceso de revitalización experimentado por la sociedad de Orriols pasaba por sus botas. Los servicios médicos del club advirtieron que jugaría con una protección en la parte posterior del pie para evitar las molestias que sufría en el talón. Roberto Álvarez recuperaba efectivos para el postrer encuentro del año. El retorno de Ramalho coincidía con la vuelta de Abad tras cumplir un partido por sanción. Por su parte, Martín estaba aptó para reaparecer después de un mes alejado del verde por un problema de ciática. Únicamente Museros y Latorre, lesionados, se quedaban fuera de la cita que medía la aclimatación del bloque al medio. “La moral es alta entre los azulgranas, mucho más seguros de sí mismos, después de convencer en Valencia ante el Espanyol y Racing de Santander, lo que les hace ver con optimismo el partido ante el Coruña. Todo ello sin olvidar el buen rendimiento mostrado ante Las Palmas donde se dejó un negativo”, puntualizó Ballesta.

En el entorno del Levante no solo trascendía el enfrentamiento ante el bloque gallego. Santos se coló en la fiesta del fútbol para adquirir protagonismo. “Otro goleador brasileño para el Levante”, destacó Las Provincias. “Tiene 21 años, mide 1`86, juega de delantero centro y la pasada temporada marcó 14 goles en el América Brasileño”. El Levante presentaba a un nuevo futbolista a incluir en su vanguardia. La plantilla crecía para asegurar la permanencia. “El compromiso es hasta el próximo 30 de junio con opción a otras cuatro temporadas más como levantinista. El Levante pagará dos millones y medio de pesetas por todos los conceptos de los que un millón será para el futbolista hasta el final de temporada”. El pacto no fue secreto. El jugador tendría un complemento de 300.000 pesetas, si lograba marcar doce goles en el tiempo que restaba de temporada, y si quisiera abandonar la disciplina blaugrana, y acogerse al manido artículo 1006, tendría que pagar cien millones de pesetas. “Estoy convencido de que puedo triunfar aquí”, advirtió Santos para mostrar sus credenciales. “He conseguido catorce goles en la temporada finalizada el quince de noviembre. La Liga se juega por estados y dura cuatro meses. En total, dieciocho partidos”.

Aquellas navidades estuvieron marcadas por la ejecución de Nicolae Ceaucescu y de su esposa y mano derecha, Elena. El ex presidente de Rumanía fue ejecutado después de ser sometido a un juicio sumarísimo ante un tribunal militar. La radio y la televisión rumana difundieron su muerte. Nicolae Ceaucescu y su mujer habían gobernado el país durante 24 años. El culto a la personalidad caracterizó su mandato. La magnitud de una represión feroz y continuada se manifestó en los días finales de su mandato causando entre 60.000 y 80.000 víctimas. Ceaucescu y su mujer, Elena, vicepresidenta del Gobierno y presidenta de la Comisión de Control del partido, fueron pasados por las armas tras una sentencia condenatoria por delitos de genocidio, demolición del Estado y acciones armadas contra el Estado y el pueblo, destrucción de bienes materiales y espirituales, destrucción de la economía nacional y evasión de mil millones de dólares hacia bancos extranjeros. Días antes había prometido un aumento del salario mínimo y de las pensiones. Europa se transformaba. El muro de Berlín había caído. El Comunismo se desmoronaba.

La lluvia no cesaba en Valencia agravando el estado de la cuestión en el prólogo de la cita entre el Levante y el Dépor. Y el pasto del feudo granota se convirtió en una superficie más proclive para la práctica del waterpolo que para la normal disputa de un partido de fútbol en el ámbito de la categoría de Plata. No obstante, Gómez López, árbitro murciano escogido para el envite, dio la señal inequívoca de salida. La noche mágica del 31 de diciembre actuaba de acicate en el consciente de los jugadores que dirigía desde el banquillo Arsenio Iglesias. El viaje de retorno a Galicia podía ser interminable. El veredicto era incuestionable. Había que jugar como remarcaba el técnico foráneo, pero la furia de la tormenta se convertía en un azote. El colegiado decidió que fuesen los clubs quienes afrontaran si se jugaba o no. Imperó la opinión de los representantes del Deportivo. Fue necesario improvisar una pasarela con palets de madera en la zona de acceso al campo para que los jugadores pudieran ingresar en el campo.

El cielo, totalmente en tinieblas, conspiró para que el partido casi se hiciera perenne. La tromba de agua, abusiva, reiterada y cuantiosa no aflojaba. “El primer tiempo fue un simulacro con intentos desesperados de los futbolistas por jugar el esférico”, resaltó la crónica de Las Provincias. No fue el único impedimento que hubo que sortear en una tarde fatídica. La jornada presagiaba emociones fuertes. Y no exclusivamente de índole futbolístico. El fluido eléctrico se derrumbó y se hizo la oscuridad más absoluta. “En el minuto veinticuatro llegó el primer apagón”. Durante veintiocho eternos minutos la negrura se instaló sobre el Nou Estadi. Tras reanudarse el choque, la electricidad volvió a apagar el corazón del feudo azulgrana durante veintiséis minutos más que los aficionados y jugadores soportaron con estoicidad. El partido no parecía tener final. Y la Nochevieja se echaba encima de manera peligrosa.

Fue quizás el encuentro más largo del mundo mundial con una duración cronometrada de dos horas y cuarenta y siete minutos; una eternidad. Venció el Levante, y escaló en la clasificación, aunque la victoria casi fue una mera y simple anécdota ante el tamaño de las vicisitudes e incidentes que enmarcaron una confrontación difícil de olvidar. Era una auténtica quimera mantenerse en pie y tratar de enarbolar un gramo de fútbol. Aquello de centrales abiertos y que el mediocentro bajara a buscar el esférico para iniciar la acción era una aventura imposible. El gol únicamente podía llegar en un lance aéreo aunque hacer volar el esférico era una misión compleja. Martín lo consiguió en la reanudación. Fue el protagonista del partido porque tuvo una capacidad extrema de adaptación desde que saltó desde el banquillo. Desafiando a la lluvia se internó por la banda. Latapia hizo el resto tras cabecear al fondo de la red de Fernando.

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