Skip to main content
Primer equipo
El Levante nunca se rinde
Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!

Podría advertirse, a la vista de los acontecimientos gestados sobre el tapiz del coliseo de Balaídos, que el Levante nunca tiene por costumbre marchase de los partidos. Nunca lo hace ni tan siquiera en los duelos en los que no está tan superlativo, ni tan coral, ni tan colectivo como suele acostumbrar cuando se posiciona en el interior del campo. Hasta en ese tipo de lances resulta fiable y complejo de mancillar. Su capacidad para sobrevivir en situaciones extremas es notable. Y la paciencia que muestra para aprovechar sus opciones es infinita. Este compendio de virtudes quedaron demostradas en tierras gallegas Es su código genético. No es un equipo atribulado. Un rasgo identificativo e instransferible que le llevó a estampar un empate, in extremis, cuando su adversario, el Celta de Vigo, saboreaba un triunfo que había cimentado en los minutos finales del primer acto cuando De Lucas fusiló a traición a Munúa en una acción que el juez principal debió invalidar por fuera de juego, pero el Levante nunca se rinde.

Quizás cuando el corazón y el alma eclipsan al raciocinio y a la pausa llegó el gol arrollador de Roger. Fue una acción arrebatadora en su desarrollo definitivo que partió de un lanzamiento directo por las proximidades del área defendida por Javi Varas. El violento disparo de Michel impactó en la muralla humana compuesta por el arquero gallego. Fue el principio del fin. Las mentes de Michel y Barkero entraron en acción de manera conjunta en una décima de segundo. Sin mediar palabra, sus pensamientos quedaron unificados. Michel conquistó el interior del área y Barkero combinó sobre la aparición del mediapunta de Burjassot escorado por el flanco zurdo. El balón se convirtió en un objeto de culto que los dos jugadores cuidaron. El área de Javi Varas se pobló de camisetas azulgranas. Michel por el rabillo del ojo oteó la situación. Y obró con velocidad y con una claridad meridiana; balón de primeras sobre la entrada de Roger. El ariete del filial rescató al Levante al igual que reactivó apenas unas jornadas antes a la escuadra levantinista en el choque de Copa ante el Melilla.

Roger resultó providencial. En cierto modo, todo fue muy parecido a los sucesos acaecidos ante el cuadro de la ciudad autónoma. Roger ingresó desde el banquillo para fustigar al Celta. De nuevo Michel actuó de Cicerone. Su pase medido lo remató de manera vertiginosa el atacante del filial. Era su primer gol en la máxima categoría y el gol trescientos del Levante en la elite. Y mantiene al equipo invicto lejos de su estadio desde que cayera ante Osasuna de Pamplona. No fue un partido fácil para las huestes granotas. El Levante no masticó el envite con la claridad de otras tardes. De hecho, atravesó por muy diversos estados de ánimo durante el desarrollo de la confrontación, si bien el paisaje pudo cambiar radicalmente si Martins hubiera estado acertado en la primera aproximación ante la meta de Javi Varas. El delantero nigeriano no acertó a embocar en la salida desesperada del arquero cedido por el Sevilla. Martins infunde terror a sus adversarios con su sola presencia. Ese sentimiento se traslada al pasto cuando entra en contacto con el esférico o cuando pone en marcha esa potente zancada que le caracteriza.

Martins no necesita fundar grandes sociedades a su alrededor para generar peligro. Se basta con un simple movimiento para erizar la piel de los defensores. Los centrales del Celta tuvieron que redoblar sus esfuerzos para vigilar a un atacante capaz de escurrirse por la rendija más estrecha. Como estaba establecido, el Celta de Vigo entró en el campo con una energía vigorizante que hizo palidecer al Levante. El equipo de Paco Herrera honra al balón. Y trata de demostrarlo en cada acción. Es un bloque con tendencia a la asociación. Aspas, De Lucas y Krohn-Dehli conforman un triángulo solvente. Son una garantía de juego y de calidad. El Levante no trataba de negociar la propiedad del balón en exclusiva, si bien, como suele ser una norma, opta por atrincherarse y poner infinidad de trampas a sus rivales para taponar las vías de acceso en dirección al área que defiende Munúa.

El ritmo trepidante del Celta comenzó a declinar sobre el minuto veinte. El Levante empezó a crecer. Sin el brillo de otras ocasiones, empezó a engullir a su rival. La escuadra galleda perdió fuelle. Sus ataques eran más previsibles. La velocidad de su juego descendió. Martins volvió a emerger por las inmediaciones de Varas aunque su disparo seco y violento se perdió por la línea de fondo. Una sensación de intranquilidad, como sucede con esa atmosfera que se forma cuando la  bruma invade las calles, parecía posarse sobre Balaídos. Paradójicamente el gol de Quique de Lucas llegó en esta fase del enfrentamiento. El Levante parecía atar el partido y se descamisó el Celta en una acción veloz que concluyó De Lucas en fuera de juego. No claudicó la escuadra granota. El paso de los minutos reforzó su vocación ofensiva. El equipo de Juan Ignacio Martínez aceptó las reglas del juego. La decisión que mostró por cercar la meta de Varas originó puntos de fuga que trató de aprovechar el Celta. Munúa se erigió en un bastión infranqueable. Meritoria fue una intervención suya tras un remate de cabeza a quemarropa. La derrota parecía materializarse, pero no conviene subestimar al Levante. Si le dejas respirar se aferra a la vida. Roger lo demostró.