La imagen es realmente evocadora y algo trasgresora. La arena de la Playa de Levante, ubicada enfrente del Balneario de La Arenas, recoge una estampa insólita. Dos equipos compuestos por once jugadores luchan entre sí con ímpetu y con una emoción indisimulada por el dominio de un balón redondo. La pelota se desplaza principalmente con los pies y, en menor medida, con la cabeza. Queda terminantemente prohibido el uso de las manos y codos, con la excepción del guardameta que resguarda una improvisada portería con dos palos y una cuerda que cruza de lado a lado. El Mar Mediterráneo envuelve a la instantánea y su brisa se impregna en los cuerpos de estos equipiers. Hay que iniciar un profundo viaje en el tiempo para contextualizar esa fotografía que sorprende a los transeúntes.
| El fútbol penetró en la capital por el litoral para expandirse por la mayoría de sus barrios. |
Regresamos a la Valencia de los primeros años del siglo XX, una ciudad, con algo más de 200.000 habitantes, que ansía la modernidad, y esa práctica, sorprendente y desconocida para la mayoría de los valencianos, se denomina foot-ball, siguiendo la terminología inglesa que impera en la disciplina. Es incuestionable que el fútbol penetró en la capital por el litoral para expandirse por la mayoría de sus barrios.
En realidad no era un fenómeno nuevo en aquel momento. La mayoría de las ciudades portuarias evidencian este tipo de prácticas deportivas. Y Valencia no fue una excepción. El Puerto se convierte en el epicentro de una acción eminentemente comercial. Es un punto neurálgico desde una perspectiva socioeconómica. Hay un flujo constante de mercancías. Los barcos fruteros partían rumbo a Inglaterra o Alemania. Y no hay que desdeñar la labor de profesionales ingleses que llegaron a Valencia para detentar la representación de casas exportadoras de frutas, de origen inglés, situadas en territorio valenciano. Las playas de la ciudad sirvieron de acomodo a estos enloquecidos futbolistas que trajeron una costumbre extraña. No obstante, el fútbol germinó con celeridad. En ese fútbol en proceso de vertebración, la prensa local recoge infinidad de partidos entre la representación valenciana y los equipos de las embarcaciones extranjeras.
La mecha prendió en Los Poblados Marítimos. En 1907 nació el Cabañal. El Levante pasó por el registro de sociedades en septiembre de 1909, si bien es posible rastrear sus movimientos desde diciembre de 1908, como refleja Levante El Mercantil Valenciano. La primera secuencia futbolística está constituida. La lucha de pareceres antitéticos sobre el campo estaba establecida. Todos esos equipos contenderán en las dos primeras décadas del siglo XX por la primacía del balompié capitalino. Y durante los años veinte y treinta el Gimnástico, Valencia y Levante anclarán definitivamente a la disciplina en el imaginario de los valencianos. Han trascurrido algo más de cien años desde las manifestaciones inaugurales de esta práctica deportiva y la imagen del Levante perdura sobre el paso de las hojas del calendario.
Su figura es efervescente. Instalado en el marco de la Primera División, la escuadra levantinista cuenta con un elevado contingente de valencianos entre sus filas. Juanfran, Pallardó, David Navarro, Héctor Rodas, Rubén y Pedro López, comparten su condición de valencianos, tal y como acreditan sus respectivas documentaciones. Los cuatro primeros inclusive ostentan la capitanía. El gen valenciano está muy presente en la institución en los últimos tiempos. Es un aspecto que singulariza la filosofía adoptada y defendida por la entidad. El hecho en sí no es secundario. Y quizás profundice en aspectos que transcienden a los componentes meramente deportivos para superarlos. En ese sentido, habría que introducirse en otros campos como, quizás, el de la psicología, en lo que afecta al proceso de cohesión social. Es innegable el ascendente y los lazos de afectividad que establece sobre el imaginario de la masa social azulgrana. Máxime en una jornada tan simbólica como la del día de hoy. El equipo de los valencianos felicita a todos los valencianos en la festividad del nueve de octubre.
