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Primer equipo
Bale rasga las ilusiones granotas (2-0)
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Quizás aparezcan batallas más excelsas y con mayor enjundia y calado sobre el horizonte que marca el devenir de la competición liguera para el Levante. No hay que alzar mucho la vista, ni desplazar en exceso la mirada para encontrar el rastro de la confrontación mayúscula ante el Real Celta en el Ciutat de València del próximo fin de semana con la lucha por la supervivencia en la máxima categoría en su versión más cruel y despiadada. Es evidente que el feudo de Orriols adquiere magnitud en la narración de la Liga. Su impacto puede ser determinante en el desafío que delimita la permanencia. El sábado vuelven a brillar tres puntos que deben alimentar las esperanzas y el granero granota después de la derrota saldada en el Santiago Bernabéu. Subyace una lectura cuantitativa, pero también cualitativa por detrás del choque ante el bloque gallego. No hubo épica, ni un heroico acto de fe sobre el verde de un escenario que se anunciaba del todo infranqueable, pese a los postreros y funestos resultados obtenidos por la escuadra blanca en la competición doméstica con traslación hacia la Liga de Campeones con la puesta en escena y el impacto que significó la victoria del Schalke. Había vientos huracanados que podían deparar una situación tormentosa, pero el partido se rompió muy pronto.

Tembló el Levante con un disparo al palo de Cristiano Ronaldo desde el interior del área azulgrana. Fue quizás una premonición de lo que podía acontecer sobre la pradera durante la evolución de la cita. El duelo se disputó en una angosta franja del coliseo madrileño. La mayor parte del relato futbolístico tuvo como epicentro las inmediaciones de la zona que defendía Mariño. Y es incuestionable lo que ese aspecto significa en un escenario de las dimensiones del Bernabéu; el Levante sufrió las embestidas de su adversario, principalmente durante el primer acto. Se debate con fruición acerca de la naturaleza de la Liga BBVA, con las sobresalientes distanciadas impuestas, en virtud de las desigualdades económicas existentes entre sus integrantes, y se polemizaba en los prolegómenos del choque sobre el estado de forma del Real Madrid, fundamentado en virtud de sus últimos movimientos, y también sobre la hipotética reacción de la grada, pero la noche fue plácida. No hubo excesivos sobresaltos. Keylor Navas regresó al marco madridista para enfrentarse a sus antiguos compañeros.

Fue una de las notas con picante en los albores de la confrontación. Sergio Ramos retornó al equipo. Es uno de los líderes del colectivo de Ancelotti y alzó la voz desde antes del inicio del enfrentamiento, mucho antes de que empezara a correr el cuero por la superficie del césped, aunque habría que acentuar el orden impuesto por Modric y su extrema capacidad para agrietar las líneas enemigas. Bale aprovechó una acción algo embarullada en el área blaugrana para cambiar el sentido del encuentro. Empaló un balón que caía del cielo sin dueño para clavar el esférico al fondo de la red visitante. No hubo variaciones sustanciales en el guion establecido. El Madrid merodeaba con peligro por las inmediaciones del perímetro defensivo azulgrana, mientras que al Levante le costaba engarzar su juego. De hecho, no logró aventurarse por las cercanías de Keylor hasta los minutos finales del primer capítulo. Xumetra e Iván decidieron amotinarse al orden impuesto por el costado derecho del ataque granota.

El resultado fue una sucesión de saques de esquina sobre el arco del meta de Costa Rica, si bien en ese instante de la cronología la ventaja local había aumentado tras el disparo de Ronaldo que silbó en la bota de Bale. Fue un gol con algo de fortuna. De nuevo apareció en la génesis Modric para encontrar una rendija, en un lanzamiento de falta, y poner el balón en los borceguís de Carvajal. En el Santiago Bernabéu los errores se penalizan sobremanera. El encuentro estaba direccionado por más que el Levante trató de mudar su registro en la reanudación. El grupo azulgrana se sentía dentro del partido, pese a los dos goles encajados, sabedor que podía regresar a la confrontación si era capaz de batir a Keylor. Tuvo orgullo en una reacción inconclusa. En esa fase quedó una inimaginable espuela de Benzema que chocó en la cruceta de Mariño.