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Primer equipo
El Levante estará en los octavos de Final de Copa del Rey
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Los palos decidieron colarse en la disputa del partido entre el Levante y el Albacete como si quisieran adquirir una cuota de protagonismo, en ocasiones, vedado. O como si pretendieran  ejemplificar el desarrollo y la evolución de los noventa minutos. Dos latigazos repelidos por parte de la superficie que recubre el espacio delimitado por la portería. Mudos en infinidad de momentos, alzaron la voz para marcar el rumbo de la confrontación que reunió sobre el verde del Estadio Ciutat de València a la representación granota y al bloque castellano-manchego con la eliminatoria de los diecisieisavos de Final de la Copa del Rey en plena efervescencia. Los palos parecieron negar el triunfo al bloque del feudo de Orriols, pero también a la escuadra que prepara Luis César Sampedro. Rubén fue el primero en chocar contra la madera con un disparo imposible para el arquero del Albacete. César Díaz experimentó una sensación muy cercana a la frustración tras remachar un cabezazo que únicamente el palo izquierdo de la meta de Jesús pudo rescatar del gol. Las dos acciones fueron un paradigma de lo que iba aconteciendo en la pradera.

La puesta en escena de la sociedad local fue convincente. El balón merodeaba por las inmediaciones del perímetro defensivo de su adversario. Y el peligro parecía presagiarse. El Levante se descolgaba por el costado zurdo de su ataque para acercarse con peligrosidad hacia los dominios de su adversario, pero fue por la geografía contraria del terreno, el perfil derecho, por donde progresó con determinación Nabil El Zhar. El atacante marroquí pisó el área albaceteña, oteó el horizonte y clavó un pase ajustado que impactó en la bota de Rubén. Con Alberto totalmente vencido, fue el palo quien mantuvo con vida a la entidad manchega. El Levante partió con la firme intención de desactivar a su oponente y de determinar las distancias que separan a dos clubes que compiten en universos muy alejados en estos instantes.

Sucede que en este tipo de partidos las desigualdades tienen a comprimirse y esas diferencias quedan igualadas. No se trata de apelar a las fuerzas sobrenaturales en aras a encontrar explicaciones que ratifiquen esta tendencia. La Copa del Rey tiene una esencia democratizadora que enjuga los márgenes de separación. Pese a la igualada saldada en el partido de ida en el Carlos Belmonte, que parecía acercar al Levante a la orilla de los octavos de Final, el Albacete se sentía pegado a la confrontación, y por ende, a la eliminatoria. El enfrentamiento tenía sentido. Y fue reorientándose conforme se amontonaban los minutos. El Albacete logró sobrevivir al brío mostrado por el once granota en maitines. Era un objetivo trazado en el interior del vestuario. Tras domesticar a su contrincante se sintió fortalecido y comenzó a aventurarse por territorios inexplorados.

Y su confianza comenzó a crecer. Suele ocurrir en este tipo de confrontaciones que un conjunto de inferior categoría ofrezca respuestas de este calado. El Albacete decidió dar dos pasos al frente en la reanudación. En ese intervalo del choque salió respondón. Los equipos de Sampedro siempre se han caracterizado por tratar de llegar a la victoria a través del buen uso del balón y del razonamiento. Desprovisto de complejos, se arrojó sobre rival. Moutinho fue el arquetipo de esta incercia levantisca. El atacante, que ya capitalizó la cita de ida, evidenció el fútbol que esconde en sus botas, pero fue César Díaz quien cercó la victoria con un remate que el palo repudió para alivio de la entidad de Orriols que volverá a paladear la ronda de los octavos de Final. El Málaga o el Deportivo le esperan.