Quizás fuera el partido de las paradojas. Se aproximó por instantes el Levante a los dominios de Moyà, con especial énfasis en el arranque de la segunda fase de la confrontación, pero perdió el enfrentamiento ante el Getafe en la única aparición de Pedro León por las cercanías del área granota. Y quizás cuando la grada del Coliseum Alfonso Pérez parecía pactar el sentido que encerraba la igualada, después de recuperarse de varios sustos por las inmediaciones de la meta local, llegó el gol del atacante azulón. En cierto modo, fue una diana formada desde la nada. No tuvo la escuadra de Luis García que aplicarse en exceso para anotar. El balón le cayó a los pies de Pedro León después de un despeje de Simao que adecuó Diego Castro. Fue una jugada un tanto circense en su génesis aunque la ejecución del jugador murciano fue exquisita. Golpeó con contundencia al palo largo defendido por Javi Jiménez. El cuero impactó en el palo y decidió acariciar las mallas. El cielo pareció ennegrecerse todavía más en señal de duelo. No mereció el Levante semejante castigo en un choque que fue capaz de ir madurando aunque quizás le faltó algo de clarividencia en la suerte suprema del fútbol cuando las certezas se convierten en realidades.
Era difícil abstraerse, en la previa de la confrontación, a los distintos condicionantes que contextualizaban la cita en el sur de Madrid. El Getafe tenía muy reciente la imagen y secuelas del encuentro ante el Atlético de Madrid convertido en un auténtico y profundo martirio mientras que el Levante buscaba la manera para emerger del laberinto de derrotas encadenadas en el que se había sumido en las últimas semanas. Es evidente que el partido nacía con una pesada carga anímica. Era una losa que podía ser insalvable en función de los acontecimientos. Recuperar la autoestima parecía una premisa incuestionable por los dos frentes que se medían sobre el verde del feudo getafense. El Levante tuvo la capacidad de ir aletargando a su adversario conforme se iban sucediendo el partido. La salida fulgurante del Getafe no tuvo continuidad y fueron los pupilos de Caparrós quienes fueron marcando el rumbo de la confrontación. El Levante se mostraba fiel a sus postulados y principios. Pese a la acumulación de ausencias en la retaguardia, mostró seguro y firme en tareas defensivas. El aspecto es reseñable ante un adversario que maneja con soltura las acciones de estrategia puesto que tiene especialistas en ese tipo de lances.
El partido se disputaba desde la lejanía de la meta defendida por Javi Jiménez. El arquero debutó como titular en Primera División y volvió a evidenciar, anclado al tapete, un plus de tranquilidad para asumir un nuevo desafío en el plano profesional. Quizás al Levante le faltó instinto asesino para mudar la faz del partido en el instante más determinante del partido. Fue en los albores de la reanudación. El espíritu de rebelión de Barral, un jugador de perfil irreductible, se manifestó al perseguir a Alexis hasta robarle la cartera. El atacante se asoció con El Zhar y el disparo de Nabil rozó el gol tras chocar con un defensor. El marroquí reclamó manos en la acción. Moyà emergió para palmear un cabezazo de Barral y el propio delantero calcó el desenlace en la jugada inmediata en el tiempo. Luis García reaccionó con el ingreso en el campo de Ciprian por Colunga. Nada parecía cambiar en el desarrollo del encuentro hasta que apareció Pedro León para hacer fortuna y aprisionar una victoria que la buenaventura, en clave azulina, preservó tras un disparo de Sèrgio que escupió el larguero en el postrer minuto de la confrontación.