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Primer equipo
Cuando el Pistolero fue Casadesús
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Con el Pistolero fuera de la batalla ante el Elche, por mor de la sanción que pendía sobre su cabeza, el Pistolero en realidad fue Víctor Casadesús. Y no se trata de un juego malabar con las palabras como principal protagonista. El atacante balear se despojó del chándal para emerger sobre el césped del Ciutat con una clara misión que fluctuaba por el interior de su cabeza; había que mudar el sentido de un partido que no parecía pertenecer a la escuadra azulgrana. El principio de autoridad del Levante en calidad de local, innegociable desde el nacimiento de la competición liguera, parecía totalmente en entredicho cuando los jugadores de las dos escuadras en lucha se dirigían hacia el interior del vestuario. El Levante estaba anestesiado. El Elche, henchido de orgullo después de retar y de difuminar al líder en su hábitat más cercano e íntimo. Las brumas se manifestaban con claridad en los rostros de sus futbolistas. En cualquier caso, Casadesús parece habituado a este tipo de actuaciones a caballo entre la heroicidad y el calado. Lideró la victoria ante el Córdoba hace un par de semanas en el mismo escenario y capitalizó en primera persona la remontada ante un Elche al que quizás le faltó algo más de energía para afrontar el tramo definitivo de una confrontación que se le hizo extensa en el tiempo.

Los partidos en el Ciutat son largos y muy profundos y la complicidad que destila el bloque azulgrana notable. El brío y el esfuerzo nunca se debaten. El Levante es refractario al abatimiento. Es un aspecto que caracteriza y singulariza sus movimientos durante un ejercicio de recorrido excelso. Es una señal y una huella. Al rescate del bloque azulgrana salió con brillantez y decisión Casadesús, pero habría que incluir en la nomina de los futbolistas de espíritu indómito a Paco Montañés. Muñiz decidió sacudir el banquillo a la misma conclusión del primer capítulo. Su equipo había perdió la brújula del duelo. Apenas si había pistas rotundas del Levante en esa fase del juego. El Elche convirtió la superficie del Ciutat de València en un espacio repleto de obstáculos. Las trabas dispuestas por un bloque de alma gremial atenazaron a un Levante en luna decreciente que se sintió vulnerable desde el primer minuto. El apocalipsis pareció cernirse sobre Orriols. Nino alcanzó un balón cruzado que planeó sobre el cielo de Orriols aventurando una tempestad.

El atacante encontró una rendija y se coló hasta plantarse en las inmediaciones de Raúl. Únicamente el balón se interponía entre ambos. Era un duelo desigual ante y contra el gol. El arquero exhibió reflejos de felino para guardar su marco en un intento por contrarrestar un disparo efectuado a quemarropa. No obstante, el rechace cayó a los pies del veterano atacante. Y no erró ante la desesperación del cancerbero vasco. Parece una maldición que se repite de manera constante cuando el ex jugador azulgrana surge por la faz del verde defendiendo una camiseta que no es la blaugrana. Sus sentidos se afilan. Su mirada se vuelve tumultuosa. Y sus botas resultan lacerantes. Nino adquiere la condición de bestia negra. El eterno atacante apareció puntual a su cita con el gol con el Levante como adversario.

Sucedió en su etapa en Osasuna. Y en el Ciutat volvió a reeditar un nuevo capítulo de esta maldita entente. El choque nació bajo el signo de la condena. Fue una bofetada en la mejilla granota; un golpe contundente y de consideración que dejó cerca del K.O a la sociedad de Muñiz. El Elche se proyectó con destreza desde las botas cartesianas de Hervías. El Levante no lograba hilvanar su juego. El balón era propiedad privada de su oponente. Y el partido se convirtió en una terrible pesadilla. Solo Lerma sacó al Levante del estado de aturdimiento general que le oprimía con un sobresaliente disparo que exigió al cancerbero franjiverde. Y las únicas noticias esperanzadoras procedían desde la banda derecha con las apariciones de Iván. No hay que desdeñar el valor de la maniobra realizada por Muñiz a la finalización del capítulo inicial.

La valentía caracteriza las decisiones del preparador. No suele tener inconveniente en girar su mirada hacia el banquillo para buscar soluciones. El Levante cambió su semblante. Casadesús y Montañés le dieron más energía. Casadesús asumió galones desde los once metros. Erró de inicio, pero enmendó acariciando el cuero con su pierna izquierda. El Levante adquirió más aplomo y consistencia, aunque el partido se debatía entre la incertidumbre y el desasosiego. Campaña rozó el gol desde la estrategia. Iriondo paralizó el Ciutat con un disparo envenenado que chocó con la red por la parte externa, pero fue Juan Muñoz quien se encargó de elevar y de dimensionar el voltaje del encuentro tras engañar a Juan Carlos en una pena máxima cometida sobre Casadesús.


Levante UD: Raúl Fernández, Iván López, Rober, Postigo, Toño, Natxo Insa (Montañés, m.46), Lerma, Campaña (Verza, m.92), Jason, Rubén García (Casadesús, m.46) y Juan Muñoz.

Elche CF: Juan Carlos, Luis Pérez, Pelegrín, Túñez, Iriondo, Fabián Ruiz (Álex Fernández, m.75), Dorca, Pelayo (Liberto Beltrán, m.84), Borja Valle, Hervías (Pedro, m.65) y Nino.

Árbitro: Arias López (colegio cántabro). Amonestó por el Levante a Toño, Campaña y Casadesús, y por el Elche a Dorca, Nino e Iriondo.

Goles: 0-1, m.2: Nino. 1-1, m.53: Casadesús. 2-1, m.87: Juan Muñoz, de penalti.