Era una amenaza en toda regla y real desde la consecución del hat-trick obtenido en el Estadio Juegos del Mediterráneo de Almería. Aquella tarde David Barral hechizó el gol e inició un vuelo feroz y directo hacia la cumbre donde reposan los máximos artilleros de la entidad levantinista siempre en el marco exclusivo de la Primera División. De hecho, el atacante azulgrana, al calor de las dianas obtenidas en una victoria trascendente, empezó a mirar por el espejo retrovisor a atacantes míticos con connotaciones casi bíblicas en la historia de la institución de Orriols en el ámbito de la elite. Barral emergió de Almería con el balón en propiedad y firmado por la totalidad de la expedición blaugrana y apuntando hacia el registro que Riga había conseguido durante las temporadas 2006-2007 y 2007-2008. Los diecisiete goles del atacante de origen ganés, aunque nacionalizado holandés, le mantenían encumbrado en el ático de los principales goleadores.
No obstante, Barral aparecía como su ilustre lugarteniente con dieciséis dianas y desafiando unos guarismos fijados en la franja intermedia de la primera década del tercer milenio. Y por el horizonte surgían nueve batallas para escribir un nuevo relato en materia anotadora. Y la espera no fue eterna. Barral amansó un balón en las inmediaciones del área del Córdoba, abrió sobre la incorporación de Víctor Casadesús y comenzó una carrera mortal que concluyó con un ajustado golpeó con su pierna izquierda que besó la red foránea. La entente entre Barral y Casadesús rozó prácticamente la perfección. La complicidad que comparten allende las fronteras del verde se materializó en las cercanías del punto de penalti de Juan Carlos.
El futbolista mallorquín dibujó un pase matemático que surcó el viento de Orriols y planeó entre dos defensores rivales para alcanzar las botas del ariete andaluz. De ese instante Barral comparte espacio junto a Riga. Y desde ese momento nace un reto de mayor calado; registrar en solitario la cota más alta que recoge los movimientos de los goleadores más acreditados con la casaca granota en la Liga BBVA. La epifanía de 2015 ha coincidido con un repunte goleador de Barral. Hay cianuro en sus piernas y destreza y habilidad en su mente para desenmascarar y descubrir el intrincado camino que conduce al gol. En esta secuencia, comprendida entre enero y finales de abril, trufa su expediente con nueve goles. Su ascendente es cuantificable en tal capítulo siempre en el espacio acotado del campeonato de la regularidad.