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Primer equipo
Caicedo y Stuani; los dueños del gol azulgrana en el regreso a Primera División
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Quizás sea el instante supremo. Y el apogeo de la disciplina del fútbol. Y hasta es posible que sea la máxima justificación y la glorificación dentro de la guerra simbólica que se establece en el interior del terreno de juego entre dos equipos adversarios que compiten con vehemencia por la gloria que asoma del triunfo. Si el gol se manifiesta como la esencia cardinal del juego, resulta incuestionable que Caicedo y Stuani se sitúan en el panegírico de los anotadores del Levante en la aventura emprendida por la sociedad levantinista por el cosmos de la Primera División del curso 2010-2011. El atacante ecuatoriano y su homónimo uruguayo lideran la cruzada de gol dentro del grupo que conduce Luis García desde el banquillo. Hay una reverencia que comparten por la adquisición del gol.

No se trata de acentuar únicamente su influencia por el reflejo brillante que todavía centellea del enfrentamiento que el pasado domingo midió al Levante y al Racing de Santander en el Estadio Ciudad de Valencia solucionado a partir de las apariciones fulgurantes de los actores del gol por las inmediaciones del perímetro defensivo que trató de acordonar, sin excesivo éxito, Toño y el resto de los defensores cántabros. Hay mayor profundidad y calado por el tonelaje y la gravedad que adquieren los registros obtenidos después de dos meses de dura competición conjugado los partidos de la secuencia liguera y la eliminatoria de octavos de Final de la Copa del Rey. Compete a la estadística, gélida y glacial, en ocasiones, aunque caliente y determinante por la información nutriente que aporta, enfatizar este ascendente que reparte dividendos tangibles sobre el colectivo.

Caicedo y Stuani comparten espacio y dígitos. Han celebrado con profusión cinco dianas, contabilizado la huella del Levante entre la Liga y la Copa. Es decir; suman diez goles entre los dos (Stuani tres en Liga y dos en Copa y Caicedo cuatro y uno). Y el cómputo general del Levante se marcha hasta los diecisiete obteniendo el monto resultante de los trece tantos del expediente del torneo de la regularidad y los cuatro obtenidos en el formato copero. En términos porcentuales, Caicedo y Stuani abrazan más del sesenta por cien de la totalidad de las dianas del curso en pleno recorrido. La cifra es sumamente reveladora de su embrujo. Son los dueños del gol tras catorce partidos oficiales disputados desde finales del pasado mes de agosto. “Juntos somos dinamita”, advierte sin caer en el misticismo el goleador uruguayo cuando se le cuestiona por el influjo de su compañero de oficio. Hay hechizo entre ambos.

Y el capítulo de las alabanzas no concluye ahí. “Me siento muy bien y muy cómodo jugando con Felipe”. Y surge un deseo. “Ojala podamos seguir haciendo estos partidos”. Cristian se refiere al duelo ante el Racing finiquitado por la vía de la celeridad con goles que unifican sus destinos. Esta loa no es propiedad en exclusiva del atacante uruguayo. El sentimiento es mutuo. Los cumplidos vienen desde el otro héroe del gol. Hay una interpretación conjunta y sólida de la partitura anotadora. “Hay feeling entre nosotros”, manifestó Felipao el lunes post-partido en la sala de prensa de Buñol ante la entidad norteña. “Estamos muy compenetrados. Nos entendemos muy bien porque nos ayudamos mutuamente sobre el campo”. Si existía algún atisbo de debate sobre su afinidad y entendimiento quedó rasgado al ritmo del gol. “Somos compatibles y lo demostramos”. Palabra de Felipao.