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Primer equipo
Ángel reconduce la situación en Elche y el Levante toca la permanencia
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Parecía una quimera que Manu Herrera pudiera estirar los guantes para alcanzar un balón que estaba abocado a besar las mallas locales. Sin embargo, el arquero cruzó toda la geografía de la portería para neutralizar el disparo a bocajarro de Ángel. La grada rugió para enmudecer de inmediato. El esférico quedó inerte en el interior del área ilicitana y Ángel se revolvió con furia para conseguir la igualada. Es muy posible que la diana se convierta en un acto de fe por parte del futbolista canario. Alejado de la primera línea de fuego durante la mayor parte del curso liguero, ni tan siquiera alzó las manos al cielo en señal de gratitud ante el respeto que le merecía su afición de antaño. En el fútbol no hay espacio para el sentimentalismo. El pasado de Ángel le vincula al Elche. Fue el punto de partida para alcanzar la Primera División con la camiseta azulgrana y la temporada pasada festejó el retorno de la entidad ilicitana a la máxima categoría. En tiempo presente su gol frustró a los estamentos franjiverdes y deja en una situación muy complicada al bloque de Escribá. En cualquier caso, la diana condensa el espíritu levantisco de un equipo que nunca se rinde. Boakye había fustigado la mente de Keylor Navas con anterioridad. El cancerbero granota vio con impotencia como el disparo del delantero chocaba en Casadesús y tomaba la dirección del gol.

El Martínez Valero guardó un respetuoso minuto de silencio por la eterna memoria de Tito Vilanova en el prolegómeno de la cita. Hay encuentros que se rebelan ante el formato esperado. Quizás nadie preveía un arranque tan pasional. El partido desarrollaba un alto ritmo muy diferente al pensado en su previa. Desde ese prisma, los caminos que conducen al fútbol son totalmente inescrutables. El enfrentamiento estuvo vivo desde su misma epifanía. Keylor Navas no tardó en aparecer en acción en un disparo tras una colada por la banda de Rodrigues. Y el cuero viajó a la velocidad del sonido para instalarse en el punto contrario del campo. Ángel requirió los servicios de Manu Herrera. Los metas aparecían, síntoma del caudal ofensivo de cada equipo. El encuentro nació sin corsés que oprimieran los movimientos de cada una de las escuadras. Nadie imaginaba un choque con tanta actividad sísmica por los alrededores de las porterías. El Levante suele ser un equipo muy pétreo y sumamente calculador en la toma de sus decisiones. Es un bloque compacto, sumamente organizado y repleto de hermetismo. Es capaz de convertir el verde en un campo de minas y espera con paciencia su oportunidad.

En los choques finales de la competición puede rastrearse el miedo. Hay mucho contenido condensado en los noventa minutos del juego. Y el decenso paraliza las constantes de los jugadores. El Elche nota el aliento de la guadaña. Los indicativos que maneja el Elche, globales y colectivos, no le emparentan con un equipo instalado en la zona baja de la tabla. Es un bloque que trata de manejar y circular el balón. Hay un plan específico detrás de sus desplazamientos aunque le mortifica una acuciante falta de acierto en los metros finales. Rodrigues fue la viva estampa de la impotencia. El extremo se plantó en diferentes ocasiones en las cercanías de Keylor, pero sus resoluciones no fueron acertadas. El Levante suele resistir en este tipo de confrontaciones. Viaja por el alambre y se mantiene en pie con firmenza. No es fácil de conseguir y habrá que valorarlo. Es un superviviente nato como viene demostrando a lo largo del campeonato de la regularidad. Por momentos supo aplacar los ánimos de la escuadra ilicitana y tuvo arrestos para lanzarse hacia los dominios de Manu Herrera, pero paradójicamente la diana del conjunto local llegó cuando menos se esperaba.

Boakye encontró un milímetro para revolverse en el interior del área granota. Su disparo chocó en Casadesús y desnortó a Keylor en su estirada. El gol cambió el semblante del partido, pero no llegó a confundir al Levante que encontró argumentos para aferrarse al enfrentamiento. Ángel estaba sobre el verde preparado para aceptar el desafío que afrontaba, pese a que era su estreno como titular en el ejercicio 2013-2014. En realidad, lo venía anunciando desde el nacimiento del partido. Ángel estuvo muy metido en el duelo desde el momento en el que el balón echó a correr sobre el tapate verde. El atacante comandó y canalizó la mayoría de las acciones ofensivas de su equipo. La motivación en este tipo de partidos permite difuminar otros aspectos como aspectos físicos relacionados con inactividad o la falta de minutos. Ángel lanzó diferentes avisos hasta que se citó cara a cara con Manu Herrera hay en la segunda parte. Fue la fe lo que le condujo al gol después de revertir un remate inicial que ventiló Manu. Y la fe y la convicción son componentes emocionales de un equipo que acaricia la permanencia en la máxima categoría por quinta temporada consecutiva.