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Primer equipo
Copa de La República. Capítulo II. El Levante aplasta a sus rivales en la liguilla y alcanza la condición de finalista como líder
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El domingo 7 de junio de 1937 era la fecha escogida. El feudo de Vallejo descorría una vez más el telón futbolístico para dar acogida al formato de la Copa de La República, el último torneo disputado durante la secuencia competitiva del ejercicio 1936-1937. El Levante atravesaba, de manera sumamente decidida, el umbral de coliseo de la sociedad gimnastiquista, tradicionalmente un espacio totalmente refractario a sus intereses en el plano deportivo, para defender con uñas y dientes la condición de local. El rastro que había dejado en la Liga del Mediterráneo incrementaba sus probabilidades de éxito. La escuadra marina, con la incuestionable aportación de un puñado de futbolistas procedentes del Gimnástico, inauguraba la secuencia competitiva frente al Gerona. Los pronósticos en los días previos al duelo advertían de la posibilidad de encontrar un partido abierto entre dos adversarios parejos.

El resultado definitivo, a la conclusión de los noventa minutos, demostró esta paridad. El Gerona y el Levante no encontraron las claves para ajusticiar a su adversario. La igualada marcó un choque abierto. Por su parte, el Valencia conquistó en la morada del Espanyol. “Convengamos que los cuatro equipos que juegan la competición son muy nivelados y que de la misma manera que el Valencia ha de hacer pesar mucho el triunfo logrado en Sarrià, también el empate obtenido por el Gerona en Valencia ha de serle muy beneficioso en todos los aspectos”, advertía a modo de conclusión El Mundo Deportivo a la finalización del round inicial. No obstante, y en clave levantina, el epílogo del partido materializado ante la entidad gerundense era el germen del que brotaba una nueva confrontación repleta de misticismo. Y ese aspecto lo compartían los enemigos.

El Valencia desafiaba al Levante en Mestalla. La tradicional superioridad del club blanquinegro parecía mudar en las últimas fechas en beneficio de la sociedad blanquiazul. Los jugadores levantinos entraron de estampida en la batalla de Mestalla. La superioridad fue incuestionable (0-4). El Levante se ciñó la corona de líder de la clasificación, una propiedad de la que ya no se deprendería durante el desarrollo de la competición. Hasta el postrer minuto defendió ese estado logrando la capitulación de sus enemigos. El triunfo inapelable ante el eterno rival conjugó con otra demostración de poderío y de fútbol “científico” frente al Espanyol en Vallejo. El team victorioso del campeonato regional en Cataluña sucumbió en Vallejo con persuasión (4-1). Ocho goles en dos confrontaciones que encumbraban a los equipiers del Levante en lo más alto de la clasificación cuando estaba a punto de estrenarse el segundo capítulo del torneo.

“El Levante ha terminado la primera vuelta de la Copa de España Libre sin conocer la derrota. Un empate ante el Gerona y dos aplastantes victoria sobre el Valencia y el Espanyol han sido sus actuaciones hasta el momento las cuales consolidan su magnífica ‘perfomance’ colocándose casi como indiscutible líder”, resaltó el Mundo Deportivo. La maquinaria levantina estaba totalmente engrasada en los albores de julio de 1937. Su engranaje era macizo. Era un bloque sólido y distinguido; una auténtica amenaza para cada uno de sus contrincantes a los que engullía. Y el Levante mantuvo la firmeza de su zancada en las jornadas decisivas del trofeo. La Final no parecía evanescente. El empate en Vista Alegre, campo del Gerona, no mermó los ánimos marinos. Al contrario, sus constantes vitales estaban alteradas. El Valencia volvió a surgir amenazante, pero, en esta ocasión, las tornas habían permutado respecto al choque anterior entre ambos.

El Levante era el leader indiscutible con la suma de ocho puntos mientras que el conjunto blanquinegro se posicionaba por detrás con cinco dispuesto a enjugar la distancia. Una auténtica quimera a la vista del desarrollo del derbi de la ciudad (6-2). “Gaspar Rubio realizó un juego brillantísimo”, rezaba uno de los titulares de El Mercantil Valenciano en la jornada de después de la épica demostración levantina. “Los valencianos perdieron su moral, incomprensible en un once de su clase, a los dos minutos de juego con motivo de marcar el Levante su primer gol por obra de Botella al aprovechar una indecisión de la zara merengue”, añadía el Mercantil. “Gustó el juego brioso, lleno de aciertos de todo el equipo levantino”. La sociedad conformada por Gaspar Rubio y Botella fue ilimitada a tenor del terror provocado sobre los defensores del club de Mestalla. Martínez se sumó a los fastos con la consumación de un hac-trick.

El Valencia claudicó y el Levante confirmó su condición de finalista en una tarde voraz y feliz para los suyos. Los acontecimientos que se sucedieran en la última jornada en Sarrià resultaban de todo testimoniales. Los números, espectaculares y reveladores, tenían hechizo y el Levante en la jornada que cerraba la competición copera únicamente tenía como objetivo vislumbrar al adversario al que se enfrentaría en el partido decisivo en el coliseo de Sarrià. La derrota en Barcelona no desfiguró la mirada de un equipo que conocía el oficio del fútbol y que contaba con argumentos de enjundia para alzar tan preciado título. El team se sentía invulnerable como no tardaría en demostrar.

Último capítulo; el Levante campeón de la Copa de La República tras inyectar veneno letal al Valencia.