Carlos Caszely capitalizó los instantes previos al duelo que reunió al Levante y al Valencia sobre el verde de Orriols. El atacante chileno puso la maquina de los recuerdos en plena marcha para regresar a los primeros años setenta cuando se comprometió con la escuadra azulgrana en una aventura que le permitió cruzar la frontera que distanciaba el futbol sudamericano del que se disputaba en la Vieja Europa. Bajo una fina cortina de agua, al igual que aconteció en la jornada que significó su debut con la elástica blaugrana ante el Sabadell, saltó desde el túnel del vestuario para recibir un caluroso tributo por parte de la afición levantinista.
Caszely, que aterrizó en el Levante tras soprender al mundo en las filas del prestigioso Colo Colo, pervive en el imaginario de los estamentos azulgranas. Auténtica leyenda del balompié chileno, participó en los Mundiales de 1974 y 1982, y dejó impreso su sello en su estancia en la entidad que presidía Manuel Grau Torralba. Fueron dos cursos, 1973-1974 y 1974-1975, que trufó con cuarenta y un goles y con infinidad de endiabladas acciones con el balón pegado a su pie que las mentes de los seguidores azulgranas más veteranos no olvidan.
Desde la entidad granota puso rumbo al Espanyol, en el marco de la Primera División, para regresar a Chile con el fin de enrolarse de nuevo con Colo Colo y poner punto y final a su extaensa carrera en 1987 tras defender el escudo del Barcelona de Guayaquil. Caszely realizó el saque de honor y disfrutó desde la zona noble del que fue su estadio de la sobresaliente victoria que las huestes de Lucas Alcaraz consiguieron ante el Valencia merced a los goles de Casadesús y Morales que enjugaron la igualada obtenida por Parejo ya adentrados en el relato de la segunda parte de la confrontación.