Sucede que el fútbol es, en infinidad de ocasiones, indescifrable. Y también podría añadirse que resulta impredecible. En realidad, se trata de un juego, por lo que el azar también tiene su cuota de incidencia en el desarrollo final. Muy pocos de los aficionados presentes en las gradas del feudo de El Reyno de Navarra, a la conclusión de la primera mitad, se atrevían a pronosticar una victoria tan holgada y de tanta contundencia como la conquistada por el Club Atlético Osasuna en un segundo acto repleto de goles (4-0). Nada parecía aventurar un desenlace de tales consecuencias en los cuarenta y cinco minutos definitivos para la sociedad que dirige desde el banquillo Juan Ignacio Martínez partiendo de las credenciales exhibidas con anterioridad. El Levante se mostró como un equipo compacto, aplicado y severo en tareas defensivas, si bien estuvo carente de profundidad y con el radar sin actividad en las antípodas del campo cuando debía enfrentarse a Andrés. Sin embargo, todo cambió en los primeros instantes de la segunda fase. Armenteros aprovechó un fatal error defensivo para inaugurar el marcador. El partido duró hasta que Lamah embocó un rechace de Munúa tras un disparo a quemarropa de Llorente. En ese momento, la confrontación se convirtió en una pesadilla para un Levante que desapareció de la faz del terreno de juego.
A la altura de la primera media hora de la confrontación, el Levante había conseguido parte de los objetivos que se había marcado en la intimidad del vestuario. Las emociones, ese aspecto intangible, pero determinante en la evolución de los enfrentamientos, parecían atenazar a un grupo que daba muestras y señales de ansiedad en la plasmación de su juego. Osasuna perdía infinidad de balones en zonas comprometidas del terreno de juego, un hecho que repercutía en la psique de sus jugadores, pero también en la grada. Una sensación de intranquilidad impregnaba al coliseo navarro. La escuadra de Mendilibar no se expresaba con claridad. No había convicción en su juego. Y la tendencia parecía acentuarse al paso de los minutos. Osasuna no encontraba los resortes oportunos para acercarse a los dominios de Munúa con claridad. La portería azulgrana no pasó por instantes de incertidumbre con las excepciones de un lanzamiento de falta que resolvió Diop con una aparición milagrosa o un disparo lejano de Timor que reclamó una respuesta contundente del arquero uruguayo.
Con anterioridad, Juanfran, desde unos cuarenta metros, trató de sorprender a Andrés con un obús teledirigido que se marchó ajustado por encima del arco navarro. El disparo de Juanfran mereció mayor reconocimiento por la valentía y por la precisión de la acción protagonizada por el lateral. Al Levante, en esa fase de la confrontación, le faltó un punto de clarividencia y de paciencia para desarbolar el entramado defensivo local. El grupo azulgrana dispuso de varias salidas diáfanas que no resolvió con autoridad. Quizás la más clara fue una contra monopolizada por Nabil El Zhar. Martins puso el turbo y se llevó a los defensores en su carrera. El atacante marroquí decidió cruzar sobre la llegada de Barkero, pero el servicio se quedo muy corto. El Levante capitalizaba su juego por el costado derecho. Era un equipo asimétrico.
La pausa no estaba entre las pertenencias del bloque azulgrana. Las salidas se convirtieron en auténticas embestidas dirigidas hacia la figura de Martins. El atacante nunca llegó a conectar con los hombres situados inmediatamente por detrás. Por ahí se le fue el partido al Levante. La suerte de la cita cambió en la reanudación. El Levante alcanzó los vestuarios convencido de su superioridad, pero el regreso al campo fue traumático. Armenteros sacó provecho de una jugada enrevesada en el interior del área. Timor emergió con aire de Mariscal desde atrás. El balón tropezó con el palo y con el cuerpo de Juanfran antes de caer a los pies de Armenteros. El gol cambió el diseño de la confrontación. Juan Ignacio optó por relevar a Diop con el ingreso de Gekas. Y trató de fortalecer el ataque con la presencia de Rubén y Pedro Ríos. En el expediente ofensivo del Levante se puede incluir un remate de Martins que atajó Andrés. El Levante marchó hacia la orilla contraria del terreno de juego desprotegiendo su retaguardia. Osasuna entendió el diseño de la confrontación. El equipo de Mendilibar se sintió muy cómodo con metros por delante para poner en práctica el contragolpe. Lamah hundió irremisiblemente al Levante tras remachar sin oposición desde la línea de gol. El bloque azulgrana se derritió. Los goles de Timor y Nino engordaron una victoria excesivamente contundente.
Alineaciones Osasuna-Levante
C.A. Osasuna; Andrés Fernández, Oier, Arribas, Lolo, Nano, Cejudo (Lamah, min 75), Annan (Raoul Loe, min 80), Timor, Armenteros, Nino y Llorente (Sola, min 86).
Levante; Munúa, Navarro, Barkero, El Zhar (Pedro Ríos, min 65), Iborra, Juanfran, Ballesteros, Michel (Rubén, min 73), Chris, Diop (Gekas, min 58), y Martins.
Árbitro; Alfonso J. Álvarez Izquierdo. Amonestó a Diop, El Zhar, Navarro, Oier, Nano
Goles: 1-0. M. 55. Armenteros. 2-0. M. 81. Lamah. 3-0. Timor de penalti. 4-0. M. 90 Nino.