
Rugía la grada de Orriols como si tratara de transmitir el aliento y la fuerza que los jugadores iban perdiendo para aquilatar una victoria notable que conlleva entre sus diferentes componentes un elevado contenido psicológico. Eran los minutos finales del duelo entre el Levante y el Rayo y la escuadra rojiblanca intentaba arrinconar al propietario del feudo granota con la intención de enjugar un marcador tremendamente ajustada. Y por el cielo ennegrecido del Ciutat de València pasó perfilada la película de las postreras confrontaciones disputadas por el bloque de Rubi. Los epílogos habían sido terroríficamente terribles para los intereses del colectivo azulgrana. Y el miedo se apoderó de los seguidores locales. Su expresión se hizo patente. Podía sentirse. Es un sentimiento que parece lícito percibirlo cuando ansías con anhelo conquistar un hecho, en este caso conjugar con una victoria ante un igual de semejante condición en los márgenes de la clasificación general en la Liga BBVA que te permite sacar la cabeza y respirar. La incertidumbre surgió en su máxima expresión tras la diana alcanzada por Pablo Hernández. Todavía se percibían las voces encendidas provocadas por el gol de Morales, superado el minuto ochenta, que parecía cerrar el partido y confirmar los efectos de la diana que, con anterioridad, había rubricado Deyverson. No obstante, la consumación del drama que se desarrolló en el Ciutat en dos actos no provocó sobresaltos inesperados de última hora. Hay un rayo de esperanza.

Si vienes conmigo no tendrás un camino allanado parece decir el Levante a sus fieles aficionados. Quizás sea un mantra que acompaña al levantinismo o quizás una simple percepción en la jornada que supuso el estreno de Cuero que dejó detalles de una exuberante velocidad que acompañó con destellos de calidad. Lo cierto es que la victoria deja aspectos que posiblemente haya que acentuar por encima de valores matemáticos. Fue el triunfo de la fe de un grupo que sigue creyendo en sus posibilidades y fue un rearme de moral colectivo. Y desde la generalidad hasta las particularidades. Es innegable el valor del gol del atacante brasileño que sirvió para descodificar un duelo aristado en un momento complicado y es incuestionable, a la vez, el contenido terapéutico que tendrá sobre su conciencia y la de Morales. Los atacantes volvieron a converger con el gol. Y ya se sabe el enorme significado que conlleva. El expediente anotador del Levante había encallado en las últimas semanas hasta cotizar muy a la baja.

Es quizás una de las principales noticias que deja una confrontación que se alejó de la estética para acentuar otros aspectos como la raza, la decisión o el ímpetu. Quizás la manifestación de esos componentes convergió en la fábrica de la acción que supuso el regreso al gol de Deyverson. Camarasa conectó con Toño en la zona intermedia del verde. El lateral zurdo no se contuvo. Tampoco se amilanó con el balón. Convirtió sus piernas en dos potentes turbinas a propulsión y se lanzó en busca de la línea de fondo. En este caso, aunó la precisión en el servicio con el talento. Su centro al corazón del área del equipo madrileño concluyó con una ortodoxa volea del brasileño que ya no pudo contener Yoel. Deyverson borraba de su mente las secuelas negativas del contragolpe que había dilapidado minutos antes. Su frenética carrera finalizó con un ajustado disparo que marchó desviado.

El partido había cambiado en ese instante. Rubi buscó más atrevimiento incluyendo sobre el rectángulo de juego a Deyverson por Simao en el nacimiento del segundo tiempo. En ese sentido, el primer capítulo de la cita se caracterizó por la excesiva prevención entre dos rivales que llegaron al duelo en una situación muy delicada. La precipitación se imponía y la ansiedad ante el valor de los puntos emergía. En cierto modo, el empate penalizaba prácticamente por igual a los dos contendientes. El Rayo fue fiel a su metodología aunque su innata vocación ofensiva fue frenada desde el orden defensivo propuesto por el grupo de Rubi. Cuando el partido atravesaba por una dimensión complicada, superado el minuto setenta, apareció Deyverson. Morales no se contuvo en una contra que culminó con desparpajo y agudeza. Sin embargo, Pablo Hernández generó un instante de desasosiego que dio paso a un momento posterior de júbilo.
Levante UD:
Rayo Vallecano:
Árbitro: Melero López. Amonestó a Sima, Verza, Feddal, Deyverson, Xumetra y Javi Guerra.
Goles: 1-0. M. 71 Deyverson. 2-0. M. 81 Morales. 2-1. M. 83 Pablo Hérnández.