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Primer equipo
Acquafresca resucita al Levante en Granada
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Con la fe que y el ardor, que caracterizaba a los guerrero mediavales en los instantes anteriores al inicio de la batalla, el Levante se batió en el feudo de Los Cármenes para recuperar un encuentro que parecía marcharse tras el controvertido penalti materializado por Siquiera en la parte central del primer acto de la confrontación. El Levante volvió a evidenciar una capacidad de supervivencia tan superlativa como extrema para sobrevivir en un enfrentamiento que llegó en un momento complejo después de consumar la eliminación de la Liga Europea ante el Rubin Kazan, sin apenas tiempo material para regresar desde Moscú y meterse en otro avión que le trasladó a la ciudad nazarí y con un parte de guerra, tras el esfuerzo  al que se sometió en el Estadio Luzhniki, que alejaba de la cita a jugadores capitales de la talla y del calado de Juanfran, Barkero o Diop. En esas circunstancias, emergió Acquafresca, desde las tinieblas del banquillo, para situarse al frente de la rebelión. El atacante italiano lideró una remontada de coraje y de raza ante un Granada que apretó en firme en los minutos finales; un aspecto que determinó la aparición estelar y determinante de Munúa para mantener inalterable el status quo creado tras la diana del delantero transalpino.

Juan Ignacio decidio mudar la composición del equipo en el choque ante la sociedad granadina. El preparador apenas si tuvo espacio para la preparación sobre el verde del encuentro ante el grupo que conduce Lucas Alcaraz. En ese sentido, el duelo ante Rubin y las distancias entre Rusia y España condicionaron el final de la semana. En algunos casos, las permutas eran obligadas. En cualquier caso, el preparador azulgrana decidió democratizar los esfuerzos y variar la faz del bloque que se aposentó en el Estadio de Los Cármenes. Quizás la principal novedad afectaba a la medular lastrada con la ausencia de Diop por una gastroenteritis. Vyntra dio varios pasos al frente para alinearse a la diestra de Iborra. El central asumió un rol desconocido y lo hizo con la fiabilidad y consistencia que viene mostrando desde su conversión en futbolista azulgrana. El Levante volvió a evidenciar la solidaridad y la fraternidad que le caracteriza como grupo tratando de impermeabilizarse atrás para proyectarse con velocidad hacia los dominios de Toño.

En uno de esos lances Valdo se encontró con un balón caído del cielo en el área nazarí en pugna con Mainz. En su intento por domesticarlo el esférico chocó con la mano del central aunque el colegiado no interperetó voluntariedad o simplemente no vio el impacto del cuero con las manos del defensor. Minutos después una lucha entre Pedro López y Nolito acabó con el joven árbitro señalando el punto fatídico e inequívoco de los once metros. En el vuelo que realizó el balón, y en la lucha entre Nolito y Pedro López, Gil Manzano interpretó que el balón pegó en las manos del lateral derecho. Siqueira no erró ante Munúa. Con suavidad cruzó el esférico al extremo opuesto al punto que trató de cubrir el cuerpo del arquero uruguayo. La movilidad de los atacantes locales generaba problemas a la retaguardia granota aunque las acciones no acababan se concretarse. Nolito y Buonanotte son dos jugadores desequilibrantes aunque, en ocasiones, parecen excesivamente barrocos con el balón pegado a sus pies. El Granada alcanzaba con relativa facilidad el área azulgrana si bien sus acometidas no se transformaban en ocasiones claras.

El Levante resistía atrás, pero fue perdiendo protagonismo en los alrededores de la portería del conjunto de la Alhambra. Juan Ignacio apostó por Acquafresca en el descanso. El italiano mostró sus dotes como anotador cuando apenas si había entrado en acción. El gol vino procedido de una aparición de Iborra por el interior del área. La jugada se convierte en un indicativo de la situación por la que atraviesa el mediocentro. Iborra está activado y se siente con fuerzas para dejar impreso su sello y adentrase por caminos inescrutables. Lo intentó en el primer acto con un potente disparo que pasó silbando la meta de Toño y arrancó hacia los dominios del meta con determinación. Su incursión no llegó a buen término, pero Iborra no se amilanó y se lanzó al suelo para evitar que la salida del esférico fuera diáfana. El rebote llegó a las botas afiladas de Acquafresca. Su exquisito golpeó acabó en las mallas de Toño. No era un remate fácil en cuanto a su ejecución.

El atacante estaba muy escorado, pero el balón tomó la dirección escogida. El gol es un paradigma de las condiciones de Acquafresca; un excelente rematador. Quizás la diferencia entre los goleadores radica precisamente en la claridad para efectuar el remate. El pensamiento del italiano antecedió a la narración del gol que protagonizó. Su mente fue a la velocidad del sonido. Su principal virtud fue materializar lo que había diseñado en su cabeza. La lluvia no cesaba mientras Acquafresca celebraba el gol rodeado por sus compañeros. Es una obviedad el significado y la trascendencia de la diana sobre la conciencia del futbolista. El gol dinamizó al colectivo granota aunque el Levante sufrió el empuje del Granada en los minutos finales de la confrontación. Fue el momento de Munúa. El cancerbero, sobresaliente en todas sus intervenciones, tapió su portería permitiendo que la escuadra granota sumara un nuevo punto muy celebrado en las circunstancias en las que llegó el duelo en la capital de la Alhambra.