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Primer equipo
El Levante mereció mejor suerte ante el Sevilla (1-2)
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Dentro del estado de infelicidad que invadía al colectivo, como secuela de la derrota definitiva frente al Sevilla, los jugadores del Levante alcanzaron el interior del vestuario con una sensación de una infinita paz espiritual. Y parece muy sencillo manejar esa emoción a la conclusión de un encuentro en el que acabas claudicando principalmente ante la poderosa pegada de un rival inmisericorde cada vez que se aproximaba al interior del área defendida por Mariño. No había reproches, ni una sensación de fracaso o de desastre, si se establece una lectura más profunda de todo lo acontecido durante los noventa minutos que se desarrollaron sobre el cielo oscuro del Estadio Ciutat de València. El fútbol está repleto de paradojas que, en ocasiones, resultan insondables y de muy difícil explicación. Algo así sucedió sobre el pasto del coliseo de Orriols. Quizás el Levante proyectara, tres días después de la victoria en Almería, una de las imágenes más excelsas del ejercicio liguero, pero esa condición no le guio, ni le catapultó hacia el triunfo. No siempre la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos. Y no siempre se llega a la victoria a través de una versión seductora y convincente. Sin la posibilidad de adquirir el botín de los puntos, queda el barniz del fútbol propuesto por la escuadra que prepara Lucas Alcaraz. A falta de ocho encuentros para el cierre del curso, la pátina de brillo evidenciada, ante un oponente del calado del Sevilla, se convierte en una garantía para alimentar con hechos el sueño de la permanencia.

Castigó el grupo que conduce Unai Emery el área levantinista en el primer acto, tras las dianas de Gameiro y Reyes, y buscó asilo político en su propia área en la reanudación. Quizás en el argumento planteado en el vestuario a la conclusión del capítulo inicial no había cabida para un Levante díscolo y subversivo que trató de revertir los efectos de un marcador que le parecía distanciar del partido. El gol de Kalu Uche abrió una interrogante que se mantuvo hasta los estertores de la cita generando una sensación de incertidumbre. La entidad de Orriols acarició la igualada en diferentes ocasiones aunque Bacca hizo temblar el larguero de Mariño con el Levante lanzado en pos del empate. El choque en el escenario levantinista se caracterizaba por la desigualdad. La lucha por la supervivencia no armoniza con la pelea por la Liga de Campeones. Sineembargo, las diferencias quedaron minimizadas desde el instante en el que el balón echó a rodar. Se movió con solvencia el bloque que lidera Lucas Alcaraz por la superficie del campo. Su puesta en acción conjugó con la tenencia del esférico.

Era quizás el Levante más estético y ornamentado de la temporada. No son condiciones que impresionen al Sevilla. La escuadra andaluza es transparente en su propuesta y en su juego. Tiene un arsenal de recursos de maneja con soltura. No se sintió incómodo ante perspectiva que trataba de establecer el Levante y no tardó en mostrar una de sus virtudes cardinales; la pegada que le define y le caracteriza. Gameiró cerró un pase en profundidad de Reyes con un disparo ajustado. El atacante francés no erró en la primera aproximación. No desfalleció el Levante que surgió con fidelidad los planteamientos propuestos. Lo cierto es que el conjunto azulgrana se mostraba fiable en la línea de medios, con Simao rebañando todos los balones, buscando puntos de fuga sobre los que propulsarse en dirección hacia los dominios defendidos por Sergio Rico. El Levante tocaba el esférico con criterio. El balón era un arma para alcanzar el fin de la victoria. Lucas Alcaraz volvió a remodelar el once con respecto al bloque de origen que se posicionó en Almería.

Morales regresó a la banda derecha, Sissoko se situó en la línea de medios junto a Simao y por delante El Zhar, Rubén y Uche eran la guardia pretoriana de Barral. El Levante nunca perdió el sentido al partido. Toño llegada hasta la línea de fondo y Nabiel El Zhar fantaseaba, como un prestidigitador en el zoco, con el cuero delante de los defensores sevillanos, pero Reyes golpeó de nuevo en los minutos finales del primer tiempo. Claridad contra pasión. El enfrentamiento parecía del todo resuelto, pero el Levante decidió no amedrentarse. La entrada en el verde de José Mari hizo mucho más cartersiano y oscilante al conjunto azulgrana. El mediocentro ensancha el campo. Es un futbolista difícil de predecir con el balón, principalmente por la facilidad con la que agita el balón. Tiene sentido asociativo. Su fútbol es sencillo, pero a la vez terriblemente dinámico. Tiene  capacidad para salir y armar el juego y desahoga a su compañero de funciones. Como norma no se complica en la ejecución y siempre encuentra la solución más fiable. Sabe agilizar el juego o pausarlo, inclusive rozó el gol en un par de disparos lejanos. Después de adquirir la condición física necesaria se revela como un futbolista que puede ser importante en el tramo último del curso. El gol de Uche propició un desenlace de vértigo con el árbitro, Velasco Carballo, en el epicentro de la acción.