Quizás la carrera de Barkero entre dos defensores por la disputa del balón que significó el punto y final de la contribución del atacante vasco al pasional derbi de la ciudad de Valencia preludiara el tipo de noche que se le iba a presentar al once que prepara Juan Ignacio Martínez. Jim se revolvía desde la banda mientras observaba con preocupación a Barkero acariciándose la zona de los isquiotibiales de su pierna derecha. Era el minuto ocho de la confrontación y el atacante regresaba al vestuario para no retornar al verde. Acuciado por las ausencias y las lesiones, el preparador miraba con estupor hacia el cielo de Mestalla para buscar una respuesta al maleficio que parece afectar al Levante restándole efectivos durante cada jornada. No era el único que buscaba respuestas sobre la superficie del terreno de juego. Unos metros más adentro, sobre el terreno de juego, los jugadores azulgranas trataban de encontrar la fórmula para anestesiar el infernal ritmo impreso por el Valencia en un inicio tan endemoniado como demoledor del grupo de Emery.
La marcha de Barkero, un futbolista cenital en el esquema del preparador alicantino, y quizás el futbolista más sobresaliente desde una perspectiva ténica de la escuadra granota, fue acompañada por un sinfín de pésimas noticias todas con epicentro sobre la portería defendida por Keylor Navas. Pablo se convirtió en el azote de los sueños de la institución levantinista en el inicio de una eliminatoria de cuartos de Final de la Copa del Rey que se resistía desde el principio de la década de los años cuarenta. Pablo apareció por todos los espacios de la retaguardia del Levante para sembrar el pánico. Filtró el pase que significó el gol de Jonas, participó activamente en la segunda diana que remachó a quemarropa Soldado, tras aprovechar un rebote de Javi Venta, y dibujó un pase retranqueado sobre la aparición de Piatti. Fue un balón inteligente que recorrió el interior del área de Nava curvándose hasta posarse sobre las botas de Piatti. El violento choque entre el atacante valencianista y el arquero azulgrana acabó con Keylor en la enfermería. Era el último minuto de la primera mitad. El cancerbero de Costa Rica no regresó al campo aquejado de un fuerte golpe en la rodilla tras el terrible impacto con el jugador argentino.
La maldición parecía no tener límites y el Valencia abría una brecha incuestionable después del latigazo de Koné desde el balcón del área que había sembrado de dudas al feudo de Mestalla después de un arranque sideral del Valencia. El Levante del primer acto fue un equipo difícil de reconocer. El colectivo perdió ese aire marcial con el que se presentaba a los enfrentamientos. Pese a la aparición de Pallardó, Iborra y Xavi Venta en la línea de medios, en un intento de congestionar y controlar el foco sobre el que se genera el fútbol, la medular se convirtió en un terreno en barbecho. Fue un espacio imposible de gobernar. Albelda gestionó el juego local con una facilidad más que evidente. El capitán proponía sin apenas encontrar oposición. Las transiciones blancas posibilitaron acciones letales con una palpable superioridad de los atacantes sobre los defensores. El Levante dejaba demasiados metros por resguardar. Sus líneas estaban escasamente interrelacionadas El Valencia rasgaba la retaguardia azulgrana. Pablo encontraba las vías de fuga y castigaba la integridad física de Navas.
En cierto modo, el Levante atraviesa por una encrucijada en las últimas semanas. Hizo fortuna en la Liga apelando a un juego gestado a partir de la velocidad impuesta por las bandas supersónicas capitalizadas por Juanlu y Valdo con Koné como punta de lanza intentando aprovechar ese caudal generado. Esos dos jugadores han desaparecido de la faz del rectángulo de juego. Hay una contradicción que resolver. Y no parece sencilla. Ese formato es inviable de repetir. Jim trató de plasmar un sistema distinto con dos delanteros natos y una medular mucho más poblada de efectivos, pero los sistemas son complejos de interiorizar máxime para un equipo que se había acostumbrado a los automatismos sobre el verde. Los ánimos del Levante no decayeron y fue en la segunda mitad cuando mostró ese espíritu levantisco que le caracteriza. Ese arrojo le llevó a lanzarse hacia la meta de Diego Alves. Pallardó se asoció con Koné en el corazón del área blanca. El arquero brasileño pidió la palabra para sacar una mano milagrosa. El partido entró por una fase más pasional. Las fricciones se sucedieron. Soldado pisó a Cabral y Jonas reclamó una entrada violenta de Ballesteros que la televisión se encargó de corregir. No hubo tal falta. Cuando todo parecía cerrado, apareció Tino Costa para cazar un balón que se envenenó y superó el intento de redención de Munúa.
Valencia: Diego Alves; Barragán, Rami, Víctor Ruiz, Jordi Alba; Pablo (Feghouli, m. 67), Albelda, Tino Costa, Piatti (Banega, m. 73); Jonas (Aduriz, m. 83) y Soldado. No utilizados: Guaita; Topal, Bruno y Mathieu.
Levante: Keylor (Munúa, m. 46); Javi Venta, Ballesteros, Cabral, Juanfran; Iborra, Xavi Torres, Pallardó; Barkero (El Zhar, m. 12), Roger (Jordà, m. 71); y Koné. No utilizados: Nano, Higón, Del Horno y Farinós.
Goles: 1-0. M. 23. Jonas. 2-0. M. 30. Soldado. 2-1. M. 36. Koné, desde fuera del área. 3-1. M. 45. Piatti, tras un centro de Pablo. 4-1. M. 93. Tino Costa.
Árbitro: Paradas Romero. Amonestó a Xavi Torres, Cabral, Roger, Soldado, Alba, El Zhar, Juanfran, Jonas, Diego Alves, Iborra, y Tino Costa.