Era el minuto veinticinco del primer acto del choque entre el Levante y el Real Sporting de Gijón y se desveló uno de los enigmas que condicionaba la confrontación liguera. ¿Quién conseguiría en propiedad el gol número doscientos cincuenta del Levante en el marco de la Primera División? La respuesta no estaba en el viento, como reclamaba la voz quebrada de Bob Dylan. La resolución del enigma estaba en las botas de Barkero. El atacante vasco ajustició a Juan Pablo aunque habría que acentuar el desarrollo de la acción previa que capitalizó en su mayoría Arouna Kone. El atacante costamarfileño ingresó en el área sportinguista con decisión con el esférico pegado a sus pies.
El ariete en ese instante tenía muy clara la solución definitiva. Deslizó su cuerpo para engañar a su adversario en un intento por ganar la línea de fondo mientras veía, conectando la visión periférica, la entrada de Barkero por el balcón del área. Así que Arouna Koné ajustó el esférico al recorrido emprendido por el jugador. Fue una acción milimétrica y cartesiana en su ejecución definitiva. Nadie podía interponerse. Barkero simplemente tuvo que acariciar el cuero para romper la igualada que marcaba el marcador en ese instante y obtener una diana que le introduce en la historia particular del Levante como equipo vinculado a la máxima categoría del fútbol español.
El gol doscientos cincuenta en la elite irá asociado a la figura del talentoso futbolista que se comprometió con la sociedad de Orriols en el pasado verano convirtiéndose en fichaje que abría el capítulo de incorporaciones para el ejercicio 2011-2012. Barkero toma el relevo de Felipe Caicedo, autor del tanto número doscientos ante el Racing Club en noviembre de 2010, Riga, autor del ciento cincuenta, Rivera, quien firmó el gol primer centenario de dianas en Primera División, Pepín, encargado de sumar el cincuenta en los años sesenta ante el Deportivo de La Coruña, y el mítico y legendario Domínguez, que inauguró el expediente anotador del Levante en el estreno de la institución en el feudo de Sarriá ante el Espanyol en septiembre de 1963.