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Primer equipo
El Levante refuerza su autoestima en Valladolid (1-1)
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El Levante reforzó notablemente su autoestima como colectivo y acorta las distancias con ese objetivo establecido tan supremo como mayestático como es la supervivencia en el marco de la Primera División. Lo hizo posicionado sobre el verde del Estadio José Zorrilla de Valladolid ante la escuadra que prepara un viejo conocido del entorno azulgrana como es Juan Ignacio Martínez. La igualada aprisionada le mantiene anclado a la zona media-alta de la clasificación a una distancia importante de la zona más pantanosa. El Levante fue totalmente fiel a su destino y sus credenciales como grupo. En ese sentido, es un equipo fiable que trata de poner en práctica el guion que con más sabiduría sabe interpretar sobre el campo. No hay fuegos de artificio en el fútbol que predica, pero es sumamente pragmático en sus movimientos y en las decisiones adoptadas. Es un bloque empírico y lo demuestra con hechos en cada una de sus participaciones en el ecosistema de la competición liguera. Acorazó su perímetro defensivo defendiendo cada palmo del terreno de juego con la fe y el ardor mostrado por un guerrero converso y se enganchó a las botas afiladas de Ivanschitz para encontrar la ruta sedosa del gol. El austriaco tocó con calidad desde la estrategia sobre la entrada de Casadesús.

El Levante no engaña a nadie. Su fútbol no es delicado. Ni fino. Y e ocasiones sus argumentos pueden tildarse de primarios, pero hay dos aspectos superlativos que habría que acentuar; una vez posicionado sobre el verde es capaz de convertir la geografía del terreno de juego en un campo minado para sus adversarios. Y en segundo lugar; maximiza y exprime sus recursos. Es decir, lo que sabe hacer lo hace muy bien. El hecho redunda en el trabajo que está efectuando Joaquín Caparrós y su cuerpo técnico. El Levante es un equipo reconocible aunque para sus oponentes se convierta en un jeroglífico de difícil resolución. Durante la práctica totalidad del primer acto el Real Valladolid luchó contras sus propias sombras. No había luz en su juego. El conjunto azulgrana retomó la imagen vertida en Anoeta hace dos semanas. Podía cotejarse el once de Zorrilla y compararse al que emergió en el coliseo realista. No había variaciones. Tampoco hubo modificaciones conceptuales.

El Levante marcó la raya con dos líneas muy juntas dispuestas sobre la meta de Keylor y esperó con paciencia a que el Real Valladolid fuera cayendo en la trampa entretejida. Y la dinámica siguió su curso. El equipo local no encontraba los espacios sobre los que lanzarse sobre la meta del arquero Tico. Navas vivió una de las citas más plácidas de los últimos tiempos. Y el cancerbero acumulada adjetivos y calificativos en cada una de sus apariciones. El Real Valladolid se estrechó sobre el cerco granota. La tela de araña entretejida absorbió totalmente su juego. No hubo metafísica en las botas de los jugadores locales, ni ningún atisbo de verticalidad en su juego. Prevaleció la horizontalidad y la falta de profundidad y de imaginación para situar al once de Caparrós al borde del abismo. Y el infierno se materializó en el ecuador del primer acto. Ivanschitz se asoció con Casadesús.

Se trata de una acción con infinidad de capítulos. Tensa la pierna el atacante austriaco y remacha algún compañero, en ese caso Casadesús llegando desde atrás como un tren expreso. El partido estaba en el punto de cocción adecuado. El gol, además, desnortó al Real Valladolid. No obstante, en las filas del bloque de Pucela brilla Javi Guerra. El atacante extrajo una diana redentora de la nada. No había excesivas señales del Valladolid cuando surgió el genio del atacante para rematar sin apenas fuerza. El balón hizo un extraño y se coló en la meta de Keylor Navas. Los detalles, por nimios e insignificantes que sean, pueden variar el escenario del duelo. Parecía que el Valladolid lograba desprenderse del corsé que le había oprimido con anterioridad. El partido se desbocada y el Valladolid suspiraba. Se encontraba más a gusto en ese ambiente. Rama condujo las acciones de mayor peligrosidad por el espacio izquierdo del campo, pero el Levante entre sus pertenencias tiene la capacidad de cerrar las filas y juguetear con el sentido del duelo. Caparrós optó por la introducción de más efectivos en la medular con el estreno de Sissoko. Su intención era ejercer un efecto de refrigeración del partido para atrapar un punto que tienen un enorme significado.