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Primer equipo
Acto de supervivencia en el Reyno de Navarra
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Parecía que la noche se cerraba sobre el feudo del Reyno de Navarro. Y no precisamente porque la tarde amenazaba con echarse encima preludiando la oscuridad. El gol de Pandiani era quizás la amenaza más real que se cernía sobre las huestes azulgranas, de elegante azul turquesa sobre el coliseo navarro, más que nada por la situación que planteaba el partido. La muralla granota saltó en mil pedazos cuando el enfrentamiento entraba ya en su ocaso. No parecía nada sencillo regresar a la confrontación, pero el Levante lo hizo. Se presumía un final aristado, pero en el fútbol siempre hay un hueco para la revancha si se analizan los caracteres del gol obtenido por el incombustible Pandiani.

Y Sergio González, un viejo rockero del balompié, demostró su condición y clarividencia al ajustar un balón que bajó del cielo Rafa Jordá y que concluyó acariciando con suavidad las mallas rojillas. Sergio, todo un clásico en materia anotadora frente a Osasuna, como realza su expediente, redimió al Levante en un instante complicado de la cita. Por uno de esos misterios volvió a mojar ante uno de sus favoritos de la Primera División. Es una de las noticias alentadoras que subyace por detrás del duelo. En el capítulo de las virtudes que está exhibiendo la escuadra blaugrana en su brillante retorno al universo Primera División habría que incluir la superlativa capacidad de supervivencia que está demostrando en un territorio y en un cosmos en el que prevalece la hostilidad.

La diana de Pandiani no engulló al Levante aunque la masa social local no preveía un desenlace como el finalmente establecido. La sonrisa trocó con celeridad en una mueca de desilusión y en gritos reprobando las decisiones adoptadas por Camacho. No era fácil regresar, pero el bloque lo hizo apelando a la épica y a la determinación para rescatar otro punto ganador y con un alto contenido anímico. Únicamente los que no confían en sus posibilidades se hunden en el fango. El ADN del Levante no converge con este postulado. La versión azulgrana ha mudado con respecto a la imagen de los primeros duelos. El equipo de aire melancólico y apocado ha dado paso a un grupo de orgullosos guerreros que confían en sus prestaciones. Ese sentimiento de inferioridad latente ha desaparecido.

El colectivo demostró ese perfil en Pamplona. En el arranque pisó con relativa facilidad las inmediaciones del área defendida por Ricardo, si bien es posible que el equipo estuviera carente de un espíritu aventurero mayor para consumar las acciones gestadas. El equipo tuvo personalidad en la medular e intensidad colectiva en tareas defensivas para desbaratar las acometidas locales. Osasuna no engaña. No se siente cómodo si tiene que conducir el balón en exceso y salir en perspectiva desde atrás. No está diseñado para tales menesteres. Prefiere un juego más directo y sencillo. Se encuentra en su salsa si el partido es vertiginoso. El planteamiento era enlazar con Soriano, Pandiani o Arana en la zona de la mediapunta para entablar conexión con el costado a partir de las apariciones de Camuñas y Juanfran.

Como epílogo; balón al corazón del área para que Arana o Pandiani o Soriano volarán por los aires o sacar provecho del rechace con las incorporaciones de los mediocampistas. Osasuna no lograba activar sus mecanismos y el Levante capeaba el temporal. En último extremo surgía Reina. En el Reyno de Navarra aparecía Reina para tejer una tupida tela de araña. El acto inicial se consumió sin apenas apariciones rojillas. El gol de Pandiani pareció cambiar el curso de los acontecimientos. El gol es de aquellos que sodomizan y exasperan a los técnicos. Una clara salida granota concluyó con Pandiani alzando los brazos en señal de triunfo. No obstante, surgió la inmensa figura de Rafa Jordá agrandada en esta etapa en Primera División. Su ascendente es total. El atacante domesticó un balón aéreo de difícil resolución para que Sergio la atacara con todas sus fuerzas sumando el quinto punto del curso.