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Primer equipo
Cinco años con Iborra en la primera plantilla
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Todo empezó un frío domingo de enero de 2008 cuando la megafonía del Estadio Ciutat de València anunció el ingreso en el campo de Vicente Iborra. El futbolista adscrito a la cantera y al entorno del filial cruzó su mirada con los ojos de Pedro Léón. El mensaje entre ambos fue breve. Un protocolario saludo para desear los máximos parabienes al futbolista que pisaba el feudo del Ciutat de València en una confrontación vinculada a la Primera División. Enfrente estaba el Real Madrid de Bernd Schuster. Iborra recorrió el campo para ubicarse en la mediapunta, cerca del corazón de la portería defendida por Casillas, con la misión de abastecer y surtir de balones a Riga. Aquel enero de 2008 fue especialmente revelador para el jugador de Montcada. Apenas unos días antes había sentido el pálpito inherente a las emociones que significa el debut con la elástica del equipo blaugrana  en un partido vinculado al formato de la Copa del Rey. El epicentro de la acción se desarrolló en el Coliseo Alfonso Pérez Muñoz en Getafe.

En ambos casos, Di Biassi actuó desde el banquillo como eje vertebrador de los sueños de un joven futbolista, atrapado por el fútbol, y aferrado a una idea con convicción, que fue superando peldaños y dando pasos firmes en las categorías menores de la sociedad azulgrana. Vicente Iborra dispuso ante el Real Madrid de veintidós minutos para comenzar a desentrañar con sigilo los secretos de la máxima categoría. Han pasado cinco largos años del desarrollo de aquellos acontecimientos dirimidos sobre el verde de Orriols. Un quinquenio después parece totalmente asentado en este ecosistema en estrecha consonancia con el destino del Levante. Y no parecía una misión sencilla de cumplimentar para las dos variables en enero de 2008. El Levante del ejercicio 2007-2008 caminaba de forma tortuosa por ese espacio. Su suerte parecía decidida. Y la incertidumbre turbaba su futuro hasta oscurecerlo. Paradójicamente en tiempos de crisis surgió la semilla de una esperanza que fructificó en el caso que ejemplifica Iborra.

Los problemas y las disensiones propiciaron un decidido trasvesa desde el filial, que competía en Segunda División B, hacia el universo de la Primera División. Iborra compartió experiencia con Saúl, Reina, Armando o Pepe Pla. El Levante se reinventó como inquilino de la categoría de Plata e Iborra fue consolidando posiciones como integrante del primer equipo. Ya no hubo una mirada atrás. Ni un flujo constante entre los dos equipos más representativos. Iborra mudó en dirección hacia el vestuario del Levante decidido a aquedarse. No obstante, la consolidación convivió con un proceso de reconversión que acabó con su aterrizaje en el eje de la medular. Desde la mediapunta dio un paso atrás para convertirse en el propulsor del juego azulgrana desde la sala de máquinas. No fue fácil el camino y no desfalleció. En el recorrido, tuvo que persuadir a la grada del Ciutat. En junio de 2010 experimentó la emoción del ascenso a Primera División. Después sintió la frustración que acompaña al lesionado.

Hasta enero de 2011, todavía con Luis García en el banquillo, no accedió a los terrenos de juegos tras superar distintas lesiones que marcaron un prolongado ostracismo. Desde entonces su crecimiento es imparable. Con el común denominador de la Primera División, se produjo un cambio en la dirección del banquillo y una variación drástica del Levante en su devenir por la máxima categoría. Con Juan Ignacio mantuvo su ascendente. Y dejó impresa su huella en la consecución del liderato y en el ingreso definitivo en la Europa League después de un curso excelso desde un prisma colectivo y personal. Los números y la estadística que maneja avalan este comportamiento. Presente en diecisiete de los diecinueve partidos disputados en el presente en Liga, y con el gol entre sus principales armas, se marcha hasta los ochenta enfrentamientos en Primera División.