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Primer equipo
Caicedo y Sergio remontan el gol de Morales (2-1)
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Llovía con fuerza sobre Barcelona cuando el partido entre el Espanyol y el Levante descorría su telón, como si la historia quisiera recordar los hechos acontecidos hace más de cincuenta años cuando el Levante estrenó su condición de primerdivisionista en el extintó Sarrià. Diluviaba con virulencia sobre el feudo españolista y no era un hecho anecdótico porque estaba escrito en el guion del duelo que la tromba de agua podía condicionar el desarrollo y la evolución de la cita. Llovía con pesadumbra y  se presagiaba una confrontación épica con dos equipos dispuestos a vaciarse, hasta dejarse el alma, sobre el verde en busca de una victoria redentora. Los estados de ánimos eran contradictorios, pero el espíritu y la esencia suelen conjugar cuando un partido comienza. Un triunfo para recuperar una estabilidad, que parecía extraviada, o una victoria con el fin de reafirmar la credibilidad alcanzada en las últimas semanas. Lo cierto es que el partido, de pronóstico incierto durante su recorrido, fue intenso y musculoso y cruzó a dos entidades que desafiaron las adversas condiciones climáticas para alcanzar un triunfo que se quedó en los margenes del Power8 Stadium. Quizás el Espanyol interpretó mejor la coyuntura para aclimatarse a las particularidades del encuentro. Morales sembró la duda inicial, pero Caicedo y Sergio confirmaron el veneno que la escuadra que prepara Sergio González acumula en la zona más determinante del campo para confinar las ilusiones azulgranas. Y allí, en ese espacio, Sergio García es devastador.

No había armisticios. La lluvia no amainaba. Y lejos de cesar, aumentaba sus amperios. Se sabía que se enfrentaban dos equipos de músculo fuerte y recio; de hueso duro y de mirada retadora. Dos bloques más pragmáticos que estéticos; más prácticos que voluptuosos con el cuero; más ascéticos en sus movimientos que hedonistas. De voltaje sumamente elevado. Esos son los componentes básicos para concordar con la victoria. Lucas Alcaraz trata de inocularlos entre sus pupilos. Y el aguacero no hacía más que potenciar esos aspectos que podían tener una importancia superlativa en el diseño de la confrontación. La pradera convertida en una  piscina no dejaba señales inequívocas. Controlar el esférico se convertía en una auténtica quimera para cada futbolista. Y esa tendencia se acentuó al paso de los minutos. El Espanyol penalizó este tipo de actuaciones.

Dos balones sin dueño en la medular granota acabaron anclados en el fondo de las mallas de Mariño. Caicedo aprovechó una colada de Lucas Vázquez y un rechace con fortuna para ajustar el balón al palo largo. Minutos después, una cabalgada de Sergio se incrustó en la meta granota. Sergio demostró que no necesita formalizar una estrecha alianza con el fútbol para capitalizar un encuentro. El atacante ganó la línea del área para sacarse un latigazo inapelable. Sergio es un jugador capital con capacidad para incidir en la evolución final de una confrontación. Puede transformar un partido con una aparición. Y su estela genera una sensación inequívoca de peligro. Caicedo y Sergio, dos jugadores con gen azulgrana en el pasado, mudaron notablemente el sentido de un choque que parecía domesticado por el grupo azulgrana. El Levante ha ganado en practicidad en los últimos tiempos. No es un dechado de virtudes, pero sabe lo que quiere. Trata de no meterse en aventuras inabordables y se aleja de los artificios. El balón corre hacia los costados o alimenta las continuadas caídas de David Barral por las cercanías del perímetro defensivo rival.

En Barcelona explotó el juego aéreo. Morales rebañó una acción que nació a partir de un saque de esquina de Ivsanchizt que voleó con rabia Navarro. Casilla rechazó el esférico y por allí surgió Morales para dirigirlo sutilmente a gol. Casadesús pudo ampliar la distancia tras un error del arquero local, pero su disparo no alcanzó la portería. Después mostró lo mejor de su repertorio para remachar un lanzamiento de Ivanschitz. Casadesús ejercicio de invisible; algo que hace con frecuencia. Se coló por el segundo palo para materializarse y tocar lo suficiente para desviar el balón a gol. Sucedió que el asistente invalidó la acción por fuera de juego y el colegiado mantuvo este criterio que la televisión desnudó. La lluvia persistía y el Levante apeló a la heroica para rescatar un punto que acarició con Morales. Ya en la reanudación, cazó un balón aéreo que no precisó y ajustó en exceso su remate tras encontrarse solo ante la portería blanquiazul sin más equipajes que el gol.