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Primer equipo
Depredador Martins (3-1)
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Los jugadores hacían una piña en torno a Martins y la grada despedía a sus héroes con todo tipo de honores y rigor. Todo parecía justificado. Sobre el Estadio Ciutat de València, ya centenario en confrontaciones adscritas a la elite de la Primera División, se había obrado un nuevo milagro de un Levante que parece no poner diques a la ilusión. Las huestes de Juan Ignacio daban rienda suelta a todas sus emociones después de consignar la cuarta batalla consecutiva saldada con éxito tras una nueva demostración de Oba Martins quien se homenajeó en el día de su 28 cumpleaños. Quizás no había mejor manera de celebrar su onomástica y compartir su felicitad con una masa social extasiada tras lo visto en el feudo de Orriols que levantar a la grada a base de acrobacias. El atacante nigeriano sumó dos dianas más a su expediente ante el Granada  que demuestran su condición de predador por las inmediaciones del área rival.

Martins amenaza con regresar a las trincheras del fútbol después de un período de ostracismo en Rusia. La noticia parece excelente para el Levante ya que sus goles serán fundamentales para confirmar los desafíos marcados por el club que siguen acentuando, por encima de otras cuestiones, la pervivencia en la máxima categoría. El retorno de Martins conjuga con la armonía colectiva que destila un grupo que si alguna condición demostró ante el Granada fue un grado de madurez supino y una jerarquía superlativa para manejar un partido que pareció de sencilla resolución. En ese aspecto, radica la principal virtud del colectivo que prepara Juan Ignacio. Hizo sencillo lo que en realidad es sumamente complejo de conseguir. Y no es el Granada un equipo de pierna blanda y de sencilla rendición. No es una tarea fácil vencer en el ecosistema de la Primera División. Y no es fácil mostrar la superioridad y la graduación que evidenció la escuadra azulgrana en el cómputo de los noventa minutos.

El Levante marcó el ritmo desde los albores de la confrontación. Huelga significar que Martins fue determinante. Su versión más depredadora se materializó en los minutos iniciales. Es posible que el delantero oliera el miedo de su rival. O es posible que advirtiera que Íñigo podía meterse en problemas en una acción que no parecía presagiar ningún tipo de peligro para la integridad del conjunto nazarí. Sin embargo, Martins se lanzó sobre su presa con agilidad. Al zaguero no le dio tiempo a pensar. El plan que había trazado en su mente saltó en mil pedazos. Se hizo el hara-kiri. Y Oba, después de apoderarse el balón y recorrer unos metros en paralelo a la línea del área, escogió el palo izquierdo de Toño. El meta observó con pavor el recorrido del cuero hasta alojarse en la portería. No es una leyenda urbana la destreza que presenta el Levante para manejarse en las distancias más cortas y con marcadores exiguos.

El Granada cayó en la trampa. Merodeó las cercanías de la meta de Munúa, pero nunca llegó al punto real donde se dirimen y se ganan los partidos. Munúa quedó inédito en el primer acto. El Levante, en esos casos, se comporta como un equipo que va asfixiando a su adversario. Con paciencia le va quitando el aire hasta que confundido comienza a errar y a elegir las opciones más arriesgadas. Es el instante para tratar de dar un golpe certero; el estoque definitivo. De nuevo apareció Oba por la inmensidad del área granadina para aprovechar un mal despeje de los defensores. Su menudo cuerpo no es un impedimento para retar a gigantes de mil cabezas. Lo hizo ante Borja Gómez. El disparo del atacante superó a Toño. Pero el duelo no señala únicamente a Martins.

El partido medía un intangible; la ausencia de Sergio Ballesteros. El central es algo así como el brazo armado, desde una perspectiva simbólica, de este equipo. Su no presencia en el eje de la zaga enfocaba a Héctor Rodas y a Navarro. El central del Puerto de Sagunto asumió galones. Héctor confirmó con hechos su capacitación para afrontar el desafío. El canterano se mostró solvente y contundente en las acciones aéreas. Siempre estuvo en el lugar preciso escogiendo la fórmula adecuada para salir indemne. El centro del campo es otro de los puntos focales. Iborra y Pape Diop van solidificando sus prestaciones. Cada jornada ensamblan sus almas. El rendimiento del centrocampista senegalés es incuestionable. Su crecimiento es continuado. Iborra jerarquizó la medular y trató de sumarse al ataque. Tras los goles de Martins y el ingreso de Michel, Pedro Ríos y Rubén en el verde, el Levante se dedicó a sacar brillo a una de sus acciones favoritas; el contragolpe. Pedro Ríos cerró una semana de ensueño con la suma de su tercer gol particular tras el duelo ante el Twente. El choque esta cerrado. El gol de El Arabi fue testimonial.

Levante: Munúa; Pedro López, Rodas, Navarro, Juanfran; El Zhar (Rubén, m. 83), Iborra, Diop (Míchel, m. 70), Juanlu (Pedro Ríos, m. 62); Barkero; y Martins.

Granada: Toño; Nyom, Iñigo López, Borja Gómez, Siqueira; Torje (Ighalo, m. 56), Mikel Rico, Moisés (Floro Flores, m. 46), Orellana; Brahimi; y El Arabi.

Goles: 1-0. M. 12. Martins. 2-0. M. 60. Martins. 3-0. M. 74. Pedro Ríos. 3-1. M. 84. El Arabi.

Árbitro: Iglesias Villanueva. Amonestó a Torje, Moisés, Martins,