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Primer equipo
El futuro más cercano; a imagen y semejanza de los duelos ante Almería y Osasuna
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De la huella del Levante en su retorno a la Primera División, superadas las seis jornadas iniciales, se pueden extraer muy diversas conclusiones. La entidad granota se repuso al viacrucis que martirizó y mortificó sus movimientos en un arranque de la competición temido por sus estamentos por la calidad y el pedigrí de sus competidores sobre el césped. No obstante, el Levante desfiguró esa situación que parecía cernir el apocalipsis sobre el club de Orriols. Y quizás no exista mejor testigo indicador de esa restauración que la visión de una sociedad que ha pasado las últimas semanas, coincidiendo con el parón liguero propiciado por los duelos de la Selección Española ante Lituania y Escocia, alejado del espacio más sombrío y desolador de la clasificación general.

Los vestigios de esas señales en la recuperación meteórica emprendida se correspondieron con los enfrentamientos ante el Almería y Osasuna y se complementaron con el empate casero; es decir en su hábitat natural, frente al poderoso y omnipotente Real Madrid. Se trata de resaltar otra de las consideraciones susceptibles de analizar en este nacimiento de la competición. La solvencia del Levante y el sobresaliente incremento de su productividad, con traslación y efectos inmediatos en la tabla clasificatoria, han covergido en el espacio y en el tiempo que marca la propia evolución del campeonato de la regularidad con el desarrollo de las confrontaciones ante los teóricos iguales. El despertar del peligroso letargo en el que quedó sumido el Levante tras las batallas de Sevilla, Getafe y Villarreal coincidió con las citas ante el Almería y Osasuna de Pamplona en los feudos de Los Juegos del Mediterráneo y Reyno de Navarra, respectivamente.

El calendario liguero era cruel e inmisericorde. Su visión y estudio producía heridas y llagas y parecía estigmatizar el futuro a corto y medio plazo de la entidad en ese universo despiadado de la Primera División al que regresó en junio pasado para celebrar con todos los honores y pompa su centenario. Pero el Levante se aferró a la vida. Su código genético le impedía claudicar. Y lo hizo a partir de los enfrentamientos ante escuadras con las que comparte particularidades y singularidades. Si se recuperara un máxima del feudalismo aplicada al fútbol podría advertirse que el Levante pretende ser un primus inter pares; el primero entre iguales en la traducción literal del término desde el latín.

El reto de la supervivencia en la elite pasa por cumplimentar esta norma autoimpuesta y reconocida por la totalidad del cuerpo técnico. Es una reflexión que hace fortuna. Nadie, en las entrañas de la entidad, duda de la veracidad de este argumento. Y el calendario ahonda en esta premisa. Tras la tregua del fin de semana pasado, el Levante asume un ciclo de encuentros ante un perfil de adversarios de esta índole que recorrerá los meses de octubre y noviembre. La Real Sociedad inaugura la secuencia. El duelo está fijado para el domingo a las 17:00 horas en el escenario del Estadio Ciudad de Valencia.

“Nos enfrentamos a un rival directo. La Real Sociedad es de los equipos de nuestra Liga. Eso hace el partido más interesante. Hay que estar al doscientos por mil para ganar. Con el apoyo de nuestra gente tenemos que sacar un buen resultado. El domingo es una buena ocasión para ganar porque la victoria vale más”, advierte Caicedo. Será el nacimiento de un nuevo registro liguero. El Levante recorrerá toda la franja del litoral del Mediterránea para batirse en duelo ante el Espanyol, Mallorca, Málaga y Hércules siempre como foráneo, incluyendo la cita copera frente al Xerez, y completará el conjunto de partidos con los envites ante el Deportivo de La Coruña y Racing de Santander. Y no pierde de vista una representación medieval; ser el primero entre iguales.