Es uno de los grandes de la historia centenaria de la sociedad azulgrana. El más grande junto al mítico Gaspar Rubio, advierten los historiadores de la entidad granota cuando se enfrentan a la figura enorme del Galgo de Vallejo como lo bautizó Paco Gandía. Ernesto Domínguez volvió a pisar el césped del Estadio Ciudad de Valencia para recibir un merecido tributo de su afición. Sus andanzas como jugador del Levante se remontan en el tiempo a los dorados años sesenta cuando la institución dirimía sus confrontaciones en el feudo de Vallejo ubicado en la Calle de Alboraya. Eran jornadas iluminadas por el ascenso a Primera División.
Ya en la elite consiguió firmar el primer gol de la producción granota como primerdivisionista en el campo de Sarriá en un duelo que midió al Levante y al Espanyol en septiembre de 1963. Ernesto Domínguez alcanzó la internacionalidad con el combinado absoluto de España defendiendo la elástica del Levante. Es el único jugador que ha obtenido esta condición. Tras su estancia en el equipo de la capital del Turia marchó al Mallorca. En 1972 finiquitó su carrera con la disputa de un enfrentamiento ante el Manchester United.
A sus setenta años sigue manteniendo incólume su espíritu levantinista. Esta tarde lo ha demostrado sobre el pasto del Estadio Ciudad de Valencia cuando ha saltado a realizar el saque de honor previo al partido ante el Mallorca. Los aplausos de la afición levantinista han vuelto a tener al Galgo de Vallejo como principal foco, reeditando el pasado. La emoción le ha embargado. Instantes antes ha recibido una placa conmemorativa de la efeméride entregada por Francisco Catalán, presidente del Levante. No obstante, la jornada dominical ha comenzado con anterioridad. Domínguez, acompañado de su mujer y Salvador Regües, ha compartido mesa y mantel junto a los consejeros de la sociedad blaugrana en el Restaurante Ness.