Skip to main content
Primer equipo
El Barcelona acaba con el sueño granota
Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!

Se encontraron el diez y el once sobre el verde de Orriols; es decir Messi y Neymar, en perfecta y letal asociación, y el enfrentamiento comenzó a girar sobre sí mismo para convertirse en una auténtica y cruel pesadilla para el Levante. Parecía como si las trompetas que anunciaron el advenimiento del Juicio Final se manifestaran con toda su fuerza sobre el Estadio Ciutat de València. Y el paisaje todavía se ensombreció mucho más después del penalti cometido sobre Messi al unísono entre Loukas Vyntra y Toño. La pulga erró en su lanzamiento. Su disparo ni tan siquiera encontró la portería resguardada por Jesús, pero las secuelas de esa acción fueron más evidentes a largo plazo; en realidad las consecuencias fueron devastadoras en la evolución de la cita. El Levante perdió a su central y se proyectó durante toda la segunda parte por el averno con un jugador menos sobre el tapete. Todos los indicios aventuraban un desenlace funesto. Hasta la consumación de la diana de Neymar se mantuvo con orgullo y agallas asido al partido mostrando una versión sumamente gremial y tremendamente solidaria.

Las cartas del enfrentamiento estaban alzadas; el Levante se guarecía sobre su perímetro defensivo con orden y fundamento y trataba de abalanzarse sobre la portería de Claudio Bravo con velocidad apelando al contragolpe. Durante media hora logró neutralizar a su adversario y levantó a la grada de sus asientos tras una cabalgada de Morales y un centro de Toño que no llegó a rematar en condiciones Barral sobrevolando el punto de penalti. Por el contrario, el Barça monopoliza la tenencia del balón hasta unos límites insospechados y rondaba con peligro las cercanías de la meta defendida. El duelo se convertía en un ejercicio de tenacidad y resistencia para los jugadores locales. Suele ocurrir en estos casos entre rivales tan alejados formal y conceptualmente.

Se trata del típico encuentro que hay que saber afrontar desde la fortaleza mental porque al reto deportivo hay que sumarle la capacidad para sobrevivir de manera muy continuada al filo de la guadaña. El Barcelona te va echando hacia atrás de forma sistemática. Sus mensajes son constantes y devastadores; muy directos sobre el corazón de sus oponentes. Hay que estar muy preparado y tener la mente liberada de impurezas para no claudicar. El duelo seguía las pautas previstas. El Levante buscaba el equilibrio desde el orden y el Barça disfrutaba del cuero y engrandecía el campo con la llegada de los laterales. Todo cambió en el momento en el que Messi hizo la luz para entablar una catastrófica alianza con Neymar. Parece evidente que la Pulga atraviesa por un proceso de reconversión. Se está reinventado. Y su imaginación es ilimitada desde la línea de medios.

Aparece por la sala de máquinas para entrar en contacto con el cuero y dimensiona su papel de asistente. El Ciutat de València descubrió una nueva fisonomía del jugador argentino. El gol de Neymar condensó esa nueva imagen de Messi. Por su parte, el brasileño doblegó a Pedro López, tras recibir el balón en el punto idóneo, encaró a Jesús y se fue hacia la grada ocupada por los seguidores culés para celebrar el gol. Es incuestionable que el choque mutó. La expulsión de Vyntra mortificó al Levante que sintió la virulencia del golpe de Rakitic tras empalar el balón desde fuera del área con una furia inusitada. Quedaba la segunda fase del duelo, un espacio en barbecho para el Levante y una nueva demostración del poderío efervescente de Leo Messi. El camino de triunfo a esas alturas estaba allanado. Sandro, Pedro y Messi confirmaron la victoria del líder.