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Primer equipo
Golpe al atardecer
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El Levante confía en dar un golpe contundente al atardecer que sirva de gozne sobre el que girar el ritmo y el destino que le depara un arranque de la competición liguera, en el marco de la Primera División, demasiado devastador tras los efectos excesivamente huracanados de los compromisos ante el Sevilla y Getafe. El golpe aludido significa neutralizar a las huestes del Villarreal sobre el césped del Estadio Ciudad de Valencia y conseguir el grado de autoestima necesario para recomponer la psique de un grupo que necesita avituallamiento y vitaminas ante el grado de dificultad que significa formar parte del universo de la máxima categoría del balompié.

Es lo que tiene militar de facto en Primera División. Cada confrontación parece más compleja que la anterior. Y cada reto surge como un desafío de un tamaño mayor. No se avistan partidos desprovistos de sustancia en una secuencia letal y terrorífica. En cierto modo, el Levante ya ha visto este partido con anterioridad. Es el efecto déjà vu sobre el coliseo del barrio de Orriols. El contenido es similar a las confrontaciones anteriores. Un adversario resplandeciente que acepta el enfrentamiento con la ventaja adicional que supone alcanzar un grado de cohesión y una volumetría superior al cuerpo que presenta el Levante. Las huestes de Luis García, como aconteció ante el Sevilla y Getafe, volverán a contender contra un oponente inscrito en las competiciones que se disputan en la Vieja Europa en tiempo presente que parece sacarle varios cuerpos.

Ese enunciado conlleva valores adicionales. Hay uno incuestionable; cuando los pupilos de Garrido se calzaron las botas para iniciar el reencuentro en el período estival, el Levante todavía tenía muy reciente los ecos del mítico ascenso conquistado hacia finales de junio. Desde esa perspectiva, hay una batalla desigual entre un equipo en proceso de construcción y otro que ha adelantado los plazos establecidos para acelerar su ritmo y puesta a punto en función de los acontecimientos y sus prioridades. Quizás la dificultad suprema a la que se enfrenta el actual Levante no sea en exclusiva el ascendente del contrincante. Ni el componente histórico que convierte al Villarreal en un monstruo de tres cabezas cada vez que acude al Ciudad de Valencia en Primera División.

Ni el orden establecido en la última década., en función de las prestaciones y logros obtenidos por cada uno sobre el campo, que aleja a los rivales. El Levante tendrá que borrar de su imaginario los acontecimientos más inmediatos surgidos en las confrontaciones anteriores si quiere sobrevivir. De nada sirve alimentar los recuerdos postreros. Habrá que saltar al césped con la mente en blanco en busca de las cualidades y esencias que hicieron, en un pasado muy cercano, de este grupo un bloque pétreo y homogéneo harto complicado de superar. Poder, convicción y agresividad para restaurar perfiles olvidados. Quizás la diferencia está en la psique y en el sugestivo poder de la mente. El Levante es un miembro más de la Primera División. Lo dicen los hechos. La conciencia de los futbolistas azulgranas debe girar en torno a ese postulado. Si se convencen del universo que ocupan podrán encontrar las respuestas que buscan.