Eran las 16:37 del domingo 15 de septiembre de 1963, si seguimos con fidelidad la crónica emitida por el Mundo Deportivo, cuando Wanderley entraba en contacto con el balón. Era un acto puramente rutinario y mecánico que ponía en marcha el partido que enfrentaba al Levante y al Espanyol de Barcelona, por entonces Español, en el coqueto feudo de Sarrià. No obstante, no era un partido más. Era el encuentro por excelencia para las huestes y estamentos azulgranas. El toque sutil y evanescente de Wanderley hacia atrás en busca de los compañeros diseminados por el círculo central se convertía en el acta que inauguraba la secuencia del Levante como miembro de la Primera División. Hoy se cumplen cuarenta y siete años de aquel acontecimiento.
Coincidencias del destino, el Levante defiende en tiempo presente un rol similar al que detentó aquella tarde de ilusiones y esperanzas en el desaparecido feudo españolista. La efervescencia mostrada por el bloque azulgrana, una de las claves del ascenso según testimonio de sus propios protagonistas, se materializó desde los minutos iniciales sobre el césped de la instalación del Español. Ni el hechizo que provocaba Kubala, quintaesencia del fútbol contemporáneo aunque en declive en su estreno como españolista, derretía los ánimos y la robustez de un grupo joven con un hambre feroz de fútbol. Nadie esperaba al Levante en aquel compromiso que estrenaba el curso 1963-1964.
Parecía un partido de desenlace funcionarial para el Español. Un advenedizo desnudo y despojado de pedigrí, que no opondría una resistencia titánica, se presentaba en Sarrià. Desde esa perspectiva, parecía un duelo focalizado claramente en dirección hacia el conjunto blanquiazul. En la previa del duelo los medios de comunicación catalanes resaltaban esta condición y basaban sus argumentaciones en la imagen insulsa vertida en los encuentros de la pretemporada. Sin embargo, la raíz de ese pensamiento cambió de inmediato. Wanderley quebró a la defensa local y sirvió en bandeja de plata para el gol de Domínguez. Era el minuto veintiocho. Vall silenció a Sarrià sin solución de continuidad.
El Español navegaba por el infierno, pero encontró una rendija por la que escapar. Kubala asumió galones en el día de su debut y aprovechó un rechace en corto de Estrems para marcar. Mercadé restauró la igualada de antaño antes de finalizar el primer acto. Era un partido de aperturas. El balón marchaba de orilla a orilla del campo silbando por el cielo azul siempre posicionado en las inmediaciones de la meta contraria. Ese aspecto resalta dos condicionantes que se oponían. La grada se divertía con el ejercicio tan agudo de finalización mientras que los entrenadores recelaban por la supuesta endeblez de la retaguardia. La tónica del enfrentamiento no varió en la reanudación.
Lluvia de goles sobre el coliseo catalán. Mercadé y Boy parecían confirmar los pronósticos anteriores sobre los roles. Sin embargo, el Levante contestó con una violenta contundencia. Entre claudicar y morir de pie escogió la segunda opción. Nadie se descompuso. El equipo propuso razonamientos sobre el campo. Y una velocidad endiablada como destacan las crónicas. La desfachatez del colectivo y su tenacidad se materializaron en el declinar de la cita. Camarasa cruzó todo el campo con fe y determinación para añadir un plus de picante. Vall hizo el resto alentando la leyenda del cuatro a cuatro que acompañó al Levante en su estreno en Primera División.
Alineaciones partido entre Español y Levante:
Español: Piris, Riera, Bartolí, Muñoz, Santos, Lavernia, Tejada, Boy, Kubala, Iznata y Mercadé.
Levante: Estrems, Pedreño, Alustiza, Calpe, Vidal, Camarasa, Vall, Domínguez, Wanderley, Julia y Serafín.