Era una evidencia. Parecía una cuestión de tiempo que Felipe Caicedo asumiera la condición de principal anotador en una temporada con la elástica azulgrana borrando del mapa de los registros los diez goles que Pepín conquistó diseminados por las treinta jornadas del curso 1963-1964 en la temporada que el Levante estrenó su condición de primer divisionista. Quizás Valls, testigo de excepción de aquella efeméride, porque parte de aquellos goles llevaban como raíz una asistencia suya, rememorara aquellos días de gloria de la sociedad azulgrana observando los movimientos de la pantera negra en el choque que esta tarde ha enfrentado a dos de los equipos en los que despuntó como futbolista profesional en los años sesenta. Pasado y presente. En el enorme corazón de Valls late con virulenta fuerza el nombre del Levante. Y en el corazón de Caicedo late con una frecuencia mayúscula y superlativa el gol.
El cronómetro avanzaba hacia el minuto veintiséis del duelo ante el Espanyol cuando Felipao volvió a ver un espacio allá donde no parecía existir. El atacante ecuatoriano hizo un ejercicio de interpretación avanzándose al defensor y a Kameni para rematar a la red. Caicedo encontró una grieta donde no parecía existir ni tan siquiera una pequeña rendija. El resto fue rubricar una faena que podría calificarse de funcionarial ante la reiteración de capítulos a lo largo de la presente campaña liguera; remate de cabeza y undécimo gol en su expediente particular que le eleva a los altares de los máximos goleadores en azulgrana de la historia de la sociedad en el Olimpo de los Dioses. Nadie ha enlazado tantas celebraciones consecutivas en un mismo ejercicio. Pepín, con diez goles, y Riga con nueve, ocupan dos lugares de privilegio, pero ya reposan por detrás de la enorme figura del ariete ecuatoriano.
Caicedo ha asociado su nombre al partido número cien del Levante como local en la elite y a la novena victoria de la temporada. En realidad no es un hecho novedoso la entente que ha establecido con el campo de Orriols durante el desarrollo del presente ejercicio de la Liga BBVA. En cierto modo, Caicedo ha obtenido la concesión del monopolio del gol en Orriols por encima del ascendente o el nombre de sus adversarios. Esa prerrogativa le permite administrar un bien tan preciado en el fútbol como es el gol. Caicedo ha hecho de la instalación granota un feudo de su exclusiva propiedad. El reino de sus sueños y sus festejos. Aquí ha adquirido la pátina de brilla que parecía oscurecerse y la condición de eterno porque siempre permanecerá en la memoria del levantinismo. Ante el Espanyol dibujó su décimo gol entre los muros del coliseo blaugrana. Únicamente goleó como foráneo en Gijón. Villarreal, Real Sociedad, Racing de Santander, Atlético, Athletic, Getafe, Almería, Osasuna y Espanyol han sufrido los acometidas de Caicedo.