Hay jugadas que si bien no marcan el relato del partido en riguroso presente, si que sirven para preludiar el destino de la confrontación. Sucedió en el duelo entre el Levante y el Real Sporting en la primera aproximación de la escuadra azulgrana sobre el perímetro defensivo defendido por Juan Pablo. La acción se produjo nada más iniciarse la trama de la confrontación. El balón fue recorriendo distintos espacios de la geografía del terreno de juego azulgrana hasta llegar al costado zurdo del ataque local. En ese instante adquirió velocidad y un punto adicional de vértigo. Por detrás surgió la figura de Asier Del Horno que se incorporaba como una flecha convertido en un punzante extremo. El lateral pisó con convicción el área de la entidad sportinguista, oteó el horizonte y trazó un centro que no llegó al punto imaginado en la cabeza del vasco. La jugada concluyó con la consecución del primer córner, pero aventuró el espíritu cortante y el estilo que iba a proponer el Levante.
Desde ese prisma, fue un equipo poliédrico en los argumentos que mostró para atacar al partido y minimizar al adversario que se posicionaba enfrente. La escuadra de Juan Ignacio Martínez ofreció una versión enriquecedora. No parecía excesivamente turbado por los últimos resultados obtenidos en la competición a tenor del estado anímico que exhibió ante el conjunto rojiblanco que prepara Manuel Preciado. El Levante escogió diversos caminos para situarse en la antesala del gol. El hecho acentúa la contundencia y el valor del trabajo que está desarrollando el técnico alicantino y la versatilidad en función de los recursos mostrados. El Levante fue vertiginoso y desbocado cuando los laterales apelan a esa capacidad de sorpresa que acompañan a sus razzias desde puntos menos comprometidos. Lacerado e hiriente cuando Valdo y Juanlu entraban en efervescencia. Y determinante y taxativo con Barkero y Koné rondando por las cercanías del gol.
Barkero volvió a dibujar soluciones y pases que únicamente su fecunda mente pueden diseñar. Es unjugador diferencial situado entre líneas. Sabe esconderse para surgir e imponer su voluntad. Y sin embargo, el equipo también fue capaz de mesurar sus movimientos y elaborar con pausa e intención partiendo desde el doble pivote anclado en el medio del campo. Xavi Torres y Farinós complementaron sus fuerzas. Farinós evidenció una absoluta capacidad para proponer por la perifería con continuos y acertados cambios de orientación. Farinós marcó el tempo del partido acelerando o atenuando el ritmo según conveniencia y exigencias del guión. El mediocentro dejó en la retina del partido un pase matemático sobre la carrera de Kone que supuso el prólogo del tercer gol que cerró casi definitivamente la evolución del enfrentamiento.
En cierto modo, el Levante se reencontró consigo mismo desde que emergió al campo desde el túnel de vestuarios. Los primeros treinta minutos fueron realmente exquisitos. Su puesta en excesa fue pulcra y detallada, un ejemplo de compromiso y responsabilidad. La actitud y el conmovedor sentido colectivo impreso parecían rememorar la imagen retadora de semanas anteriores. El bloque volvió a funcionar interrelacionando sus movimientos. El Levante impuso un ritmo y una intensidad muy elevada. Cada posesión y cada lucha por la conquista del balón merecían un esfuerzo supremo. Koné capitalizó ese ideal. El atacante pilló desprevenido a Canella y fabricó el origen del gol de Barkero. Era la diana doscientos cincuenta en el umbral de la máxima categoría. Barkero fue el autor de facto aunque Koné diseñó la totalidad de la acción. El costamarfileño se cosió el balón a su pie y únicamente decidió desprenderse del mismo cuando observó por la mirilla que Barkero tenía la meta de Juan Pablo totalmente abierta.
El gol no amilanó al Sporting. Los equipos de Preciado presentan esa genética. Nunca claudican. Y son capaces de revolverse en el peor de los escenarios y cuando todo parece ponerse en su contra. Andre y Barral atemperaron a la grada. No obstante, el Levante mostró toda su fiereza y voluntad anotadora en el despertar de la segunda fase. El Sporting se lanzó en busca del empate posibilitando el contragolpe granota, letal en este tipo de situaciones.
El Levante se encuentra cómodo en este medio cuando los partidos son de ida y vuelta. Es terroríficamente sólido atrás y sale al arrebato en cuanto conecta con el cuero. Los golpes de la escuadra azulgrana fueron directos al mentón. En ese sentido, el colectivo rojiblanco firmó su sentencia. Juanlu remachó en una contra saliendo con una facilidad pasmosa desde la medular. Farinós invitó a Koné a aumentar las distancias con un soberbio servicio en profundidad que el atacante no desperdició en un alarde de potencia y calidad en la definición. Y el propio Koné anotó el cuarto en un gol que define a los delanteros de área.
Levante UD - 4: Munúa; Venta, Ballesteros, Nano (Pedro López, m. 77), Del Horno; Valdo, Xavi Torres, Farinós, Juanlu; Barkero (Aranda, m. 72) y Koné (Rubén, m. 70). No utilizados: Navas, Iborra, Juanfran y El Zhar.
Sporting - 0: Juan Pablo; Lora, Botía, I. Hernández, Canella (Damián, m. 46); Trejo, Nacho Cases, Rivera (Nacho Novo, m. 55), De las Cuevas; André y Barral (Sangoy, m. 55). No utilizados: Cuéllar, Carmelo, Eguren, Gregory.
Goles: 1-0. M. 19. Barkero, a pase de Koné. 2-0. M. 46. Juanlu, tras jugada individual. 3-0. M. 51. Koné, tras regatear a Juan Pablo. 4-0. M. 61. Koné aprovecha un rechazo del larguero.
Árbitro: Paradas Romero. Amonestó a Botía, Juanlu, Venta, Nacho Novo y Barkero.