Condicionado por los goles de Alcácer y Feghouli durante la evolución de la primera mitad, el Levante emergió en la reanudación con la firme intención de minimizar sus consecuencias. Le costó encontrar los atajos en dirección hacia la meta de Alves durante el recorrido del primer acto, pero no tardó Iván en proyectarse hacia los dominios del meta valencianista con peligro. El lateral rozó el gol y probó la consistencia de Alves. Recién salido del banquillo recorrió el verde del coliseo blanquinegro para probar desde la media distancia. El obús buscó la orilla de la escuadra izquierda del arquero brasileño. Se trata de un recurso que el Levante desarrolló y forzó en el capítulo definitivo. José Mari y Morales midieron los reflejos del cancerbero sudamericano con diferentes disparos que, como nexo común denominador, llegaron desde la lejanía. Fueron tres zapatazos que pudieron variar los designios de un partido que el Valencia había metabolizado durante el acto inicial. El Levante saltó al verde en la continuación de la cita en Mestalla con una clara idea que trató de alcanzar sabedor de que un gol podía mudar, de manera considerable, el paisaje de la confrontación.
El grupo que conduce Lucas Alcaraz no se amilanó, pese a las dificultades añadidas tras las dianas del bloque que conduce Nuno. Los obstáculos y las contrariedades se amontonaban en el nacimiento de la segunda fase. El técnico agitó el banquillo en la búsqueda de más mordiente y mayores argumentos en la vanguardia. La inclusión de Uche y la entrada de Rubén responden a estos parámetros. Quizás haya que acentuar ese espíritu revisionista cuando restan siete enfrentamientos para despedir la competición liguera y el Levante afronta la batalla definitiva para lograr la permanencia en la Liga BBVA. No obstante, ese intento de regresar a la cita fue inconcluso. Es evidente que el partido tuvo como núcleo central las dos áreas. En esos espacios se comportó con mayor clarividencia el equipo local. En ese sentido, el Valencia fustigó a su adversario cada vez que pisó las cercanías de la meta defendida por Mariño.
Los goles de Alcácer y Feghouli reflejaron esa tendencia. Alcácer se coló entre Vyntra y Ramis para rasgar la igualada inicial mientras que el atacante argelino porfió con Toño para aumentar las distancias. El Valencia golpeaba con virulencia y con fuerza a su oponente. En la medular Parejo amalgamaba el juego. La superioridad casera en esa parcela del campo le permitía dominar el tempo del partido. El modus operandi valencianista se repetía. El balón recorría el círculo central de Mestalla para acabar en las bandas. La acción contó con infinidad de reediciones. La fórmula preludió los goles. Trató de levantarse el Levante y por instantes lo consiguió durante la reanudación, si bien sus arreones por norma colisionaron contra los guantes firmes y recios de Alves. Cuando el final parecía escrito, apareció Negredo para alcanzar el tercer gol.