Resistió el Levante con la fuerza de un titán en el Estadio Santiago Bernabéu hasta que el cronómetro se posicionó sobre el minuto 43 del primer acto; fatídico minuto para el levantinismo. En un balón que caía del cielo de Madrid, Iborra enfiló el camino de los vestuarios. Segunda amarilla, por acunarla con las manos, según criterio del colegiado, penalti que transformó Ronaldo y punto y final al sueño granota que había nacido en el amanecer de la cita tras lel cabezazo ganador de Cabral. Iborra marchó del campo, pero siguió resguardando su espacio Sergio Ramos. La patada por detrás del defensor sevillano sobre Del Horno, en el interior del área de Munúa, se quedó en simple cartulina amarilla. El enfrentamiento cambió y Ronaldo en la reanudación materializó la remontada, aunque restaba la lección de coraje y orgullo personificada en la cabeza de Koné. La contra mortífera entre Koné, Valdo y Serrano propició unos instantes de incertidumbre que Beneza mutiló.
Primer equipo
Coraje y orgullo en el Santiago Bernabéu