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LUD 3-1 UCAM

El líder no pierde intensidad en un Ciutat mágico

Levante UD: Oier, Pedro López, Róber Pier, Chema, Toño, Lerma, Natx o Insa (Casadesús, m.46), Campaña (Verza, m.64), Morales, Juan Muñoz y Jason (Montañés, m.79).

UCAM Murcia: Biel Ribas, Tekio, Fran Pérez, Albizua, Góngora, Basha (David Mayoral, m.83), Tito, Pere Milla, Nono (Colantes, m.64), Vicente (Ibán Salvador, m.46) y Jona.

Árbitro: Areces Franco (comité asturiano). Amonestó por el Levante a Campaña, Lerma, Jason y Verza y por el UCAM Murcia a Fran Pérez, Tekio, Ibán Salvador, Basha y Tito.

Goles: 0-1, m.34: Jona. 1-1, m.40, Natxo Insa. 2-1, m.70: Juan Muñoz. 3-1, m.90: Juan Muñoz.

En ocasiones, si no hay emociones hay que buscar la forma de encontrarlas. Quizás algo así debió pensar la mente diabólica de Juan Muñoz para mutar la dinámica de un partido de signo pedregoso y de raíz incierta tras la diana conseguida por Jona en una jugada aérea. Una corriente repleta de fatalismo impregnó la atmósfera del Ciutat de València, pero nada fue eterno. El atacante agitó la confrontación, para cambiar su naturaleza, con una acción que nació desde la fe y desde la convicción del que piensa que no hay imposibles. Tuvo alma de amotinado. Toda la atención quedó concentrada en su figura. Muñoz rebañó un balón en el interior del área universitaria. El tiempo pareció quedar secuestrado. El atacante bailó un vals en una baldosa y brindó con Natxo Insa. El partido regresó a su punto de origen cuando prácticamente acariciaba el ocaso del primer acto, pero era indiscutible que algo había cambiado en relación a su diseño y sentido. El gol despertó del aturdimiento a una escuadra comprometida que hace de la creencia una virtud cardinal, de la pasión una energía para expresarse sobre el verde y del convencimiento un atributo reconocible para encontrar su espacio en la disciplina del fútbol.

Juan Muñoz descubrió una grieta para recomponer el estado anímico del grupo y para hallar un punto de excitación sobre el que construir un nuevo relato. Y no tardó en reivindicarse con la asunción de dos dianas que allanaron el camino del triunfo, pero eso fue otra historia que aconteció en la reanudación del choque que cruzó al Levante y a UCAM Murcia sobre el feudo de Orriols. Quizás haya que dimensionar el sentido que adquiere la enésima remontada conquistada sobre la pradera de la instalación levantinista. Hace tiempo que el Levante escribió su última palabra en la narración liguera, pero ese aspecto, definitorio por todo lo que significa, no le impide manifestarse con convicciones cada vez que se posiciona sobre el pasto. Se trata de un distintivo que caracteriza al colectivo que prepara Muñiz. El empeño y el entusiasmo están presentes en su genética y también en su ADN.

Hay arrebato y también hay vehemencia en los movimientos de los jugadores azulgranas. El bloque destila unión y camaradería y esos componentes resultan más perceptibles en la contradicción. De ahí la capacidad de respuesta ante el gol de Jona. Nadie claudicó. Ni optó por la rendición. Nadie bajó los brazos. No parece una tarea sencilla mudar la naturaleza de un encuentro cuando los desafíos ya están certificados. El hecho acentúa la honestidad de un vestuario compacto, gremial y recio. Nunca hay en el calendario partidos secundarios cuando tratas de adquirir la luminosidad. La mirada de Juan Muñoz advertía del tipo de partido que afrontaba. Su rictus reflejaba trascendencia. No hubo ningún brindis al sol hasta la consecución de las dos dianas que dibujaron el reflejo de la felicidad. El atacante mostró lo más distinguido del catálogo de enseres que caracterizan a su juego, En el interior del área por definición es letal. Lo comprobó el arquero de la escuadra murciana en primera persona.

Muñoz fue su principal pesadilla. Se trataba de aprovechar el hueco dejado por Roger. Imaginó desde el vacío la jugada del primer gol. Y ajustició a su adversario concluyendo sendas contras ultraletales. Ayudó la estela gigantesca de Casadesús. El balear estuvo imperial ubicado en ese universo difícil de desenmascarar para sus rivales como es la mediapunta. El servicio en profundidad del isleño sobre la carrera de Muñoz fue realmente sublime. Casadesús acarició el cuero con mimo. Impactó con el esférico en el instante justo para ajustar la pelota en el punto exacto. Antes, y en plena carrera hacia el marco murciano, su cabeza había entrado en ebullición para hacer mil fórmulas matemáticas con el fin de desafiar al espacio y al tiempo. Los mejores trazos del Levante quedaron fijados en la reanudación de la confrontación. Muñiz reajustó el equipo en el intermedio de la cita liguera con la aparición de Casadesús. El Levante fue más geométrico y mucho más mortífero. La velocidad distinguió sus movimientos. El campo adqurió mucha más amplitud. Otra prueba de un carácter mayúsculo y un nuevo ejercicio de responsabilidad sobre la geografía de un Ciutat de Valencia que destila magia y precisión.

Ciutat de València UCAM Murcia CF LaLiga 1|2|3
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