Es incuestionable que prevalece una estampa en el imaginario colectivo del estamento levantinista cuando se trata de contextualizar los duelos entre el Levante y el Xerez disputados en tierras andaluzas. La tarde del sábado cinco de junio de 2004 sigue siendo de imborrable recuerdo en la fértil memoria azulgrana. El Levante emergía desde las profundidades de un océano de lamentaciones para regresar a la orilla de la Primera División después de cuarenta años. El itinerario fue prolongado y no estuvo exenta de serias y graves contradicciones, pero los goles de Reggi y Rivera alumbraron un camino que pretendió torcer Canito tras fusilar a Mora desde los once metros. Aquel penalti transformó el espíritu de un Levante atormentado hasta ese instante de la confrontación. No es una paradoja. El alma indómita de la escuadra que preparaba Preciado se materializó tras la diana local. Descarga capitaneó la reacción con una colada de raza ante la meta de Unanua. Fue el preludio a una resolución de partido épica que coronó al grupo en la cima de la categoría de Plata.
Javi Peña mantiene las esperanzas de permanencia en el curso 2001-2002
La jornada treinta y siete de la temporada 2001-2002 reunió al Levante y al Xerez en el Estadio de Chapín. Era un duelo de caracteres totalmente contrapuestos. La luminosidad y los reflejos dorados de la Primera División contra las tinieblas y la oscuridad de la Segunda B. La escuadra local que preparaba Bernd Schuster y el grupo que conducía García Cantarero, desde el punto opuesto de los banquillos, representaban aquel fin de semana esferas opuestas en la clasificación. Papeles y guiones antitéticos. En medio de este contexto surgió la figura de Javi Peña. El atacante, jerezano de nacimiento, y con pasado en la sociedad de Chapín, consiguió el gol que abrillantó las esperanzas de permanencia del Levante. El recorrido azulgrana en el epílogo como foráneo fue espectacular. El grupo sumó seis victorias consecutivas lejos del Ciudad de Valencia que no conjugaron con los resultados materializados en el feudo de Orriols. Los triunfos celebrados en esta secuencia nunca se correspondieron con la obtención de idéntico marcador como local. Pese a los dieciocho puntos alcanzados fuera, el Levante descendió tras sumar cincuenta puntos en la clasificación aunque revertió su condición en el período estival tras la no conversión del Burgos en Sociedad Anónima.
Derrota azulgrana en el último precedente en Chapín
El último precedente entre el Xerez y el Levante en el feudo de Chapín se produjo en la sexta jornada del curso 2008-2009. Fue un partido velozmente encauzado por la entidad andaluza tras el gol en propia puerta materializado por Ballesteros en el minuto nueve. No obstante, la resolución definitiva tardó en fijarse y llegó cuando el cronómetro se posicionaba sobre el minuto ochenta y nueve tras la diana conseguida por Momo. Es decir; fue un encuentro con alteraciones en el principio y sobre el final. El Levante atravesaba por un período de reconstrucción después de una convulsa estancia de dos temporadas en el marco de la Primera División. Luis García dirigía un proyecto renovado, y con escasos lazos con el pasado más cercano, que trataba de alcanzar la normalidad tras un verano controvertido. En aquel equipo que el técnico puso sobre el césped de Chapín aparecían nombres ilustres con linaje en el ascenso conquistado en el año del centenario. Manolo Reina, Ballesteros, Cerra, Robusté, Iborra, Miguel Pérez o Samuel participaron en aquella confrontación.
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