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Primer equipo
El fútbol fue cruel con el Levante en Mallorca
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El fútbol puede llegar a ser excesivamente caprichoso en sus manifestaciones. Y encriptado y misterioso por la manera que tiene de desenvolverse. Y hasta cruel ante su materialización. Pina llegó al único gol de la cita entre el Mallorca y el Levante quizás desde la sorpresa más absoluta. No parecía una acción diseñada para concluir en las redes de Munúa. En cualquier caso, tuvo poca relación con la infinidad de ocasiones generadas por los dos enemigos durante la evolución de la primera parte del duelo, cuando los dos equipos visitaron con relativa frecuencia los dominios de cada una de las áreas defendidas por Aouate y el cancerbero granota. El gol fue refractario a la dinámica de un partido que hasta ese instante, minuto cincuenta y cinco, estaba bastante abierto.

Cualquier sociedad pudo percutir, pero a los atacantes se les mojó la pólvora en los metros finales; en ese espacio en el que hay que materializar en certezas lo que simplemente se adivina. Pina aprovechó un saque de esquina, que pilló al colectivo azulgrana dormido, para hacer inútil la estirada de Munúa. En el camino, el balón chocó en las piernas de Barkero dislocando al guardameta uruguayo en la decisión adoptada. El fútbol fue bastante cruel con un Levante que, de repente, se desplomó desde de los puestos que permiten avistar la Vieja Europa después de un sinfín de semanas instalado entre los más grandes. De todas formas nada parece definitivo. La postrera jornada de la competición liguera en Primera División aventura emociones de bastante consideración.

Y el Levante no es ajeno a esta tesitura. La victoria ante el Athletic de Bilbao podría alzarle de nuevo en la tabla y trasportarle hasta la dimensión perdida. Y enclavarle en zona Champions. Todo depende de los resultados de los equipos implicados. Quizás lo previsible, contabilizando la consumación los primeros cuarenta y cinco minutos, y el comportamiento rebelde de cada contendiente, es que los dos equipos hubiesen ganado el túnel del vestuario a su conclusión con alguna muesca en sus respectivos expedientes. El Mallorca no perdió de vista las posesiones de Munúa. Nsue, como improvisado lateral, se proyectaba por el lateral derechocon valentía y decisión. No obstante, el grupo que conduce Juan Ignacio se movía con soltura en esa fase confirmando sus virtudes y características. La primera premisa era cerrar de manera ordenada los caminos y rendijas que conducían a los dominios de Munúa.

La segunda variable afectaba a la contra. Los chicos de Jim se lanzaban con brillantez y furia hacia Aouate. El triángulo conformado por Barkero, Valdo y Ghezzal sembraban de dudas a los defensores. Estos futbolistas hacían de la versatilidad su mejor arma, intercambiándose de forma constante sus posiciones en el campo y apareciendo por toda la geografía del rectángulo de juego. El equipo aplicaba la ortodoxia y el sentido en su proyección. Valdo provocó un cortocircuito aunque su centro se paseó por las cercanías de la meta de Aouate sin encontrar rematador. Fue el primer aviso serio. Y una acción conocida y que define al Levante. De nuevo Valdo generó el silencio en el Iberostar Estadi con una liviana vaselina que se marchó por encima de la portería mallorquinista. El pase en profundidad de Ghezzal fua antológico y mereció por su hermosura que la acción finalizara en gol.

El grupo de Caparrós no claudicó. Aunque le costaba superar el entramado armado por el colectivo azulgrana, Alfaro tropezó con los reflejos de Munúa. A esas alturas el partido parecía condenado a morir en una mágica genialidad o, en su defecto en un error. Nadie parecía capaz de dinamitar la portería contraria, pese a las ocasiones gestadas. Se materializó la segunda posibilidad con un disparo lejano y sin excesivo peligro que acabó envenenándose. Con la diana local todo cambió. El Mallorca se atrincheró mientras que el pulso del Levante se aceleró, pero al equipo de Jim le faltó precisión.