Skip to main content
Primer equipo
El Levante rasca un buen punto en Mallorca
Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!

Al filo del minuto treinta de la primera mitad en el Iberostar Estadio parecía que se materializaba la teoría del caos para el Levante. Barkero desde el centro de la medular hacia señales inequívocas en dirección hacia el banquillo confirmando que no podía seguir sobre el pasto después de sentir un pinchazo en el muslo posterior de su pierna derecha. En ese instante de la secuencia de la confrontación las huestes de Juan Ignacio se encontraban en desventaja en el marcador como secuela del madrugador gol de Hemed. El escenario ni era el más halagüeño, ni parecía el más idóneo para alcanzar retos de mayor envergadura. El Levante no encontraba los mecanismos oportunos para acercarse a los dominios de Aouate. Al grupo azulgrana le faltaba fútbol en las zonas más determinantes del pasto. Parecía que estaba más cerca el segundo gol del Mallorca que la diana que estableciera la igualada. Anclado en los cuarenta puntos, la calculadora jugaba un papel decisivo. Hasta que apareció Acquafresca en el segundo palo de la meta balear para embocar un balón que había colgado desde el perfil derecho del ataque foráneo Pedro López. El esférico se paseó por las cercanías del gol sin que ningún defensor local fuera capaz de alejar el peligro. El italiano cabeceó suavemente ante la mirada perdida de Aouate.

Su rostro reflejaba la tensión y la ansiedad de un colectivo que necesitaba conjugar con la victoria para aferrarse a la vida que marca la Primera División. En cierto modo, el duelo examinaba a dos escuadras acuciadas por los problemas en los últimos tiempos. La lucha devoradora por la supervivencia extrema contra una escuadra que ha sufrido una semana devastadora. Es evidente que la psique de los futbolistas no era la más adecuada para afrontar una cita capital. Y ese aspecto se materializó en diferentes lances de la confrontación. El miedo, la zozobra o la angustia presidía el encuentro. El Levante palideció en los primeros minutos pese al brillo del sol que inundaba el coliseo mallorquinista. El gol de Hemed acentuó esa tendencia. El vértigo se apoderó del once azulgrana, de verde en la instalación balear. El Levante sufrió los embates del Mallorca sin encontrar respuestas para mesurar este dominio. Manzano partió con un equipo desplegado en torno a las alas.

Giovani y Nsue eran los encargados de rasgar el entramado defensivo granota desde los costados. La apuesta bermellona ofreció los réditos esperados. La diana en los albores de la cita confirmó el nacimiento de un duelo desigual. El Levante parecía un equipo desconectado entre sí. Las distancias interlineales eran abismales. Y la medular una zona en barbecho. Acercarse a los dominios de Aouate parecía una auténtica heroicidad. La lesión de Barkero es en realidad la metáfora del sufrimiento de un vestuario sometido a una dura prueba. El mediapunta se lesionó en una acción fortuita. Nadie le tocó, si bien coleccionó varias entradas muy duras antes de retirarse con molestías musculares. No obstante, al Levante le queda una exigua reserva de fe y de coraje para alzarse. Y tuvo que hacer uso de ella para regresar a un duelo que parecía condenado. La salida de Barkero paradojicamente comenzó a mudar el signo del partido. La escuadra granota fue creciendo paulatinamente.

El equipo aumentó la tensión y la intensidad. Y no parecía sencillo después de los acontecimientos surgidos. Pedro Ríos lanzó una advertencia con un  centro envenenado que rechazó de puños Aouate. La acción sirvió para hacer recapacitar al once de Juan Ignacio y provocar un rearme de moral. La primera premisa era tocar con sentido y buscar las esquinas del campo para desde ese espacio lanzarse sobre el arquero balear.  Esta operación contó con un segundo capítulo. Pedro López progresó por el carril derecho. Su centro lo finalizó Acquafresca sin más presencia que su propia figura. La génesis y conclusión de la jugada retrata al Mallorca, un bloque demasiado endeble en una zona del campo que se caracteriza por la consistencia y define a Acquafresca como un goleador capaz de reconvertir en gol jun balón que debía ser trivial para la zaga local. El gol liberó a un Levante que parecía condenado al purgatorio. Y mantuvo esa energía para acorazar la portería defendida por Keylor en la reanudación, pese a los intentos desesperados de Giovani. No especuló un Levante al que le faltó claridad para enhebrar algunas de las diferentes salidas letales desde atrás, principalmente cuando el partido languidecía.