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Primer equipo
Ballesteros consignará ante el Espanyol 75 batallas con el Levante en Primera División
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Setenta y cinco batallas con el escudo granota cercano a su pecho, setenta y cinco apariciones por el resplandeciente firmamento de la Primera División con el brazalete que le unge con la condición, incuestionable, de capitán y setenta y cinco poemas porque cada confrontación esconde y contiene en esencia algo de poética por el ardor y la fe inquebrantable que pone en cada una de las acciones rubricadas con la elástica azulgrana pegada a su poderosa piel. Sergio Ballesteros cumplirá setenta y cinco partidos con la entidad levantinista en el marco de la Primera División esta tarde en el momento en el que el balón comience a rodar por el exquisito e inmaculado césped del Estadio Ciudad de Valencia. Y dudar de su comparecencia se antoja una quimera. El duelo entre el Levante y el Espanyol contextualiza esta cita que supera el innegable valor estadístico que presenta. Nadie, en el tiempo más presente, acumula tantos partidos en el marco de la elite en apenas dos temporadas si se escruta la relación que se establece entre el universo de la Primera División y el Levante con la excepción de Antonio Calpe quien disputó cincuenta y siete entre los cursos 1963-1964 y 1964-1965 en una Liga con treinta confrontaciones.

Y la presencia de Sergio Ballesteros no parece tener límites como si tratara de conquistar la eternidad. En ese sentido, los números que maneja el zaguero son realmente escandalosos. El retorno a la máxima categoría del club, en el año del centenario, coincidió con el regreso del futbolista a un espacio que no le era especialmente desconocido partiendo de su currículum personalizado con recorrido por todos los puntos cardinales de la Península Ibérica. Bajo el influjo de Luis García su figura apareció para adquirir luminosidad en treinta y cinco de las treinta y ocho alineaciones iniciales. Y una temporada más tarde, con Juan Ignacio Martínez como conductor del banquillo blaugrana, inclusive mejoró los dígitos anteriores aquilatando treinta y siete comparecencias ligueras. Ballesteros trufa este ciclo de enfrentamientos con la adquisición en propiedad de dos goles, pero el sótano más oscuros de la mera estadística no esconde el halo brillante que adquieren un puñado de imágenes que reposan en los contornos de la memoria de los distintos estamentos que dotan de identidad al levantinismo.

Desde la meteórica carrera ante Ronaldo, los duelos titánicos frente a los goleadores más exigentes de la Liga BBVA, o sus arreones espirituales desde las catacumbas de la zaga, hasta regresar al Ciutat de Valencia para recordarle en el epicentro de los fastos por la consecución de la Europa League tras el notable triunfo ante el Athletic de Bilbao. Su ascendente parece ciertamente incuestionable en este serial de confrontaciones. Y su dimensión parece colosal dentro del ecosistema que conforma el grupo que jugadores que defienden por tercera temporada consecutiva la estela del Levante en el complejo y hostil mundo de la Primera División, pero detrás de esa figura pétrea que podía haber esculpido un genio del Renacimiento como Miguel Ángel surge un futbolista de moral comprometida que parece ofrecer su mejor respuesta ante los retos más osados y complicados.

Y el Levante parecía un desafío extremado. Es una norma inquebrantable desde que decidiera volver al punto de origen que le catapultó como futbolista profesional. Fue en el período estival de 2008 con un Levante repleto de incertidumbres en torno a su futuro y a su condición en el ámbito de la categoría de Plata. Superada la frontera de los treinta años, Ballesteros se negó a convertir el ocaso de su carrera en una despedida sin picante ni pasión. En la secuencia comprendida entre septiembre de 2008 y 2012 un torbellino de emociones ha liberado el yugo de las pasiones azulgranas. Es como un torbellino sin final. Un ascenso a Primera División, una permanencia histórica, firmada en Mestalla, y el asalto a la Vieja Europa en un club que no parecía programado para tales lances muestran su condición de irreductible. Un descollante recorrido sintetizado en setenta y cinco partidos que aumentarían si se contabilizara la pisada del gran capitán en Segunda División en los cursos 2008-2009 y 2009-2010 hasta superar los 150 duelos.