La mirada perdida de los jugadores granotas, en busca de una explicación que no acababan de encontrar, al abandonar el césped del Coliseum Alfonso Pérez denunciaba la crudeza de los hechos que habían acaecido como funesto colofón a una confrontación que no aventuraba tamaño desenlace tan cruel para los intereses del grupo que prepara Lucas Alcaraz. Los goles fueron cayendo como una losa en la recta definitiva del enfrentamiento para torturar la conciencia de un grupo que fue capaz de negar a su adversario durante algo más de setenta y cinco minutos para caer con ruido en los diez restantes. En ocasiones hay partidos que concluyen dejando una impregnación que no conjuga con los sucesos que acontecieron sobre el terreno de juego. Algo parecido ocurrió en el feudo del Getafe. En cualquier caso, las permutas establecidas por Escribá resultaron determinantes para mutar el sentido del partido. De un plumazo todo cambió en tierras madrileñas. Álvaro celebró su ingreso en el campo con un cabezazo inapelable para Rubén y Buendía siguió esta tendencia con la adquisición del segundo gol cuando apenas si llevaba un corto espacio de tiempo posicionado sobre el pasto. El encuentro murió con el Levante derrumbado por la frustración ante la avalancha de goles encajados, pero el desarrollo, desde un prisma global, del enfrentamiento no siempre siguió este planteamiento. El bloque levantinista inmovilizó a su adversario recluyéndole a posiciones muy alejadas a la portería defendida por Rubén. Fue la tónica que imperó durante buena parte de la confrontación. El Levante movía con cierta soltura el balón en la medular tratando de aprovechar la velocidad por los flancos para sorprender a Guaita. El Getafe perdía ascendente en la zona de tres cuartos del campo. La desconexión era evidente. El bloque del Sur de Madrid se sentía algo desnortado en sus movimientos. La escuadra azulgrana se siente segura en ese tipo de paisajes. No necesita negociar la tenencia del balón para mirar en dirección a la portería contraria. Replegado sobre su perímetro defensivo y entretejiendo una red en la medular, le basta con un fogonazo para guiarse hacia el espacio contrario del terreno de juego. Camarasa sintió el aliento de Noblejas. La acción fue determinante. La pena máxima pareció mayúscula a los ojos de la totalidad del estadio, aunque ni el colegiado principal, ni el asistente de la grada señalizaron una zancadilla clamorosa que posiblemente le hubiera costado a Noblejas la expulsión, toda vez que ya había sido amonestado con cartulina amarilla. El Levante cerrara cualquier punto de fuga por el que pudiera proyectarse su oponente aunque tampoco inquietaba en exceso a Guaita. Una vez más en el nacimiento de la competición liguera el guion obligó a Alcaraz a variar el sistema. La marcha de Trujillo tras recibir un fuerte golpe en el ojo derecho en un lance fortuito supuso la inclusión de Iván López en el carril derecho de la retaguardia. El Levante pasó del 3-5-2 al 4-4-2. El partido avanzaba sin excesivas transformaciones y se adentraba por su segundo capítulo sin apenas variaciones resaltables. Deyverson enmudeció al Coliseum con un violento remate de cabeza que rozó el palo del arco local. Escribá movió el banquillo para incluir a Sarabia. El Getafe fue arrinconando a su rival. Antes Pedro León había buscado con mucha intención la escuadra izquierda de Rubén tras un na colada de Juan Rodríguez. La aparición de Álvaro fue letal. El atacante remachó a la red un centro de Damiàn. Rubén tocó el cuero, pero no logró obrar el milagro. Respondió al gol local Roger con un remate que golpeó en el cuerpo de Guaita. Buendía, también desde el banquillo, y Álvaro ampliaron las distancias en el marcador en el descuento.
Getafe CF:
Levante UD:
Árbitro: Santiago Jaime Latre
Goles: 1-0 Álvaro min 81; 2-0 Buendía min 88; 3-0 Álvaro min 89