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Primer equipo
El Levante sucumbe ante el poderío del Barcelona
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Quizás el reflejo del Levante en el Camp Nou acentúe el diseño y la versión mostrada durante los primeros treinta y cinco minutos de la confrontación ante un F.C. Barcelona que parece dispuesto a devorar sin contemplaciones a cada uno de lo rivales con los que se mide desde que cayera en Anoeta en los albores del pasado mes de enero. El discurso granota quizás se convierta en el punto de partida para futuras comparecencias en el marco de la Liga ahora que la competición vuelve a empinarse y al grupo que prepara Lucas Alcaraz le espera, de manera sucesiva en el tiempo, el Granada, Rayo Vallecano y Eibar en la lucha por la supervivencia en la elite antes de otro desafío de similares características al actual en el Santiago Bernabéu. Su proposición no le sirvió en el coliseo blaugrana, pero puede ejercer de arquetipo para futuras representaciones. La vida en tres partidos. Quizás haya que agarrarse a la imagen combativa mostrada en el nacimiento de la cita en tierras catalanas para hacerla extensiva a los futuros combates en los que el precio de los puntos dimensiona su valor. El Levante resistió al nacimiento de la confrontación. Se mostró compacto y ordenado, con tres líneas perfectamente trazadas sobre el verde, y no esquivó la posibilidad de proyectarse con destino hacia la meta resguardada por Claudio Bravo.

El orden era manifiesto en un intento por estrechar cualquier milímetro del rectángulo de juego. No conviene dejar pensar a un grupo diabólico capitalizado por Messi y Neymar. Su entente es manifiesta y cruel para sus adversarios. Cualquier resquicio se convierte en un boquete por el que lanzarse en tumba abierta. El fútbol culé gravita en torno a Messi y a Neymar; desde todas las posiciones de la retaguardia puesto que sus manifestaciones con el balón en los pies resultan poliédricas. Y la asociación de sus caracteres puede ser letal. Y puede servir como ejemplo de esta tendencia la evolución y desarrollo del choque en el Camp Nou. No obstante, hasta el gol de Neymar y la diana inicial de Messi hubo vida, desde una perspectiva granota, en una confrontación de factura dispar y de traza desigual por cuestiones más que obvias y evidentes.

El Levante emergió concentrado y dispuesto a lustrar sus armas. Parecía que conocía el sentido de la cita. Había que estar replegado y mantener una notable distancia con respecto a la meta de Mariño para evitar tentaciones lujuriosas por parte de un oponente trufado de cualidades y sobre todo para evitar tener que recorrer setenta metros hasta las cercanías de Bravo. La otra parte del guion advertía de la posibilidad de lanzarse con velocidad hacia el extremo contrario del campo. Xumetra interpretó esa teoría con éxito. Escorado por el perfil derecho del ataque levantinista fue capaz de marcharse de Mascherano y Bartra para conectar con Barral. El atacante andaluz probó fortuna desde el vértice del área aunque su disparo se marchó por encima del arco local. El Levante caminaba con altivez por el partido. Se sentía seguro en la interpretación de su papel. Y el gol de Neymar, pese a su impacto no le desnortó. Uche probó desde la media distancia y Barral volvió a golpear el cuero en una nueva llegada. En esa fase el Levante lanzó cuatro saques de esquina. La marca corrobora la identidad que adquiría en la cita.

No obstante, el poder del F.C. Barcelona es ilimitado como el mando que ejercían los reyes de la edad moderna en el marco de las Monarquías Absolutas. Y su fútbol es muy difícil de pronosticar y de sospechar. Messi y Neymar atestiguan esta inercia. Pueden expresarse con convicción como puntas natos, alojados desde el carril del diez o después de ladearse hacia los costados en busca de nuevas aventuras. Son indetectables en todos los sentidos. Lo cierto es que la diana de Messi tras un error en la salida granota desde atrás rasgó en mil pedazos la confrontación. Bartrá presionó con acierto y la Pulga ejecutó con habilidad ante Mariño. Y la herida ya no dejó de supurar tras una nueva diana de Messi después de un pase malabar de Pedro. El partido estaba ya maldito para los intereses del Levante. Messi volvió a anotar desde los once metros y Luis Suárez cerró la cuenta para aumentar hasta once el número de partidos sucesivos marcados por el triunfo.